Una
Buenos Aires desvastada,
un poeta buscando
su inspiración,
una madre-amante
que nunca muere
y una muchacha
que se convierte
en pájaro,
estas son partes
del universo de
la obra de Ricardo
Bartis, Postales
Argentinas.
La
puesta de Alfredo
Badalamenti acierta
en el espíritu
de la obra. Logra
crear un clima
fantasmagórico,
con muy pocos
elementos, pero
acertados y aprovechados
en sus usos; como
lo es el andamio-puente
donde se desarrollan
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escenas de una
belleza despojada
de todo artificio.
Lo único
que va en contra
de la continuidad
dramática
es el pequeño
intervalo.
Actuaciones
jugadas. Se
destaca Vanesa
Cotroneo, una
madre inmortal
y tiránica.
Federico
Montan le resta
merito a su
actuación
por algunos
problemas de
dicción
y Marisol Martínez
es una querible
novia, mujer
y pájaro.
Vuelvo a remarcar
el trabajo escenografico,
ingenioso y
funcional.
Poco feliz,
no el diseño,
pero sí
el manejo técnico
de las luces,
no siempre coordinadas
con las escenas.
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Trabajo
meritorio sobre un gran
texto de nuestra dramaturgia
contemporánea.
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