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“La
estupidez”
es una obra escrita
y dirigida por
Rafael Sprengelburd.
Se trata de la
cuarta obra de
su saga denominada
“Heptalogía
de Hierónimus
Bosch”,
que son siete
obras inspiradas
en la obra plástica
“Las mesa
de Pecados Capitales”
del Bosco (pintor
holandés,
que creó
esta obra entre
los años
1475 y 1480).
Es muy difícil
asir todas las
líneas,
todos los puntos
de fuga y todo
el amplio espectro
que brinda la
obra de Sprengelburd.
Esta obra no juzga
sino que muestra
con total claridad
y expone con lucidez
lo vacuo y lo
manipulable en
el uso de los
distintos lenguajes.
Muchos lenguajes
en esta obra se
ponen en crisis:
el idiomático,
el pictórico,
el cinematográfico,
el científico,
el teatral, el
musical, el periodístico
y hasta el mismísimo
lenguaje de señas.
Esto se da porque
se encuentran
en constante cambio
y porque estos
lenguajes de acuerdo
a como se los
emplee puede mejorar
o empeorar su
relación
con la gente.
Indudablemente
Sprengelburd realizó
un examen cuidadoso
de todos estos
lenguajes.
Una vil mentira
de unos estafadores
sobre un escuela
“neo-realista”
que pintaba con
tempera, resulta
ser “cierta”;
un desesperado
científico
no encuentra mejor
forma de esconder
una formula que
decidirá
el destino de
la humanidad,
que publicarla
en el suplemento
dominical de un
diario de gran
tirada; la duda
de la esperanza
de Dios sobre
los hombres es
revelada en una
mega-película
hollywodense.
Estos son algunos
ejemplos de los
múltiples
temas que toca
esta impecable
obra.
La obra también
acepta distintas
miradas, puede
ser observada
como un brillante
vodeville o también
como un profunda
reflexión
sobre la humanidad.
En ambos casos
no defrauda.
Las actuaciones
de Héctor
Díaz ,
Andrea Garrote,
Mónica
Ralola, Alberto
Suárez
y del mismo Sprengelburd
son simple y sencillamente
excelentes. Que
se puede decir
de estos cinco
actores que interpretan
a veinticuatro
personajes otorgándoles
a cada uno, una
personalidad y
un carácter
profundo y definido.
La escenografía
de Oscar Carballo
es un hallazgo,
tanto en el manejo
espacial como
en la selección
de colores y materiales
para realizarla.
Una habitación
de un hotel de
ruta tiene un
amplio ventanal
y a través
de esa ventanal
se puede observar
un patio externo
y el ventanal
de la habitación
de enfrente. Esto
permite el suceso
de escenas simultaneas,
jugar con la temporalidad
y crear o romper
vínculos
espaciales. La
habitación
crea el clima
de intimidad,
de introspección
y el patio exterior
le da a los personajes
la posibilidad
de convertirse
en voyeurs y a
su vez críticos
de lo que está
sucediendo dentro
del cuarto. Un
verdadero hallazgo.
El vestuario,
diseñado
por Julieta Álvarez,
viste perfectamente
la personalidad
de cada uno de
los personajes.
Las luces de Matías
Sendón
juegan con los
distintos ambientes
y con los distintos
horarios en que
se desarrollan
las acciones con
eficacia.
Muy buena la música
de Nicolás
Varchausky.
“La estupidez”
es una obra brillante,
inteligente y
con una alta excelencia
en todos sus rubros.
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