Territorio
Plano |
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Nada
es lo que parece
ser. Revelaciones
que desenmascaran
un hecho trágico
oculto y olvidado
en una familia.
Tres
hermanos, convocados
por un cuarto,
se juntan en
la casa de su
infancia para
traer en cuerpo
y en alma a
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Zorzal, perro
de la familia,
muerto en circunstancias
poco claras. Cuentan
para ello con
la guía
de una medium
egresada de la
escuela Basilio.
La obra montada
con el estilo
del grotesco criollo,
tiene chispazos
y algunos momentos
graciosos, pero
en lo que falla
es en la profundización
del lo trágico.
Las actuaciones,
arquetipos de
personalidades,
quedan en la superficie.
Salvedad echa
de algunos momentos
de Bernardo Cappa.
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Lo
que se destaca
es la forma de
utilizar el espacio
por parte del
escenográfo
Alejandro Mateo,
donde la sugerencia
lo es todo.
Acertado
el vestuario a
cargo del mismo
Mateo.
Las luces de Matias
Sendon son corrrectas.
Un divertido ejercicio
de estilo, en
el que esta bien
cuidada la forma
pero no logra
concretar todo
lo que promete.
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