VARIACIONES
MEYERHOLD |
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“Variaciones
Meyerhold”
es una creación
de Eduardo Pavlovsky.
La peculiaridad
de esta obra
es que no hay
un texto escrito,
sino que Eduardo
Pavlovsky, en
la interpretación
de Meyerhold,
improvisa seleccionando
de los pasajes
de la vida de
este genial
artista, la
defensa de sus
ideas cuando
se apresado,
acusado, torturado
y luego fusilado.
Lo
más interesante
de esta puesta
sobre Meyerhold
es que se va
más allá
de la narración
de hechos, se
transmite la
vehemencia,
la pasión,
el dolor, la
alegría,
la dignidad
de un hombre.
Estos estados
emocionales
están
en la obra y
es lo que trasunta
a través
de la excelente
creación
de Eduardo
Pavlovsky,
que logra llegar
no sólo
a la esencia
de Meyerhold
hombre, sino
que indefectiblemente
–y al
mejor
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estilo Meyerhold-
nos involucra,
involucra al público
en cuanto es imposible
no reconocer nuestra
historia en la
historia de ese
hombre, como así
también
los guiños
que propone con
respecto a nuestra
escena actual.
Todo muy meyerholdiano.
La obra comienza
con un bellísimo
e impactante juego
de luces y sonido,
que recorren el
escenario y la
platea, se desplazan
de manera intermitente
luces rojas con
govos, en forma
de enrejado, y
todo este despliegue
está acompañado
por efectos sonoros
violentos, marcando
así el
apresamiento de
Meyerhold a la
vez que no podemos
dejar de asociarlo
con los operativos
de la dictadura
militar en nuestro
país.
Más allá
de este comienzo,
todo el diseño
de luces, realizado
por Leandra Rodríguez,
es impecable.
Acompañando
la idea de teatro
despojado (es
decir: lo esencial
es el actor y
todo lo demás
puede ser obviado)
que propone Pavlovsky/Meyerhold
(en escena sólo
hay una silla).
Predomina la iluminación
de piso, a los
costados del escenario
hay tres focos
de cada lado (acompañados
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por los complementarios
de parrilla) formando
un cuadrado cuyo
centro es la silla
y que se va encerrando
a medida que transcurre
la obra. Asimismo,
también
hay que destacar
los momento oníricos
que son reforzados
a través
de luces violetas,
creando el clima
propicio.
Esta obra es un
acto de generosidad.
Más allá
de las imágenes
bellas, conmovedoras
y por momentos
divertidas, Pavlovsky
lográ ser
Meyerhold y así
transmitir, sin
ser pedagógico,
una clase de actuación,
una lección
de lo que significa
defender las propias
ideas, tanto en
el campo de la
creación
como en el ideológico;
en resumen: la
dignidad de un
hombre ... genial.
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