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“Zapatillas
colgadas del
cable de luz”
es una obra
escrita por
Cristian V.
y Martín
Casas y dirigida
por Walter Velásquez.
Trata sobre
cuatro mafiosos,
cuyo negocio
“legal”
es el contrabando
de telas en
el barrio de
Once y se encuentran
para dilucidar
quién
es el asesino
de Raimonda.
Es una obra
sumamente original
e inteligente.
Utiliza la ironía,
el humor negro
e introduce
la ciencia ficción,
como así
también
giros cinematográficos
(que lleva a
asociar con
películas
como “Pulp
Fiction”
o “Los
desconocidos
de siempre”),
por la temática,
por el dinamismo
de imágenes
que produce.
No da tregua.
Las actuaciones
son de destacar,
demuestran un
notable manejo
corporal y del
espacio, se
percibe el entrenamiento
y la capacidad
para componer
sus personajes,
y lo que es
más importante
aún (y
se nota en
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escena) la comunicación
y la interrelación
entre ellos.
Los actores son:
Cristian V. en
el rol de Tony
Gamboa (il capo
mafia que emula
a Sandro); Gonzalo
Rodolico como
Felix Cardozo
(el torpe ladero
paraguayo); Martín
Casas cuyo personaje
es Fermín
Toledo (un mafioso
un tanto despistado
que llegará
a Presidente de
la Nación);
Sebastián
de Casanova en
el personaje de
Bautista (un asesino
nato, que es tratado
como perro y obedece
como tal, pero...)
y Luisina Di Chenna
como Raimonda
(una Marilyn decadente)
y como Sancha
(la mujer que
llega del futuro
y que encabeza
la lucha de los
desposeídos
para salvaguardarlos
del peligro de
la ampliación
de la línea
de subterráneo).
El espacio escénico
es muy sencillo,
sólo tiene
una tarima en
forma de L que
va desde aforo
a la izquierda
del escenario
y unos pocos objetos
(mesa, sillas,
un balde con lampazo),
todo en consonancia
con la decisión
de poner todo
el peso escénico
en las actuaciones.
Lo mismo sucede
con la iluminación,
complementando,
así la
estética
de la puesta.
Párrafo
aparte, y como
para destacar,
merecen los efectos
sonoros y lumínicos
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(se usan revólveres
con láser,
por ejemplo),
utilizados con
precisión.
El vestuario,
diseñado
por Soledad Galarce,
sigue la idea
de la puesta,
y resulta acorde
a cada personaje
en cuanto a lo
divertido e ingenioso
en la búsqueda
de los signos
identificatorios.
También
la música
tiene lugar en
esta obra donde
se escuchas canciones
de Sandro, boleros
patéticos
y la canción
“Recuerdos
de Ypacarí,
que conmueve al
personaje Cardozo,
asesino sentimental.
Al mejor estilo
Tarantino podemos
disfrutar de esta
obra que con humor,
nos lleva a preguntarnos
¿ciencia
ficción
o premonición?.
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