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Reportaje


ELVIRA ONETTO

CT: Vos trabajaste obras de Briski y de Pavlovsky ¿Cómo fue tu relación con ellos como autores?
EO: En los caso que mencionás -de Tato (Pavlovsky) hice “Pequeños Detalles”- los dos me dieron tremenda libertad para trabajar. Vinieron a un ensayo general y los dos reconocieron su obra y su teatro.
Hay casos en que los autores están asediando al director, queriendo intervenir, no logran largar sus material. Yo no podría largar una obra y que el otro la termine, no podría, por eso no escribo, no soy dramaturga. A mi me gusta armar lo que el espectador va a ver. Pero con Norman y con Tato he tenido una enorme libertad y los dos estuvieron conformes.
En el caso de Ionesco uno de los grandes problemas es el tema de los derechos, como el caso de “Jacobo o la sumisión” que todavía no los tenemos. No vamos a poder seguir con la obra. Ahora estamos cubiertos porque esta puesta se hizo en el marco de la residencia de la carrera de Arte Dramático de la Universidad del Salvador. Pero no sé que pasará más adelante porque no tenemos plata para pagar los derechos de autor.
En cuanto al material en sí, tanto en el caso de Marechal del que dirigí “Las dos caras de Venus”, como en los casos de Briski, Pavlovski o Ionesco, lo que tengo es un profundo respeto por el texto, lo que trato es de buscarle la vuelta y volcar a imágenes lo que dice el texto. No hice versiones ni adaptaciones ni siquiera en los caso en que trabaje obras de Ionesco o de Marechal. Aunque en el caso de Ionesco me hubiera gustado tener otra traducción, pero no la conseguí, porque la cuestión de las traducciones es todo un tema.
CT. Es verdad, es todo un tema, aunque ahora está mejorando muchísimo en cuanto a que hay algunas editoriales que están trabajando en eso. Están publicando traducciones de Rafael Spregelburd, de Lorenzo Quinteros, de Cristina Piña. Hay una nueva traducción de obras de Tennessee Williams, muy argentinas sin alterar la idea del texto.
EO. Y así resultan más cercanas porque los conflictos de Williams son maravillosos pero las traducciones y el lenguaje te limitan, entonces, es necesario que haya una versión nuestra, no una adaptación.
Igualmente, yo prefiero dirigir autores nacionales. Sentir las raíces de lo de uno tiene más importancia. Marechal es un autor impresionante porque universalizó lo nacional. Habla de las cosas de acá de manera tal que logra universalizarlas tanto por el lenguaje como por los temas que toma y no me puedo imaginar un Marechal traducido.
Con respecto a Ionesco, la obra me encantó, pero me quedaron dudas con respecto a la traducción.
Preferiblemente, tendría que hacer un trabajo como el de (Ricardo) Bartis que toma a Arlt o a otros autores argentinos y elabora de otra manera los textos.
CT. ¿Qué autor, que no trabajaste aún, te gustaría hacer?
EO. Un texto de Marguerite Duras, que prefiero no decir cual. Es una novela que estuve trabajando durante unos meses con mi grupo de alumnos y tengo ganas de desarrollar una idea que tengo sobre este texto, el año que viene. Pero antes tengo que dedicarme al tema de pedir los subsidios. Porque yo considero que lo justo es que los actores también reciban su parte. Yo me opongo absolutamente a que no se considere el trabajo de los actores, porque yo también soy actriz y aunque sean dos mangos siempre vienen bien. El trabajo de los actores es enorme, se emplea en ello mucho tiempo y energía, meses y meses. Entonces yo prefiero hacer algo austero, ahorrar en escenografía y en vestuario y así poder darle algo del dinero a los actores.


CT. La obra que querés trabajar de Duras es una novela, ¿vos harías la dramaturgia?
EO. Yo tengo pasión por toda la obra de Marguerite Duras. Sí, se trata de una novela, pero es muy guionada y yo haría la dramaturgia. Tiene sus dificultades porque es un elenco grande, con trece o catorce actores. Que no es difícil encontrar a los actores, el problema es coordinar los horarios y que tengan la disponibilidad.
CT. En lo otro que estás trabajando es en “Un hombre que se ahoga” pero en tu otro rol el de actriz.
EO. Sí, y fue darme cuenta que el actor siempre tiene que estar en actividad aunque no esté actuando. Y la verdad es que no estoy actuando mucho porque no me han convocado, aunque hice cosas en televisión y en cine, en teatro no trabajo desde “Poroto” que fue en el año 2000. Pasaron cinco años en los que dirigí nueve obras. Una barbaridad, algo así como un parto múltiple. Así que ahora estoy haciendo “Un hombre que se ahoga” y que sigue el año que viene en la misma sala y en el mismo horario (Camarín de las Musas – domingos 16.00 hs.), que es el único en el que podemos todos los actores por nuestros compromisos. Es un horario extraño pero lo cierto es que ya no hay horarios centrales dada la cantidad de producción. La verdad que la producción de obras en Argentina es impresionante y de los mejorcito que hay en el mundo. Hay de todo, por supuesto, pero por lo general, el nivel es muy bueno.
CT. Estás actuando y están en escena dos obras dirigidas por vos. Todo esto implica mucho trabajo simultaneo ¿Presencias las funciones de “Jacobo...” y de “Copla”?
EO. Sí, yo sigo trabajando las obras. Voy a todas las funciones y eso marca la diferencia con los directores que estrenan y dejan la obra. Es un criterio. A mí me gusta que lo que yo trabajé se mantenga y si se tiene que modificar lo veo y lo propongo, por eso veo todas las funciones porque por ahí veo que es necesario cambiar cierta propuesta, movimiento, intención. Y muchas veces tiene que ver con lo que van generando los actores con las funciones. Cuando la obra se estrena es de los actores porque ellos la recrean todas las funciones pero como yo voy, lo que veo lo capitalizo o lo cerceno, si corresponde, pero si no va el director eso no se puede aprovechar.

