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En
un cabaret, en
Argentina, en
un futuro incierto,
cinco personas
-guiados por una
Anfitriona y por
un Burócrata-
trataran de recordar,
hechos personales
y de la historia
grande y pequeña
del país.
A estas cinco
personas, como
al resto de la
población,
se les ha borrado
adrede la memoria.
Solo conservan
retazos, pequeños
fragmentos de
recuerdos: un
morrión
de un granadero,
la participación
de un éxodo,
la primera relación
sexual, un paraíso
virtual, y el
sueño de
hacer sido Marilyn
Monroe. El Burócrata
les promete que
si siguen los
juegos y ceremonias
ya prefijados
que él
propone, los recuerdos
de a poca irán
volviendo. Sólo
al final se sabrá
el destino de
estas cinco personas.
Inquietante y
lúcido
trabajo del grupo
“El Baldío
Teatro”,
en esta creación
colectiva, con
dirección
y dramaturgia
de Antonio Célico.
Su propuesta bordea
los difusos limites
del querer recordar
o elegir el olvido.
Pone en duda mitos
y leyendas de
nuestra cultura.
Uno de los tantos
méritos
de esta obra es
que instala al
espectador en
permanente duda.
Un ejemplo es
cuando los actores
están desarrollando
una escena y,
muy sutilmente,
cambian el tono,
dejan sus personajes,
y empiezan a hablar
y recordar desde
ellos, pero tampoco
recuerdan, hasta
que cansados de
hacer memoria
en vano, retoman
la escena que
dejaron. Así
logran que nunca
se tenga la certeza
de dónde
está el
límite
entre el hecho
teatral y la realidad.
En un elenco de
alto nivel y de
jugadas actuaciones,
cabe destacar
los trabajos de
Laura Martín,
Laura Torres y
Miguel Ludueña.
Estupenda la ecléctica
planta escenográfica
de Guillermo Caputti,
combinando aparatos
de todas las épocas
y transformando
simples objetos
en extraños
artefactos. Las
luces crean un
ambiente sombrío
y espectral. Muy
bueno el vestuario,
acorde con la
personalidad de
cada uno de los
personajes.
Es de destacar
la bella música,
ejecutada en vivo,
por Alejandra
Sánchez
Antelo y Silvano
Martínez.
“Memory
Mouse” propone
el desafío
de entrar en el
mundo de la memoria
y el olvido. Vale
la pena intentarlo.
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