LOS MANSOS |
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“Los
mansos”
es una obra con
textos y dirección
de Alejandro Tantanian
sobre motivos
de “El idiota”
de Fedor Dostoyevski.
Esta obra toma
como excusa la
novela “El
idiota”
de Dostoyevski
para plasmar en
escena la forma
en que escribía
este autor. Dostoyevski
incorporó
a su literatura
hechos de su vida
personal, trasladados
casi literalmente,
convirtiéndolos
en parte de la
ficción
que estaba escribiendo.
Y esto aparece,
maravillosamente
trabajado, en
la puesta de “Los
mansos”.
De pronto, los
actores cuentan
cosas de sus vidas
o del propio Tantanian
(como, por ejemplo,
cuando cuentan
donde nacieron
o hablan de sus
abuelas), en un
perfecto juego
de alternancias
con la historia
de “El idiota”
y más aún:
en un momento
la actriz Stella
Galazzi, y en
un increíble
enroque de narradores
al mejor estilo
de Cortázar,
toma el rol de
esposa de Dostoyevski
y cuenta lo que
le sucedió
al marido ante
el cuadro “Cristo
en el sepulcro”
de Holbein el
joven y como ello
desencadenó
en el escritura
de “El idiota”.
“Los mansos”
es una obra profundamente
conmovedora. Se
plasma en escena
la esencia de
los más
humano del ser
humano desde el
lugar del sufrimiento.
Que si bien todo
esto atraviesa
la obra, hay dos
momentos que se
plasman en imagénes/metáfora
de una manera
poética
y contundente:
cuando aparece
en escena la proyección
(también
está pintado
en una de las
paredes de la
pileta) el cuadro
de Holbein el
joven del que
hacíamos
referencia y el
momento en que
el idiota –Myshkin-
luego de un ataque
epiléptico,
cuenta los cinco
segundos que dura
la agonía
y que esa agonía
no es más
que belleza, que
de tan pura, de
demorarse un segundo
más, mataría.
En cuanto a las
actuaciones, estamos
acostumbrados
a los muy buenos
trabajos de Stella
Galazzi (Nastasia)
y de Luciano Suardi
(Rogojin), que
aquí realizan
un trabajo extraordinario.
Pero completa
el elenco Nahuel
Pérez Biscayart,
un actor muy joven
y sumamente talentoso
y nada menos que
en el rol de Myshkin
–el idiota-,
de una expresividad
y una capacidad
de conmover que
sorprende. Una
acertada decisión
de Tantanian en
la selección
de los actores
para esta puesta
tan bellamente
particular.
El espacio de
“Los mansos”
es de lo más
insólito,
pero ya no podríamos
pensar la obra
en otro lugar.
Es un gran galpón
con una “pileta”
en el medio, donde
transcurre la
mayor parte de
la obra. A la
derecha tiene
como una pequeña
terraza, que también
se utiliza. Y
también
hay que destacar
la paredes, en
cuanto que están
pintadas y despintadas
de manera tal
que da un perfecto
encuadre a esta
obra.
Con respecto al
diseño
de iluminación,
realizado por
Jorge Pastorino,
estamos ante un
gran hallazgo.
En esta puesta
no se ve ni un
solo artefacto
lumínico
pero los actores
están perfectamente
iluminados y la
luz se proyecta
en la pared de
enfrente de la
platea (de la
mitad hacia arriba
y con mayor intensidad
en el borde inferior
y bajando gradualmente
hacia el techo).
En ocasiones los
colores son netos
y bien definidos
y en otras gamas
complementarias,
lo cierto es que
dan un marco de
belleza tal a
las imágenes
que no se puede
dejar de pensar
en la iluminación
sino como si fuera
el aura o la luz
del alma de los
personajes.
“Los mansos”
es una obra increíblemente
bella, profundamente
conmovedora, y
ya entrañable
como hito: imperdible. |