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RESISTENCIA Y RESILENCIA

  “… En las nuevas condiciones culturales, el teatro argentino actual se ha convertido en un espacio de resistencia cultural. Contra el olvido y la insignificancia, frente a la unificación del mundo por la hegemonía del neoliberalismo autoritario y la desarticulación y redefinición todavía no concretada de la izquierda, el teatro sigue enarbolando la bandera de la lucha por los valores humanistas fundamentales (derechos humanos, calidad de vida, justicia, igualdad social, identidad y conocimiento del pasado, democratización del saber, trabajo, etc.) De esta manera, marca una actualización de pensamiento que también aparece registrada en el campo de las Ciencias Sociales en Latinoamérica, como lo demuestra el estudio de Nancy Morris y Philip R. Schlesinger (2000).
  El lenguaje teatral se afirma como resistencia, además, a partir de su especificad en lo aurático (el intercambio directo entre el actor y el espectador, sin intermediaciones técnicas) y lo convivial, contra la desterritorialización, a favor de la educación y contra la transparencia del mal. Como una vuelta a lo humano en una sociedad fragilizada, dividida, escéptica y violenta, el arte se ha constituido en oasis de sentido en una cultura sin sentido…”
  “…Resilencia (es la) capacidad de construir en la adversidad. Genera sentido con la falta de sentido, obtiene riqueza de la pobreza, encuentra productividad en el dolor, transforma la precariedad en potencia estética e ideológica. Los teatristas de la postdictadura han sabido encontrar los mecanismos para transformar la fragilización, la pobreza y la violencia en opciones creativas. ‘La resilencia es una condición humana –escriben los doctores Néstor Suárez Ojeda y Mabel Munist- que ha sido estudiada por médicos y científicos y, tomando la palabra de los ingenieros y arquitectos que la aplican a para referirse a los materiales de la construcción, la han definido como la capacidad humana para sobreponerse a las adversidades y construir sobre ellas. Es decir que hay dos conceptos importantes: el primero es esa virtud de enfrentar y sobreponerse a las desgracias, y el segundo es ser capaz de fortalecerse y salir transformado a partir de ellas’ (2001).
  Si bien es cierto que la pauperización y fragilización del estado y la calidad de vida en la Argentina han ido en aumento, también lo es que los teatristas están dotados de los dos atributos señalados por Suárez Ojeda y Munist y se destacan por su extraordinaria capacidad para enfrentar las dificultades que afrontan el campo teatral y la realidad Argentina en su conjunto y ‘hacer de necesidad virtud’ de acuerdo con la antigua expresión castiza. ‘A diferencia del teatro europeo y americano –nos decía Ricardo Bartís en un diálogo reciente-, el argentino no necesita dinero para sus producciones. Hemos aprendido a trabajar sin plata, y hemos convertido la precariedad de nuestros medios en una fuerza ideológica y estética’…”

Dubatti, Jorge, 2002, El teatro jeroglífico. Herramientas de poética teatral, Buenos Aires, Atuel, pp.123/4 y 127/8.

 

 
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