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“La
zorra y la trampa”
es una versión
libre de Nicolás
Vilnitzky, basada
en la adaptación
de Mauricio Kartun
y David Amitín
de “Volpone
o el zorro”
de Bel Jonson,
dirigida por Andrés
Sahade.
En este espectáculo
existe una gran
diferencia entre
lo que se quiere
decir y se dice,
y entre lo que
se quiere mostrar
y se muestra.
El deseo explícito
de los personajes
por poseer riquezas
no se corresponden
con sus acciones.
La codicia, avaricia,
corrupción
y las mezquindades
de los mismos
tampoco son expuestas.
Pareciera que
hay un gran esfuerzo
por mostrar a
todos los personajes
simpáticos
y graciosos, y
se soslaya el
exhibir su lado
más oscuro,
Entonces la obra
pasa de ser una
crítica
a la codicia humana
a una bien concebida
comedia de enredos.
Dentro de este
marco cumple con
su objetivo de
entretener.
La actriz Micaela
Fariña,
en el papel de
la sirviente Mosca,
logra un gran
trabajo interpretativo.
Transita con eficacia
por las distintas
situaciones por
las que pasa su
personaje. El
recorrido que
hace de sirviente
codicioso, pasando
por amo tirano,
para luego volver
a ser un sirviente
apaleado,
esta lleno de
matices y gracia.
La escenografía
de Rolando Fabián
es funcional,
fría y
aséptica
y contrasta con
el colorido y
alocado vestuario.
“La zorra
y la trampa”
es una obra que
eligió
entretener, con
buenas herramientas,
y no adentrarse
por otros caminos. |