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“A
propósito
del tiempo”
es una obra escrita
por Carlos Gorostiza
y dirigida por
Elizabet Olalla.
Rosa y Natalio,
una pareja más
que madura, transcurren
sus vidas en forma
monótona.
El hace solitarios
con las cartas,
ella le ceba mates,
hablan de si hace
frío, si
sale el sol, todo
con ritmo cansino
y sin el menor
interés
por lo que están
haciendo y hablando.
Unos golpes a
la puerta anuncian
la llegada de
Carmelo, amigo
de ambos, que
partió
con destino incierto
hace mucho años.
A partir de la
irrupción
de este personaje
todo se transforma.
En Rosa reverdece
una pasión
acallada por los
años y
en Natalio los
celos y la inseguridad
se van apoderando
de él.
El destinatario
de esta pasión
y estos celos
es Carmelo.
La obra trata
de cómo
la memoria deforma,
disfraza y altera
los hechos. No
se sabe bien porque
se fue Carmelo,
pero el supuesto
de una verdad,
con el transcurso
del tiempo, pasa
a ser la verdad
misma para Rosa
y Natalio. Así
estos personajes
– Rosa y
Natalio- van acumulando
esperanzas y rencores
sobre situaciones
que nunca ocurrieron,
le inventan destinos
a Carmelo para
alimentar el amor
o el odio. Estos
mecanismos para
lo único
que sirven son
para llenar sus
vidas vacías
y rutinarias.
Elizabet Olalla
le imprimió
a la pieza el
tiempo justo.
La morosidad de
los primeros momentos
se transforma
en un clima tenso
y siempre a punto
de estallar a
partir de la llegada
de Carmelo, luego
de la partida
de este se vuelve
al desolador clima
del comienzo.
Buenas actuaciones
de Silvia Villazur
(Rosa), Rafael
Cejas (Natalio)
y Chendo Hortiguera
(Carmelo). Sus
personajes son
tiernos y queribles,
pero no dejan
pasar por alto
sus mezquindades
y egoísmos.
La escenografía
y el vestuario
de Carlos Di Pasquo,
transmite la opacidad
del mundo en que
viven estos personajes.
Es correcta la
iluminación
de Gustavo Dimas
y muy bella la
música
compuesta por
Cecilia Candia.
“A propósito
del tiempo”
conmueve por su
simpleza y por
el delicado tratamiento
escénico.
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