¿Es acá? La pregunta se repite en boca de una buena parte de las 250 personas que todos los fines de semana se acercan a la intersección de Querandíes y Pringles para presenciar alguna (o varias) de las propuestas teatrales que allí se presentan. Esa esquina del barrio de Almagro, poco transitada en la semana, recibe los fines de semana a un público mayoritariamente joven que se acerca a vivir la inusual experiencia de ver una obra de teatro en una fábrica de aluminio que durante el día está en funcionamiento. Sin prisa pero sin pausa y gracias a la intensa actividad que se desarrolla todos los fines de semana, IMPA se está convirtiendo en un nuevo punto teatral de la Ciudad de Buenos Aires, contiguo geográficamente al polo conformado por los mas de 20 teatros que se reparten por las calles del Abasto, pero con características que lo hacen un lugar único.
La singularidad más saliente de IMPA es que se trata de una fábrica recuperada por sus trabajadores en el año 1998 y que desde ese momento ha resistido varios intentos de desalojo y embates del poder político. A partir de la recuperación, se puede decir que las y los trabajadores de IMPA y del conjunto de las fábricas sin patrón han inventado otras fábricas y ellos también son hoy otras/os trabajadores, que han desarrollado nuevas capacidades desconocidas hasta ese momento en una fábrica tradicional (1) . La horizontalidad y la autogestión han generado una producción de subjetividad distinta, de mayor afirmación, autonomía y protagonismo. Otra especificad de IMPA es que desde los primeros momentos de la recuperación las y los trabajadores de la fábrica decidieron abrir un Centro Cultural. Luego de 3 años en los que estuvo cerrado, en diciembre de 2008 un grupo de 5 trabajadores/as puso en marcha su reapertura y para ello empezaron con el acondicionamiento y la limpieza de distintos sectores de la fábrica. El primero de mayo de 2009, con una fiesta en el tercer piso, quedó re-inaugurado oficialmente el Centro Cultural de IMPA, donde todas las semanas hay talleres de las más diversas disciplinas, recitales, muestras y obras de teatro. En el intenso conflicto que tuvo lugar durante agosto y septiembre del 2009 en el cual la amenaza de desalojo puso en peligro la continuidad de IMPA, el Centro Cultural tuvo un destacado rol en la resistencia, organizando actividades todas las noches en lo que se conoció como Vigilia Cultural.
Actualmente, además del Centro Cultural, existe un Bachillerato Popular para Jóvenes y Adultos al cual asisten 200 estudiantes, un canal de televisión (Barricadatv.org), la radio de trabajadores del subte y la flamante Universidad de los Trabajadores. Las circunstancias y el modo en que las y los trabajadores desarrollaron acciones colectivas han sido condición de posibilidad para la puesta en marcha de estos emprendimientos: los dispositivos colectivos y el modo de habitar la fábrica luego de su recuperación han permitido poner en cuestionamiento la fragmentación y el aislamiento, características propias de una lógica capitalista tradicional de disciplina fabril, habilitando a la creación colectiva de nuevas prácticas y transformando el espacio-tiempo de una fábrica tradicional. Se establece una red entre distintos actores que comparten el espacio y contribuyen a su fortalecimiento. Esta alianza constituye al mismo tiempo un intento de restitución del lazo social, un puente que se tiende entre la comunidad y las fábricas recuperadas que abren sus puertas para actividades no tradicionalmente fabriles.
