UNA DE RISA
“Martinica” es una obra con dramaturgia y dirección de Gustavo Lista.
Un hombre, totalmente vendado, espera pacientemente ejecutar una venganza. El objeto de la venganza es muy extraño: un volcán. La forma en que ejecutará su venganza es un gran misterio y lo secundan en esta empresa un geólogo francés y un fiel ayudante ruso.
En la obra se entretejen el misterio, la comedia musical, peleas de catch (calido homenaje a “Titanes en el Ring”) y hasta un pasaje de “El Quijote de la Mancha”. El hilo que une todo, es el humor, un humor ingenuo y absurdo, que produce la risa apelando al ingenio y a la inteligencia.
Gustavo Lista como director acentúa la ficción y deja bien en claro que lo que se ve es pura imaginería y que los personajes son estrictamente eso: personajes.
A los actores se los observa cómodos, jugando con gracia sus roles, que son: un ruso que añora el frío, que se la pasa leyendo un libro infantil y siempre está a punto del llanto por su problema capilar (Luciano Cohen), un geólogo francés despistado y enamoradizo (Diego Recagno), un hombre vendado misterioso, indescifrable y de muy pocas pulgas (Leopoldo Barbieri) y la que da nombre a la obra Martinica (Griselda Layño), en un personaje con un destino que no develaremos en esta crítica.
La escenografía es sencilla y funcional a la propuesta: aforo se observa un gran sillón de mimbre, (en donde el hombre vendado deposita su maltrecho cuerpo), a cada costado del sillón dos misteriosas máscaras están colgadas en dos cortinas (también de mimbre); adelante y a la derecha una pequeña tarima con una baranda da la idea de un balcón, desde donde se observa al colosal enemigo.
La banda sonora combina melodías con clima de misterio junto a otras románticas y sumamente empalagosas.
El vestuario acentúa el estereotipo de cada personaje: vendaje tipo momia para el vengador, el geólogo trae la reminiscencia de un boy-scout, el ruso no se siente como con camisa hawaiana y bermudas, y la bella Martinica, esta vestida como una nativa… al estilo Hollywood.
“Martinica” es simple y rotundamente “una de risa”, con acertadas dosis de aventura y fantasía. Por ese motivo se transforma en un “programa” ideal para un domingo a la tarde.