¿Y LA TEATRALIDAD?
“Crave” es una obra de Sarah Kane, traducida por Jaime Arrambide y dirigida por Cristian Drut.
Se trata de cuatro actores sentados en sendas sillas, todos en la misma postura, todos inmóviles todo el tiempo, que dicen un texto bellísimo, absolutamente poético, de una profunda reflexión existencialista que reflexiona sobre la soledad, la incomprensión, la incomunicación y los temas propios que aborda Kane (infertilidad, desamor, etc.).
Está trabajado a modo de coreutas, se dice el texto de una manera absolutamente sincronizada y respetando la lírica del mismo.
Ahora bien, cabe preguntarse qué se busca con este tipo de puesta en escena en la que los actores dicen correctamente un texto, que lo mismo podría ser una puesta semimontada, teatro leído o, simplemente, radioteatro. Porque en varios, pasaje, y conociendo el texto, llevaba la obra a cerrar los ojos, no ver, porque nada pasa en escena, y escuchar y disfrutar de un texto.
Esta puesta de “Crave” es sólo eso: un texto bien dicho donde en escena no pasa nada. Ni siquiera acompaña la proyección de imágenes de color y forma, que nada tienen que ver con lo que se dice, sólo es complemento, como para poner algo.
Es una pena la decisión del director de desperdiciar un texto y unos actores (de los que conocemos su trayectoria) en una puesta, que si quiso ser “moderna” se le fue de las manos.