En
esta obra hay sexo explícito.
¡Atención! los actores
no se desnudan y tampoco mantienen
relaciones sexuales sobre el escenario.
Palabras
crudas, eróticas,
sin subterfugios. Palabras que llaman
las cosas por su nombre.
Un pequeño escenario. Una mesa
cubierta con un paño rojo,
dos candelabros a sus extremos y tres
banquetas es todo lo que necesitan
los actores para llevarnos por los
distintos matices sexuales.
Para
lograrlo con tan pocos |
elementos
es imprescindible dos cosas:
una buena selección
de textos y actores capaces
de interpretarlos. Ambos rubros
están plenamente cubiertos.
Textos de Baudelaire, Lope
de Vega, Shakespeare y tros;
sirven para que se luzcan
Fernanda Caride, Melina González
y Adrián Batista, sacando
buen
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partido en cada una de sus intervenciones.
A esto hay que agregar que no se
desarrolla en una sala teatral,
sino, en un restaurante en donde,
en su mayoría parejas, están
gozando de su cena. En este ámbito,
poco propicio para el hecho teatral,
el espectáculo se impone.
Logra con creces que más
de un comensal se ruborice y en
otros enciende el fuego de la pasión.
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