LA ANCIANA
HEROÍNA |
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“La
anciana heroína”
es una obra escrita
y dirigida por
Leonardo Echenique.
Una mujer sufre
una extraña
enfermedad: se
convierte en distintas
personas, a tal
punto que siente,
piensa y habla
como si realmente
fuera otra u otro,
según el
caso. Pueden ser
personas vivas
o muertas, personajes
históricos
o del común
de la gente.
Un médico
intenta curarla.
No por el hecho
de sacarla de
su enfermedad,
ni por probar
que su tratamiento
es el adecuado,
sino porque esa
enfermedad lo
seduce y lo saca
de su eje.
La mujer y el
médico
se recelan, desconfían
uno del otro.
Entre los dos
se entabla una
lucha entre un
mundo irreal,
difícil
de asir y otro
real, sólido,
compacto, pero
en el fondo, ambos
frágiles,
como sus personalidades.
La mujer sabe
que su enfermedad
ya es ingobernable
para ella, pero
se resiste a curarse
porque siente
que esa enfermedad
la resguarda de
sus propios dolores
y angustias. Le
resulta más
fácil sufrir
la vida de otros
que la propia.
El médico
no duda en mentir
y en manipular.
Él también
esconde, detrás
de su máscara
de doctor, otra
personalidad:
tarda de en admitirlo,
pero cuando lo
hace se derrumba.
En medio de ellos,
un tercer hombre,
sufre embates,
tanto de la mujer
como del médico.
Es tironeado por
estos dos mundos.
El hombre cambiará
de opinión
constantemente,
cavilará
y será
objeto de manipulaciones
por ambas partes,
quiere, protege
y admira a la
mujer pero siente
que su propio
mundo se torna
inseguro si ella
no se cura y admite
a regañadientes
los métodos
del médico.
Lo obra, por momentos
críptica,
plantea variados
interrogantes
y deja a cargo
del que la observa
las respuestas
a los mismos,
pero corre con
el riesgo de quedar
encerrada en sus
propios códigos,
ya que requiere
del espectador
no perderse detalle
cada palabra y
de cada gesto,
porque cada uno
de ellos está
cargado de simbolismos,
y hay muchas palabras
y muchos gestos.
Las actuaciones
son buenas. La
actriz Griselda
Álvarez
transmite a un
tiempo la fortaleza
y la fragilidad
de su personaje.
El médico
interpretado por
Sebastián
Richard logra
momentos muy intensos,
sobre todo cuando
se da cuenta que
él también
se esconde detrás
de un personaje.
La inseguridad
y el desamparo
del Otro son expuestos
con ternura por
Sergio Pérez.
Un ámbito
oscuro y neblinoso
se transforma,
a medida que transcurre
la obra, en el
mundo cerrado
y opresivo en
el que se mueven
estos personajes.
Seis cubos de
color negro, de
diferentes tamaños
dispuestos en
forma oval, delimitan
un pequeño
espacio en donde
ocurre gran parte
de la obra. Se
asemeja a una
fortaleza en que
los personajes
están protegidos
del afuera. Cuando
salen de ese espacio
todo se transforma
en incierto para
ellos.
Las luces son
blancas, frías,
sólidas
y geométricas.
Al igual que con
la escenografía,
en ellas se instalan
los personajes
para estar seguros
y afirmarse en
sus ideas, fuera
de ellas son vulnerables.
El excelente vestuario
tiene reminiscencias
a los hábitos
de los monjes
negros.
La Valse Triste
de Jean Sibelius
es utilizada con
buen criterio,
enmarcando uno
de los momentos
más intensos
de la obra.
“La anciana
heroína”
es una obra interesante,
impecable en su
aspecto formal
y que requiere
una finísima
atención
por parte del
espectador. |