Antes de empezar a escribir es necesario desatar el nudo que se hace en la garganta.
Porque El último fuego es una propuesta de esas que dejan huellas de lágrimas en las miradas sensibles.
En el principio se produce la tragedia, un chiquito es atropellado por un auto y muere.
Esta es la clave: el acontecimiento trágico está en el principio, cómo se sigue después.
En ocasiones los finales tienen un cierre devastador, pero cómo se construye cuando lo arrasado principia el relato, cuando lo que se muestra es el cómo continuar.
Y ese cómo continuar es doble, por un lado, es temático ¿cómo continuar después de la muerte de un hijo? ¿cómo continuar para el testigo, que podría haber sido un cuerpo intercambiable, un cadáver más grande por uno más chico?; por el otro, es de construcción dramática ¿cómo articular luego de algo que múltiples veces se constituye en final?
Allí entonces aparece el barrio (que no es nuestro, pero podría serlo) y el armado de la calle nos hace topar con la noción de vecindad. El testigo de la muerte (deshecho de soldado en guerra) que estaba con el chico, habita en frente de la casa del pequeño. La ventana da a la calle, tan cerca están y tan inevitable, la muerte.
Los vecinos del barrio no tenían, antes, lo que se dice una vida feliz. El narrador, el que mira y cuenta, el que enuncia por todos, el que habla por nosotros también, aporta información y distancia. Existen entonces tragedias mayores y tragedias pequeñas y poco de lo otro, de lo que no es trágico. Conocemos brevemente la historia de cada uno. ¿La conocemos? Relativamente, las palabras se tejen y se destejen, se orientan y se encaminan hacia el lugar contrario. Las palabras que se suman desmienten a las anteriores. Nos llegan, eso sí, múltiples pequeñas historias, fragmentos de acontecimientos de diverso orden, un rompecabezas de pequeñas vidas.
Y sí, efectivamente, todos (casi todos) continúan. Los hechos más terribles, como el matricidio, suceden blandamente.
Los espectadores están extrañamente cruzados con los actores, la ubicación espacial de la acción es muy particular, el empleo del espacio del Callejón reinventa las posibilidades del teatro.
Los niveles de actuación son, en general, notables. Pero el trabajo de Mónica Driollet, es absolutamente increíble.
Una propuesta diferente en la cartelera porteña, que ojalá logre encontrarse con el público que la pueda disfrutar.
Mónica Berman
ELENCO:
Mariano Petrosini
Claudia Cantero
Claudio Martínez Bel
Mónica Driollet
Tatiana Sandoval
Carolina Tejeda
Alberto Montezanti
Germán Rodríguez
Guillermo Aragonés
FICHA TÉCNICA:
Escenografía: Alicia Leloutre – José Escobar
Diseño vestuario: Rosana Bárcena
Música original: Cecilia Candia
Diseño de luces: Ricardo Sica
Diseño de imagen: Liliana Cáceres – Alberto Montezanti
Fotografía: Alberto Montezanti
Prensa: Carolina Alfonso
Asistencia de producción: Alejandro Barratelli
Asistencia de dirección: Analía Federa García
Dirección: Ana Alvarado
Espacio Callejón – Humahuaca 3759 – Tel: 4862 – 1167
Sábados 23hs
Localidades: $ 30.-
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