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“El
lobo” es
una obra concebida
y dirigida por
Pablo Rotemberg.
Un hombre solo
está encerrado
en un cuarto de
baño. Un
baño un
tanto particular,
ya que a los artefactos
comunes que se
encuentra en él:
lavatorio, inodoro
y bidet, hay que
sumarle un piano
vertical y un
pequeño
reproductor de
cassettes.
El hombre utiliza
estos elementos
como apoyaturas,
tanto físicas
como espirituales.
Entabla con ellos
una relación
de amor/odio y
de apego/rechazo.
Sus continuos
cambios y sus
vaivenes emocionales
son expresados
con maestría
por este excepcional
bailarín-actor.
Su cuerpo cae,
se arrastra, se
yergue con gran
plasticidad y
con un completo
dominio del mismo.
Mezcla el humor
con el drama,
lo sublime con
lo prosaico.
A modos de ejemplos:
una feroz pelea
con el bidet es
acompañada
por un bello movimiento
de una sinfonía,
o en el colmo
de su más
absoluta soledad
lava y a la vez
ensucia el baño
cantando una canción
de Cris Durán,
logrando un clima
trágico
y grotesco a la
vez.
Este hombre no
sólo desnuda
su cuerpo sino
que también
lo hace con su
alma y sus sentimientos.
Gime, toca el
piano, canta,
hasta que en un
momento, desnudo,
parado sobre el
lavatorio, arquea
su cuerpo y se
transforma en
un lobo que lanza
un aullido desesperado.
Es estupendo el
espacio escénico
diseñado
por Mirilla Hijman.
La iluminación
de Fernando Berreta
impide que el
hombre oculte
nada.
La banda de sonido
es muy buena.
Se escuchan extractos
de sinfonías
de Gustav Mahler
y de Chaikovsky.
Pablo Rotemberg,
baila, actúa,
canta, toca el
piano y todo lo
hace muy bien.
Pero por sobretodo
brinda un espectáculo
sensible y de
gran calidad artística. |