Distintas
formas de contar
historias. Vapor
no es una obra
con un argumento
lineal, son relatos
que abarcan: un
sueño de
un cawboy en La
Pampa, una mujer
que anhela ser
amada por un kamikaze,
un hombre que
su forma de vida
ideal es compartir
los últimos
dias de un moribundo
desconocido, una
pareja rota y
hasta un suicidio.
Historias bellas,
historias de seres
marginales.
El
autor y director
Mariano Pensotti,
encontro la forma
y el tono justo
para transmitir
estas historias.
Los personajes,
salvo en muy pocas
ocasiones, nunca
dejan de relatar,
aun en situaciones
de dos personajes,
estos siguen contando,
lo que le pasa
a |
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Vapor |
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ellos, lo que
le pasa al otro
y lo que pasa
a su alrededor.
No por eso dejan
de realizar
las acciones
que dicen creando
un codigo, una
forma que atrapa
y seduce.
Actores que
sacan provecho
en cada una
de sus intervenciones:
Uriel Milsztein
-el cawboy-,
Juan Minujin
-el cuida moribundos-,
Nayla Pose -la
mujer que muere
por un amor
kamikaze-, se
complementan
e interactuan
consiguiendo
una agradable
complicidad
entre ellos
y con el publico.
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Brillante
todos los rubros
técnicos.
El espacio creado
por Jorge Macchi
dan la sensación
de intimidad
o amplitud según
lo requiera
la escena. La
iluminación
a cargo de Matias
Sendon van de
la calidez a
la frialdad
dando una apoyatura
justa.
Acertada la
inclusión
en escena de
Ana Fontel comentando
y ambientando,
musicalmente
la obra,
transformando
a la ejecutante
y a la música
en dos personaje
más.
Historias que
como el vapor
se esfuman apenas
lo alcanzamos
a ver, difícil
de atrapar,
pues bien este
espectáculo
lo logra.
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