En lo que hace a la cuestión teatral, podemos definir a IMPA como un espacio no convencional, uno más de los muchos que hay en CABA, ciudad pródiga en la producción de teatro, no sólo en salas sino también en plazas, escuelas, cárceles, manicomios y fábricas recuperadas. En este caso, público y artistas transitan todas las semanas por espacios que durante el día son utilizados para la producción fabril, generando una particular atmósfera de la cual es imposible sustraerse. Respecto a este tema, Natalia Sosa, trabajadora de la fábrica y miembro del centro cultural, destaca que venir acá no es como estar en un teatro normal, que vos entrás, se apaga la luz y sabes que estás en un teatro. Acá entrás a una fábrica, se apaga la luz y no sabes que va a pasar (risas)(2) Para los teatristas, las características del lugar son un elemento muy significativo dentro del proceso creativo. Quique López, coordinador de la actividad teatral, señala: Este lugar es muy inspirador para los artistas: tomar un espacio fabril y proponer desde lo artístico, te da libertad Los espacios artísticos desarrollados en las fábricas recuperadas interrogan algunos supuestos tejidos en torno al arte por lo inédito de las condiciones de su realización. Por lo especifico de estas condiciones, es posible hablar de una producción de subjetividad en acto, ya que son (muy) otras las afectaciones que se producen al hacer y al ver una obra de teatro entre pasillos y máquinas de una fábrica recuperada por sus trabajadoras/es. Matías Bassi, director de una de las obras, dice que el espacio es increíble, artísticamente el lugar respira una onda que no se manifiesta en ningún lado, acá la gente trabaja desde las 6 hasta las 15 y eso lo hace ser un lugar activo. Esta clase de experiencias se inscribe dentro de micropolíticas teatrales que circulan por los bordes, lejos de la industria cultural del capitalismo, controlada y gestionada por poderosos grupos monopólicos que se ocupan de desarmar y combatir cualquier idea o proyecto que incluya la construcción de un mundo distinto y más justo. Sumado a eso, hay en el teatro una resistencia de un fenómeno ancestral que cobra en nuestros días importancia política: el teatro es siempre un hecho colectivo que necesita, al decir de J. Dubatti, del convivio, es decir la reunión de cuerpo presente sin intermediación tecnológica. Cada uno de los que participa en los distintos lugares a ocupar dentro de la experiencia teatral, ya sea como productor de poética o como espectador de la misma, forma parte de un hecho cultural y político.
Esta experiencia articula de un modo muy singular la compleja relación entre el arte y la política: los pasillos, las escaleras y todos los espacios de IMPA están atravesados por historias de resistencia y lucha que se conjugan con una multiplicidad de actividades que da cuenta de la ampliación de la capacidad de invención que los colectivos de trabajadoras/es tuvieron a partir de la recuperación. Todas estas actividades ponen también en evidencia la importancia estratégica de la articulación que las fábricas recuperadas han establecido con distintos sectores de la comunidad, dado que esta conexión les permite consolidar y difundir la recuperación.
Las construcciones artísticas son uno de los modos posibles de enfrentar al poder, criticando sus valores y proponiendo otras formas de habitar al mundo, sobre todo si entendemos que la cultura no es un epifenómeno donde también (pero más tarde) deba disputarse la hegemonía, sino que es parte del entramado en el cual se enfrentan proyectos antagónicos y un lugar privilegiado donde se demuestra que pueden establecerse relaciones en las que el producto del trabajo humano no sea una mercancía.
Dentro de la actividad teatral, no solamente se presentan obras: hay talleres de teatro para niños y para adultos y la Asociación de Investigadores y Críticos Teatrales (AINCRIT) realiza periódicamente charlas y debates. Al momento de escribirse esta nota, las obras que allí se presentan son Kotidiana (Viernes y Sábados, 21:30), La tragedia de la Flia. Rampante (Viernes 23:00), De mi (Sábados 20:00) y El olvido de los cuerpos (Sábados 23:00).
Cada una de estas obras se inscribe en distintas tradiciones estilísticas y recurre a diversos lenguajes teatrales, lo que da como resultado una heterogeneidad que da mas valor aún a la propuesta de IMPA: distintas corrientes teatrales, todas ellas alejadas de objetivos comerciales, encuentran allí un espacio para mostrarse, sin ceñirse a criterios excluyentes. Esta capacidad de alojar lo diverso es y ha sido uno de los motores del Centro Cultural de IMPA, que sin inscribirse en ninguna organización partidaria, abre sus puertas para recibir las propuestas de aquellos que se acercan a participar, conformándose de este modo en un espacio abierto a diferentes movimientos artísticos.
