Clara duerme un sueño de límites indefinidos. En la blanca habitación de una clínica la contemplan, a diario, repitiendo sus rutinas, su marido, un médico y una enfermera. Cada uno de ellos abriga esperanzas y temores. Se relacionan no sólo con Clara, sino entre sí y con el afuera, que se hace presente a través del teléfono, en la muda voz de la esposa del doctor y la amigovia del Negro, el torpe marido de Clara. Ella mientras tanto duerme, pero el mundo exterior vuelve a arremeter: a la obra social poco la conmueve el sueño de Clara; en 48 horas dejará de brindarle atención médica. Entonces, en esa carrera contrarreloj, se produce lo que promete el subtítulo de la obra: el despertar de Clara.
La última habitación (el despertar de Clara) se las ingenia (con éxito) para mostrar un tema duro y grave en tono de exagerada comedia. Exageración aquí bien entendida. El lenguaje del clown se cruza con el de la comedia para lograr una síntesis que no le teme al humor físico ni a la exacerbación del ridículo.
La diagramación del espacio es interesante, con puertas que permiten entradas y salidas al estilo vaudeville, una ventana que se aprovecha para dar cuenta del paso del tiempo (y que acompañada de una bella iluminación produce una atmósfera poética) y un teléfono público por medio del cual el exterior se filtra en la clínica.
Las actuaciones son destacables en su conjunto, plenas de frescura, atentas a los más mínimos detalles gestuales, destellantes a nivel físico y altamente sincronizado. Los actores dominan sus cuerpos sin temor a bordear el límite de lo posible y sobrepasarlo, en un despliegue de absurdo capaz de arrancar tanto sonrisas como carcajadas.
La inclusión del video es una apuesta que suma al conjunto y profundiza en la propuesta de lo que se quiere generar en el público. Y los momentos musicales son, lisa y llanamente, un deleite.
Para cerrar, una apreciación completamente personal: muchas veces, cuando veo una obra, hay algo en ella, un momento, un guiño, que me hace imaginar que la misma dará un brusco viraje y se subirá a una autopista de exaltación, festejo y sinsentido. De más está decir que esto rara vez sucede. Pero La última habitación (el despertar de Clara) me sorprendió gratamente: después del guiño, justo mientras se encendía mi deseo, el escenario se convirtió en una fiesta. Y más allá del resto de sus virtudes, eso solo basta para que resulte imprescindible verla.
Anabella Castro Avelleyra
ELENCO:
Luisina Di Chenna
Gabriel Paez
Maximiliano Trento
Sol Lebenfisz
FICHA TÉCNICA:
Diseño de luces: Ricardo Sica
Escenografía: Ariel Vaccaro
Vestuario: Soledad Galarce
Videos: Agustín Demichelis
Fotografía: Clara Muschietti
Asistente terapéutica: Cecilia Nieto
Prensa: TEHAGOLAPRENSA
Producción general: Andrea Feiguin
Dirección: Walter Velázquez
Teatro Belisario – Av. Corrientes 1624 – Tel: 4373 – 3465
Viernes 23hs
Localidades: $ 25.-
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