Si bien por la aorta musical de Derviche (grupo formado por Fernando Kiener en piano, Leopoldo Janin en saxo tenor y soprano, Marcelo Von Schultz en batería y Luciano Peralta en contrabajo) fluye el free jazz y la experimentación, cabe mencionar que El Ekeko Cósmico y su Taragato Musical, es la producción del conjunto que mayor variedad rítmica posee: por momentos sorprende el dub, el dance y hasta la cumbia; mientras que en el tema Me ninguneaste mexicana, se instala el reggae, el ska, el roots y la música judía. La inspiración aquí desconoce las porosas fronteras musicales. Sólo fluye con riqueza.
Así, las composiciones de este tercer disco son más irreverentes que las de sus antecesores Equilibrista (2002) y Urania (2005), ya que ahora su música agudiza la ruptura del orden armónico tradicional y simétrico y juega con las variaciones del tempo.
El sonido de Derviche no es dócil, correcto, ni ordenado. Su reciente álbum funciona como un puente para traspasar algunos elementos del jazz, que amenazan volver su cadencia en algo suave y adormecedora, como una monótona música de fondo. Las construcciones de este cuarteto son complejas y viscerales. Su música se instala con voracidad sobre el espacio y así captura al receptor dentro de una laberíntica hipnosis sonora.
Conjuntamente, esta placa posee una naturalidad creativa y un grado de improvisación y de libertad poco frecuente. Si bien éste es un concepto artístico en el cual, este grupo del Oeste del Gran Buenos Aires, indaga desde un principio, es recién en Urania (disco en el que implementan la formación acústica que continúa hasta la actualidad) donde comienzan a florecer varios de los propósitos de su búsqueda. Ergo, las musas de El Ekeko Cósmico y su Taragato Musical se envuelven de formas vivas e impredecibles que laten impacientes.
Precisamente, el álbum se destaca también por el ímpetu arrollador con que el cuarteto ejecuta cada pieza; una actitud propia del rock. De este modo, los músculos y las fibras de Marcelo Von Schultz se contraen en cada golpe sobre la batería; su repiquetear sobre el redoblante suena, en Jungla, como veloces ráfagas de ametralladoras.
Pero no son los dedos de los intérpretes los que caen sobre los instrumentos, sino sus cuerpos apasionados; es su sangre, que borbotea rabiosa dentro de la carne de los músicos.
Ekeko Cósmico y su Taragato Musical dibuja un solsticio de perfección en la discografía de Derviche, al tiempo que la propuesta artística del grupo revela la dorada clave de lo imprescindible y lo secreto.
Matías Rodríguez
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