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“El
nombre”
es una obra de
Griselda Gambaro,
con dirección
de Clara Pando.
El nombre propio
es el que se le
da a una persona
determinada para
diferenciarla
de las demás.
Lo que le sucede
al personaje de
esta obra es que
le adjudicaron
muchos nombres:
sus padres le
pusieron María,
cuando tuvo que
cuidar a un niño
pequeño
la llamaron Ernestina,
Lucrecia cuando
ofició
de dama de compañía
de una anciana,
Florencia cuando
fue “muchacha”
en una casa y
la apodaron “la
muda” cuando
estuvo internada
en un neuropsiquiatrico.
Nunca pudo elegir
su nombre y cuando
intento hacerlo
no pudo porque,
su patrona ocasional,
le negó
ese derecho porque
el nombre elegido
por ella era igual
al suyo.
Esta obra bucea
sobre el tema
de la identidad,
de cómo
se puede llegar
a despersonalizar
a un ser humano.
La directora Clara
Pando, realiza
una puesta austera
y conmovedora.
Permite que la
actriz Silvia
Villazaur despliegue
y desarrolle su
personaje a lo
largo de toda
la obra en forma
pausada, permitiendo
que cada frase,
cada gesto y cada
silencio tengan
su propio sentido.
La actriz transmite
ternura y a su
vez rabia y desconcierto
en una labor llena
de sutilizas.
Los objetos que
ocupan el espacio
escénico
son: un banco
de plaza, un carro
donde la mujer
guarda su humilde
mobiliario y dos
cajas de cartón,
ubicadas en el
extremo izquierdo.
El diseño
de luces de Gustavo
Dimas deja al
desnudo la precaria
vida de esta mujer
. Aporta un momento
poético
cuando un débil
rayo de sol da
sobre una raquítica
planta de jazmín.
“El nombre”
es una obra sensible,
con un gran trabajo
actoral de Silvia
Villazur.
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