Este álbum (editado bajo el perfil selecto de BlueArt Records), se desliza sobre rieles que galvanizan diferentes periodos y tendencias. Así, bajo un dorado vértice de compositores, el disco abre con la Suite nº IV en Mib Mayor (BWV 1010) de Johann Sebastian Bach (uno de los máximos impulsores del violonchelo en la armonía y en la melodía musical).
Luego de esta obra del músico barroco, la placa continúa con Tres Postales (2002), una obra de tres movimientos compuesta por el argentino Carmelo Saitta; Les mots sont allés (1979), del italiano Luciano Berio; Petals (1988), de la finlandesa Kaija Saariaho; Pression (1969), del alemán Helmut Lachenmann; y Capriccio per Siegfriend Palm(1968), del polaco Krzysztof Penderecki.
Estética y temporalmente existe un claro contrapunto entre los autores de esta segunda parte del disco y Bach. Precisamente, luego de finalizar la suite de éste, Devoto recién encuadra el ángulo entre la música y la expresividad. Utilizando recursos técnicos más libres, aquí el disco recorre su hemisferio más lúdico y espontáneo. El círculo formado entre cuerdas, arco y piel, desprende graznidos eléctricos que tejen atmósferas laberínticas. A lo largo de estas piezas, el violonchelo de Martín Devoto encierra una elasticidad tímbrica de frondosa sensibilidad.
Cada nota, roja y profunda, abre infinitas texturas; y pronunciando cada rincón de su instrumento, en su bicéfala dinámica entrecruza el reposo y la tensión, manejando delicadamente volúmenes, matices y silencios.
Así, el primer disco de Martín Devoto surca el periodo barroco hasta desembocar en horizontes artísticos relacionados con la música concreta, minimalista, fluxus y experimental. De este modo, dentro de la placa avanza una cadencia progresiva que no se detiene hasta construir un mapa de sonidos multicolores. Aquí, cincelando un puente musical entre topografías antípodas, compagina una dualidad de tiempo y espacio en un solo instrumento.
Matías Rodríguez
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