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“La
cantante calva”
es una obra de
Eugéne
Ionesco y dirigió
esta versión
escénica
Gustavo Garzon.
La puesta en escena
de esta obra es
precisa y preciosista.
Los monólogos,
diálogos,
contrapuntos y
silencios están
calculados con
mucha precisión.
Los seis personajes:
el Sr. y Sra.
Smith, el Sr.
y Sra. Martin,
Mary la sirvienta
y el Capitán
de los Bomberos;
están delineados
de manera perfecta,
convirtiendo en
lógico
todo el absurdo
que ellos generan.
La incomunicación,
el uso de las
palabras para
no expresar nada,
la incapacidad
para relacionarse,
entre otros temas,
son expuestos
claramente.
El director balanceó,
con criterio,
los momentos de
desmesura, a modo
de ejemplo, el
trágico
final (excelente
hallazgo que hace
más sombría
la obra) y los
momentos calidos
e intimistas,
como ejemplo:
el disparatado
diálogo
del Sr. y Sra.
Martin.
Sería ingrato
resaltar a algún
integrante del
elenco, todos
cumplen muy buenas
actuaciones.
Un punto muy alto
de esta puesta
es el precioso
vestuario de Ingrid
Boehler, utilizando
los colores blancos,
negros y grises
en cinco de los
personajes, para
contrastar con
el amarillo furioso
del traje del
Capitán
de Bomberos. La
funcional escenografía
son cuatro sillas
que se van ubicando
en distintos sectores
del escenario,
según la
escena lo requiera.
Son muy delicados
los “comentarios”
musicales ejecutados
en vivo por el
joven pianista
Diego Gringas.
Estupendo trabajo
sobre esta obra,
que cumplió
más de
cincuenta años
de su estreno
y no pierde su
vigencia.
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