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“Té
de reinas”
es una obra escrita
por Eugenio Griffero
y dirigida por
Teresa Sarrail.
Esta obra trata
sobre la invitación
a tomar el té
que realiza una
reina –Frida-
a sus hermanas
–Bárbara
y Godofreda- que
también
son reinas de
otros territorios.
Este simple hecho
cotidiano encierra
las más
terribles cara
del afán
de poder: la traición,
la ambición,
la crueldad, el
total despojamiento
de todo viso de
humanidad al punto
tal de que estas
mujeres ni siquiera
pueden quedar
embarazadas. Sin
embargo, nunca
alcanzarán
la felicidad,
no se los permitirá
jamás ni
sus soledades,
ni sus culpas,
ni dioses, ni
brujo. Ni la historia.
Están muy
bien creados los
personajes principales,
cada uno con sus
características
y están
a cargo de Pía
Uribelarrea (en
el rol de Bárbara),
Luaciana Lifschitz
(como Godofreda)
y se destaca Ana
María Castel
(protagonizando
a Frida, la reina
anfitriona).
Es muy acertada
la decisión
por parte de la
directora Teresa
Sarrail en cuanto
a los personajes
que encarnan a
los sirvientes/amantes
y al angel del
tiempo (interpretados
por Luis Dartiguelongue,
Leonardo Marcet,
Federico Rabinstein
e Inés
Echavarría
(con una bellísima
voz). Estos personajes
se desplazaran
sigilosamente,
adoptándose
para ello un desplazamiento
casi de danza
y con movimientos
muy precisos y
armoniosos, dando
esa sensación
de estar y no
estar.
El espacio está
muy bien trabajado
en cuanto que
se aprovechan
la paredes desnudas,
con los ladrillos
a la vista, dando
una sensación
de frialdad de
piedra de castillo
medieval. También
se utiliza una
escalera aforo
y el bajo de la
misma, como distintos
ambientes, apenas
indicando la separación
de los mismos
con telas a modo
de gobelinos.
El objeto de mayor
preponderancia
es una cama imperial,
al medio del escenario
y la mesa y las
sillas para el
consabido té.
Todo esto da una
ambientación
propicia para
la puesta y muy
bella estéticamente.
El diseño
de escenografía
fue realizado
por Sofía
Larroca y Carmen
Amengual.
El diseño
de vestuario es
de Gabriela A.
Fernández
y ha realizado
un trabajo muy
minucioso y detallista
para mostrar –a
través
de la ropa- los
rasgos de personalidad
de cada personaje
(esto en cuanto
a las reinas)
y en relación
a los sirvientes/amantes
los uniformó
con pantalones
negros y remeras
color naranja,
aportanto el color
(por cierto real)
a la vez que destacando
cierta rudaza
y frialdad en
los mismos.
Es una comedia
divertida, rayando
el absurdo pero
en la que subyace
la profunda verdad
sobre lo que es
el abuso del poder,
el absolutismo
más despiadado.
Es una muy interesante
reflexión
que nos lleva
constantemente
a hoy en este
mundo saturado
de injusticias
por el afán
de acumulación
de poder.
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