La
maternidad, la
paternidad, hijos
rebeldes, madres
posesivas, madres
abandónicas,
padres autoritarios,
padres avergonzados.
Todo cabe en el
universo que nos
propone la excelente
obra del autor
frances Joël
Pommerat.
Las relación
padres-hijos son
mostradas descarnizadamente,
con un lenguaje
que no apela a
frases grandielocuentes,
sino por el contrario
al coloquial y
cotidiano.
Emociona sin golpes
bajos. Con escenas
simples y conflictos
concretos.
|
|
¿
Qué hicimos
? |
|
|
|
La directora Vilma
Rodríguez,
profundiza al
extremo este material,
con una puesta
en que todos los
elementos que
configuran el
hecho escénico
cobran una vital
importancia.
La escenográfia
y las luces de
Gabriel Caputo,
son un soporte
muy importante,
funcional una
y bella la otra.
|
|
No
hay puntos flojos
en el elenco.
Cada uno de los
actores, interpretan
más de
un personaje,
da la composición
exacta a cada
uno de ellos.
Una
mujer embarazada
proclama, al comienzo
de la obra, que
su hijo y ella
misma van a ser
las personas mas
felices del mundo.
En el final una
hija escucha como
su madre le pide
perdón
por no haberle
dado todo lo que
ella necesitaba.
Un
comienzo y un
cierre impecable
e implacable.
Como la obra en
su totalidad.
|
|