El casamiento de Anita y Mirko se estrenó en 2001 en el Circuito Cultural Barracas y ahí sigue.
No tienen prensa y el lugar está lleno, siempre sucede lo mismo.
Por algo será, diremos, pero ese “algo” es irremediablemente positivo. No queda otra.
Primero se arma una larga fila en la puerta, los espectadores constituyen un conjunto absolutamente heterogéneo; grandes y jóvenes, habitués de teatro y gente que si fue alguna vez es mucho. Pero esto, esto es otra cosa.
De pronto, gente “vestida de fiesta” para decirlo de alguna manera, irrumpe amablemente en la fila y empieza a saludar, preguntan por los parientes, hacen presentaciones, se sorprenden por el paso del tiempo.
De a poco se va ingresando. Piden invitación. Y van ubicando a los asistentes en las mesas.
No hay boletería, porque la boletería no pertenece al universo de un casamiento. Y esto es un casamiento. La boletería funciona de lunes a viernes, no coincide con el horario de función.
Tres presentadoras/dueñas del lugar irán organizando los acontecimientos.
Los primeros en llegar serán los familiares del novio. En hilera, con cara de pocos amigos, oscuros, callados, cuando hablen sus sonidos saldrán prácticamente guturales.
Cuando nos vamos habituando a ser los invitados de estos seres un tanto huraños nos avisan que llega la familia de la novia, como corresponde, en las antípodas. Alegres, coloridos, llamativos (sí, los que nos saludaron afuera, en la fila, con semejante sociabilidad ya los reconocemos).
El espacio es la reconstrucción de un salón. Pero toman una decisión, que tiene que ver con el significado, que en ningún casamiento tomarían: el modo de sentar a una familia y a la otra.
Los rusos están ubicados en línea y prácticamente sus cuerpos se esconden tras una larga mesa, salvo en un caso, de un familiar que se sienta adelante. Los italianos, en cambio, están en triángulo invertido, y el ordenamiento en el espacio es evidentemente jerárquico, arriba, los “más importantes”, los niños abajo de todo.
La propuesta es absolutamente lúdica. No estamos en un casamiento, sino en una parodia de casamiento (pero una parodia homenaje). En ese juego se asienta el humor. Es sumamente interesante ver cómo están trabajados con sumo cuidado todos los esterotipos, todas las propuestas vinculares intrafamiliares y extra... La decisión de un matrimonio entre estos rusos y estos italianos multiplica las posibilidades de reflexionar sobre la cuestión. Digamos cualquier entendimiento entre familias es complicadito, qué decir cuando son estas familias. Pequeño detalle: los rusos no hablan español...
Como puede verse, no hay una puntada sin hilo. Por supuesto que aparecen otros personajes y otros conflictos.
Pensar la puesta es una hermosa puerta de entrada para pensar las costumbres (propias y no tanto) de la sociedad en la que vivimos. Por otro lado es muy interesante ver cómo se construyen los personajes de la novia y el novio...
Hay música, diversión y un respeto por la calidad de lo que hacen absolutamente notable. Sólo por dar un ejemplo, los rusos en un momento en que “hablan”, lo hacen a través de juegos fónicos que remedan el sonido de su supuesto idioma, este trabajo, extraordinario, se perdería si no hubiera buena dicción. No es el caso...
Ah, falta decir algo, no son actores sino vecinos (aunque haya actores y de los buenos) son de ahí, es el teatro comunitario de Barracas.
Mónica Berman
FICHA TÉCNICA:
Dirección: Corina Busquiazo – Ricardo Talento
Centro Cultural Barracas - Av. Iriarte 2165 – Tel: 4302 6825
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