En
una habitación
llena de cajas,
con todos los
indicios de una
mudanza, dos personas
se disputan, a
través
de objetos, la
memoria de un
hombre que ambas
amaban. Decimos
que se disputan
la memoria porque
este hombre ha
muerto victima
del sida. Los
que tratan de
quedarse con este
preciado tesoro,
son su ex mujer
separada de él
hace cinco años
y el hombre que
lo amó
y estuvo a su
lado en los últimos
tres años.
En este encuentro
se desgranan rencores,
envidias, acusaciones,
pero a su vez
comienzan a conocerse
y a darse cuenta
que cada uno fue
feliz y sufrió
al lado de este
hombre que le
marcó tanto
sus vidas. Son
seres que se encuentran
en las antípodas
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social, sexual
y sentimentalmente.
Con este material
el director
Hugo del Barrio,
también
autor del texto,
no pudo dar
el equilibrio
justo ni en
el tratamiento
dramático
ni en lo actoral.
La obra pasa
de momentos
largos y lánguidos
con detalles
sin ningún
peso a momentos
de gran intensidad,
restándole
así por
falta de desarrollo,
credibilidad
a esos momentos
intensos.
En la marcación
de los actores
se hace más
evidente el
desequilibrio
al actor Osvaldo
Guidi, sanguíneo
y seguro de
lo que debe
hacer, se antepone
la actriz María
Pugliese con
una actuación
sin matices
que en todo
momento parece
que no encuentra
su lugar en
la obra ni el
espacio escénico.
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Mención
aparte al excelente
e inesperado final de
la obra donde se combinan
con exactitud y buen
gusto la técnica
del video con el hecho
escénico. Buena
ambientación
de Daniel Marussich.
Partes iguales es un
trabajo desparejo, porque
justamente, no están
bien repartidos ni la
línea dramática
ni en el peso de la
actuaciones.
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