Estamos en Circo Polo, según reza el papel que nos dieron. Por allí una serie de sillas amarillas y sumamente incómodas están esperando que uno se siente.
Por suerte, la narradora nos hace olvidar prontamente de la incomodidad, nos propone que nos abrochemos unos imaginarios cinturones y que nos lancemos a volar. Un viaje hacia la fantasía de los cuentos. Un viaje además hacia la escucha.
El ciclo está coordinado por Ana Padovani, cada sábado una narradora diferente propone una serie de cuentos para los oyentes-espectadores.
Enfrente nuestro, y según el papel, está parada Alicia Landau.
Nos cuenta tres cuentos y se entrecruzan los personajes, los registros diversos, los gestos, los pequeños desplazamientos por el espacio.
Sin solución de continuidad, casi, como si no se bajara un telón imaginario va de un cuento a otro y navegamos por las historias como en un mismo bote que se mece en el río.
Escuchar cuentos es una práctica bellísima que por suerte está en franco crecimiento.
Si bien estos cuentos son cuentos para niños habrá que decir que el placer de escucharlos no distingue edades porque si están bien contados (y son bellos cuentos) como en este caso, todos podemos disfrutarlos.
Luego nos invita a sacarnos los cinturones para seguir nuestra travesía por el mundo, por este mundo común, que no es el de los cuentos. Pero antes hace algo muy importante, nos da los nombres de los cuentos y de los autores para que podamos salir a buscar los libros por nuestra cuenta y volver a zambullirnos otra vez en esos maravillosos universos, esta vez, de letra impresa.
Mónica Berman
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