Vale decir, casi a modo de advertencia, que los artistas se encuentran con una dificultad no menor y que constituye otra de las características más salientes de IMPA: en este momento, y a causa de una decisión político- judicial, la fábrica no tiene ni luz ni gas. Las y los trabajadores, para poder trabajar, se ven obligados a pagar de su bolsillo todos los meses el alquiler de un generador y del gas oil necesario para hacerlo funcionar. Sumado a esto, el Centro Cultural no cuenta con equipos de luz ni sonido, por lo que cada compañía debe autogestionar (las mas de las veces en colaboración con el resto de los teatristas) sus recursos técnicos. Hacer teatro en estas condiciones implica un gran esfuerzo, a la vez que los lazos con el lugar se ven automáticamente reforzados, ya que el trabajar para dejar los espacios en condiciones para ser usados como salas teatrales (hacer la instalación eléctrica, fabricar y colgar las luces, cobrar las entradas, limpiar el lugar, acomodar las sillas y demás tareas necesarias para el montaje de una obra) hace que los teatristas se involucren de un modo muy estrecho con el lugar, lo cuiden y lo sientan como propio. Carlos Latorre, de Impacto teatral, destaca que nos sentimos muy libres de investigar, de hacer ruido, de ensuciar y hacer y deshacer cosas: para nosotros IMPA es bárbaro en ese sentido. Por otro lado, las condiciones de producción y el espacio no son detalles arquitectónicos o técnicos, sino que son componentes definitorios en lo que hace a la actividad teatral: en IMPA no se establece una relación jerárquica entre trabajadores, artistas y público, sino que todos ellos comparten las mismas dificultades pero también las satisfacciones que conlleva estar en un lugar así. Natalia Sosa valora que los teatristas se sientan participes al decir yo coloco mi luz, que es lo que nos pasa a todos. Salvando las distancias, se podría pensar en cierta semejanza entre las adversidades que enfrentan los artistas que se acercan a IMPA y las dificultades que los trabajadores enfrentan día a día en la producción. Daniela Cuculiansky, directora de De Mi, dice que están buenas las condiciones del uso del espacio, está bueno el trato que podemos tener con los trabajadores, está bueno venir a un espacio que se llama Kosovo. Fue muy fuerte arremangarnos y ponernos a laburar y aguantar el frío o que no haya luz, pero siempre vemos que la gente de IMPA está a pleno colaborando.
Las situaciones problemáticas que se viven cotidianamente no hacen más que reforzar los aspectos positivos del teatro en IMPA, donde es posible disfrutar de excelentes obras en lugares que a priori no estaban preparados para recibirlas. Los teatristas trabajan en espacios que en un primer momento se presentan como hostiles pero que permiten, en la medida en que desarrollan su trabajo, que se apropien de ellos e incluso que sumen elementos de la fabrica (la oscuridad, los olores, las ventanas, las columnas, etc) a la estructura de la obra.
LAS OBRAS
Kotidiana es la última propuesta del Teatro Sanitario de Operaciones. Esta obra presenta distintos momentos de la vida contemporánea y acciones que en nuestra sociedad son cosas de todos los días pero pasándolas por un filtro deconstructivo que por momentos las vacía de sentido. Lejos de cualquier estructura panfletaria y recurriendo a distintos lenguajes, contiene una poderosa reflexión, en acto y no teórica, sobre las condiciones de vida alienantes a las que nos somete el capitalismo.
La tragedia de la Flia. Rampante es una obra realizada por El Escuadrón Volante, dividida en 4 capítulos consecutivos en los que, en clave de humor absurdo, se cuentan las historias de una familia mafiosa, sus traiciones y sus desaventuras en torno a un botín y a sus relaciones con la policía. Matias Bassi, el director de la compañía, se acercó a IMPA porque junto a su compañero Ezequiel Veroy fue uno de los payasos encargados de animar varias noches de la Vigilia Cultural.
El olvido de los cuerpos, de Impacto Teatral, está dividida en cinco escenas cargadas de una importante densidad simbólica. Aparentemente desconexas, conforman una extraña unidad que sorprende al espectador, sumiéndolo en un insólito viaje de sensaciones por una fábrica de cuerpos. Sobre el hecho de estar en IMPA, los miembros de la compañía relatan que poder trabajar acá para nosotros es de grandísima ayuda, la sensación de encontrarse en un lugar muy grande, muy negro, oscuro, donde se pierde la orientación y el público no sabe si está en un teatro, las máquinas, el olor a aceite, nos ayuda muchísimo a crear todo el clima.
De Mi tiene como uno de sus ejes el sentimiento de soledad que provoca el transitar de modo anónimo por la ciudad. También hay referencias al contraste existente entre el espacio de la intimidad y el espacio público, que impone modos de comportamiento, reprimiendo deseos y fantasías. Laura Tugetnman, una de las actrices, expresa que La obra propone algo provocativo y el IMPA también provoca, hace que la gente se replantee cosas: donde está, de donde viene, a qué colabora, porque vienen a ver una obra pero también colaboran a que un espacio como IMPA siga creciendo.
Situaciones como la de IMPA posibilitan volver a pensar en la radicalidad política a la que habilitan algunas prácticas artísticas, configurando modos de relación con otras y otros que no se encuentran mediados por cuestiones mercantiles. IMPA abre sus puertas entonces para conformar un espacio que permita dar voz, impulsar y servir de enlace entre el mundo de la creación artística y el trabajo.
Julián Bokser
(UBA – CONICET)
(1) Fernández, A.M., Borakievich, S.: La anomalía autogestiva, Revista Campo Grupal, Nº 92, Buenos Aires, 2007.
(2) Todas las entrevistas han sido realizadas por el autor en los meses de julio y agosto de 2010.
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