|
|
“Siesta”
es una obra de
Sol Lobenfisz
y Deby Wichtel
y dirigida por
esta última.
Sentada frente
a su pequeña
maquina de cocer,
una mujer va zurciendo
palabras, hilando
deseos y cosiendo
frustraciones.
El tul que forma
parte de su vestido
nunca terminará
de separarse de
la pequeña
maquina por más
que la mujer camine,
salte, baile o
se ponga debajo
de la mesa. Ese
mismo tul le servirá
para mostrar o
cubrir su cuerpo
y como tela en
la cual escribirá
o pintará
las distintas
sensaciones que
le produce la
presencia o la
ausencia del amor.
Si se pudiera
observar la tela
al finalizar la
obra se vería
como en un friso
los distintos
momentos por los
que el amor pasó
por la vida de
esta mujer.
Sus edades cronológicas
se superponen:
una joven mujer
realiza un fervoroso
y pasional pedido
a Dios para que
le mande hombres,
amor y esclavos.
La misma mujer,
convertida en
niña, dibuja
una casita –con
árbol,
caminito y sol
incluidos- que
habitará
junto con su hombre
ideal, luego recordará
en su madurez
el fin de la pasión.
Esta mujer siente,
goza y sufre el
amor desde las
raíces
de su cabello
hasta las puntas
de los dedos de
sus pies.
La actriz Paulina
Rachid posee un
gran manejo de
su cuerpo y una
gestualidad que
le permiten ir
del fino humor
y picardía
hasta momentos
de tristeza y
melancolía.
A estas cualidades
hay que agregarle
su decir claro
y fresco.
La escenografía
de Miguel Nigro
es bella y cuidadosa
de todos los pequeños
detalles.
El vestuario es
un alarde de simpleza
e imaginación,
colocándolo
a la altura de
ser co-protagonista
de la obra.
La directora Deby
Wachtel, cual
orfebre, engarzó
bellamente todos
los elementos
que conforman
esta pequeña
joya teatral.
|