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“Tío
Vania” es
una versión
libre de la obra
de Antón
Chejóv
de Jan Van Dyck
y de Luk Perceval,
presentada en
el marco del V
Festival Internacional
de Buenos Aires
por la Compañía
“Het Toneelhuis”
y dirigida por
Luk Perceval.
Es notable esta
puesta de la obra
chejoviana, en
cuanto se la actualiza,
se la renueva,
se le saca todo
lo introspectivo
y psicologista
y se apuesta a
una escenificación
basada fundamentalmente
en los actores,
en la acción
y reacción
actoral. Pero
tan bien hecha
que la obra no
pierde su esencia,
sino que la enriquece.
El espacio está
totalmente despojado
a excepción
de ocho sillas,
cada una con alguna
particularidad
distintiva, colocadas
en diferentes
posiciones sobre
un piso ondulado;
y todo ello rodeado
de un telón
–formando
la cámara
negra- bordó
y con motivos
pintados que hace
recordar a un
viejo salón
de baile.
La lectura de
los signos de
esta obra es riquísima.
La dificultad
de esas personas
para comunicarse,
para comprenderse,
tiene una presencia
destacada en la
puesta: en el
piso que les impide
caminar y bailar
(lo único
que los une o
los hace felices),
las sillas que
son como las pequeñas
celdas de cada
uno en las que
están inmersos
y de las que no
pueden salir (de
hecho, están
toda la obra diciendo
que se van o se
están yendo,
pero siempre terminan
en su silla);
otro signo para
destacar son los
tipos de lenguajes
que utilizan los
personajes –y
como un notable
escollo más
en esa incomunicación-
a un mismo tiempo
se utiliza un
lenguaje sumamente
vulgar, otros
personajes (profesor)
uno más
literario o culto
y Elena que habla
en un ingles enrevesado.
Las actuaciones
son increíbles,
los ocho actores
están muy
bien en sus personajes
y es notable como
se puede hacer
una obra de Chejóv
con actuaciones
de estado, con
verdadera creación
desde la acción.
A punto tal que
cuando Perceval
decide incorporar
algún elemento
de la naturaleza,
hace llover en
escena de manera
torrencial y los
actores continúan
con sus acciones
bajo esa cantidad
de agua y todavía
diciendo “parece
que va a llover”,
logrando un síntesis
y una belleza
de imágenes
impactantes.
Peter Brook sostiene
que el teatro
donde se reproduce
una obra y no
hay una relectura,
una nueva creación,
es un “teatro
muerto”;
muchas veces,
con estas obras
eternas y maestras
se comete ese
error, pero no
es el caso de
“Tío
Vania” de
Luk Perceval y
su compañía
belga, todo lo
contrario: ha
revivido y re-creado
de una manera
bellísima
esta obra de Chejóv.
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