“Yo prefiero dirigir autores nacionales. Sentir las raíces de lo de uno tiene más importancia”
No sabemos cuantos casos habrá en que haya sido necesario realizar un reportaje, a una misma persona y para el mismo medio, dos veces en una semana por cuestiones de fuerza mayor (en nuestro caso, por hurto). Así se dieron las cosas.
Lo cierto es que Elvira Onetto nos recibió dos veces en su casa y nos convidó riquísimos mates con una amabilidad, paciencia y cortesía para destacar y que agradecemos.
En estos momentos está dirigiendo “Jacobo o la sumisión” (en El camarín de las Musas –sábados a las 21.00hs-) y “Copla” (en el teatro Caliban –sábados a las 23.00 hs.) y está actuando en la obra “Un hombre que se ahoga” (Camarín de las Musas – domingos a las 16.00 hs.)
CT. En el reportaje que nos robaron terminamos hablando sobre concepto de resilencia, podríamos empezar por ahí.
EO. Esa palabra denomina un poco lo que Jacobo (se está refiriendo al personaje de la obra de Ionesco “Jacobo o la sumisión”) es, yo creo que es un resilente. Es alguien que a partir de una dificultad supera ese escollo y en realidad logra algo que de otra forma no lo hubiese podido lograr.
En el caso de Jacobo, la dificultad radica en que tiene una familia opresiva, se tiene que casar con alguien –que en un principio- no ha elegido, y, finalmente, logra avanzar y se encuentra con otra resilente a la que le pasa lo mismo. Entonces, él se abre a la posibilidad de conocerse a través de ella que es una persona que padece los mismos sufrimientos que el propio Jacobo.
En realidad, la obra abarca un nivel más amplio que el tema familiar. Ionesco se opone a los mandatos tanto de izquierda como de derecha y sobre todo, y lo más interesante de esta obra es la conclusión en cuanto que tanto Jacobo como Roberta producen algo que no es lo que se espera de ellos.
Ionesco comenta algo con respecto a la fama y es que sin ella no hubiese podido vivir pero tampoco la aceptaba, lo cierto es que Ionesco se resistió a ser una víctima de la fama. Y aquí hay un paralelismo con su personaje Jacobo: también Ionesco logró no ser lo que se esperaba de él.
Lo que las familias de Jacobo y de Roberta esperan es que produzcan. La obra “El porvenir está en los huevos” es la continuación de “Jacobo o la sumisión” y ahí se explicita que el mandato familiar es que produzcan, que pongan huevos –por supuesto que es un absurdo- pero el mensaje es que juntos, la pareja de Jacobo y Roberta, produzcan algo para que los sostengan a ellos.
La idea de resilencia es muy interesante porque –creo- es la única posibilidad que tenemos de resistir al Apocalipsis que estamos viviendo. Al respecto Ionesco dice algo muy interesante, en cuanto sostiene que actualmente podemos llegar a tener un Apocalipsis, pero que sería mediocre porque no obedece a razones elevadas. En “Jacobo...” hay una descripción de una ciudad donde ya no crece la hierba y que a lo lejos se escucha el relincho de un caballo. Ionesco es pesimista, todas sus obras son terriblemente pesimistas, pero si bien sus personajes están vencidos, tienen voluntad y eso es muy importante y tiene que ver con no bajar los brazos ni darse por vencidos, no entregarse nunca
CT: Con esto que estás diciendo se ve mucha pasión por tu trabajo y un pensamiento muy profundo ¿Siempre que elegís tus obras, buscas esto?
EO: Sí, mi manera de expresarme es a través del teatro. Esto lo hago porque es lo que sé hacer.
CT: También estás dirigiendo, en el teatro Caliban la obra “Copla” ¿De qué trata?
EO: “Copla” es una obra de Norman Briski. Es bastante jeroglífica, como todas sus obras. Es muy difícil, pero era cuestión de ponerse a trabajar. En el caso “Copla” fue un proceso lento, porque –en un principio- sólo nos reuníamos una vez por semana por cuestiones de trabajo y luego pudimos intensificar los ensayos. Yo quería hacer ese trabajo y probar y probar hasta que se empezaran a plasmar las cosas. Es una historia de amor entre dos personas muy especiales, dos personas bastante diferentes a todos, en la que también están “los mandatos del amor”.
Es como una obra contada en cuadros, como fotos que se desarrollan. Es muy difícil de contar. No hay un relato lineal. Se trata de una pareja que se encuentra, se conocen, se enamoran, se separan, se vuelven a juntar y se separan y se vuelven a juntar y, cuando termina la obra, uno tiene la esperanza -en ese momento están separados y ella esta con otra pareja- que se van a volver a juntar. La obra no tiene un final cerrado.
Esto resulta interesante porque cuando uno toma una obra de teatro se pregunta cómo terminará, cuál será el final. A mi me gusta trabajar con la idea de segmentos. En la vida nunca se sabe cuál va a ser el final. Por ejemplo el otro día creíamos que el final de la entrevista era la que estaba en el grabador y el final fue otro. Entonces siempre estamos hablando de segmentos. Uno nunca sabe como va a terminar la historia.



 

 
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