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“Los
ciegos”
es una obra de
Maurice Maeterlinck,
dirigida por Denis
Marleau y presentada
en el V Festival
Internacional
de Buenos Aires
por la Compañía
UBU Compagnie
de Création
de Canadá.
Trata sobre doce
personas ciegas
que viven en un
hospicio y que
fueron llevadas
de paseo a un
bosque por un
cura. Ellos piensan
que el cura fue
a buscar agua
y pan, pero demora
en volver y no
saben que está
entre ellos muerto.
Son seis mujeres
y seis hombres
que hablan para
mantenerse despiertos,
para darse ánimos,
para saber quien
está y
quien no. Los
diálogos
son de una llaneza
y, a su vez, de
una profundidad
admirables. Esta
obra habla sobre
la soledad del
ser humano y su
desamparo,
plasmado en esos
doce apóstoles
sin dios.
Se entra a la
sala en profundas
tinieblas y se
ven en el escenario
los rostros de
los protagonistas
con los ojos cerrados.
Luego comienzan
a hablar y el
espectador está
inmerso en su
mundo porque lo
único que
puede ver son
las caras en sombras
y oye los sonidos
sin saber de donde
vienen.
En el texto de
Maeterlinck las
doce personas
están distribuidas
en dos grupos
de seis hombres
y seis mujeres
y con el cura/salvador
muerto en el medio
y toda la obra
trascurre así
y ellos esperándolo
sin saber que
está ahí
y que no volverá
para llevarlos
de regreso al
hospicio.
En esta puesta,
ni siquiera, decidieron
ponerlo en escena.
No está.
Marcando de esta
manera, aún
más el
desamparo y por
lo tanto pudiendo
hacerse una lectura
actualísima
de la situación
en que se encuentra
el hombre hoy
en día.
Y más aún.
Ló único
que se ve durante
toda la obra son
los rostros, ni
un desplazamiento,
nada, hasta que
finalizando, muestran,
por unos escasos
segundos y apenas,
el artilugio.
No hay actores,
son pequeñas
urnas con una
máscara
al frente. Es
tal el impacto
y tan perfecto
el signo que surge
de forma palmaria
la esencia de
esta obra genial
del escritor belga:
hasta el hombre
ha desaparecido,
el individuo,
el ser humano
se encuentra más
sólo que
nunca en este
momento de la
historia.
Se puede presentar
la discusión
sobre si se trata
de teatro o no
porque ha pasado
hasta la barrera
del “teatro
pobre” que
sostenía
Grotowski –para
que haya teatro
sólo es
necesario que
haya un actor
y un espectador.
En la Escuela
de Espectadores
(a cargo de Jorge
Dubatti) –en
el marco del Festival
Internacional
de Buenos Aires-
cuando se analizó
“Los ciegos”,
recordaron que
precisamente esta
obra fue la que
inspiró
a Beckett para
escribir “Esperando
a Godot”,
vaya este aporte
como dato, de
por sí
relevante.
Pero se llegue
a la conclusión
que se llegue,
lo cierto es que
es una obra impactante
de una enorme
belleza poética
y de una simbolización
perfecta.
Sea lo que sea,
es bella.
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