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EDUARDO
PAVLOVSKY
“YO CON MEYERHOLD SALGO A PELEAR CON PASIÓN”
Eduardo
“Tato” Pavlovsky es médico,
psicoterapeuta, dramaturgo y actor.
Entres sus obras se destacan: “Telarañas”,
“Potestad”, “El Sr.
Galíndez”, “Rojos
globos rojos” y “Poroto”.
Este reportaje lo hicimos a propósito
de su obra “Variaciones Meyerhold”,
actualmente en funciones en la Sala
Solidaridad del Centro Cultural de la
Cooperación (viernes a las 20.45
hs.).
Lo realizamos un lunes al atardecer
y nos recibió en la sala de su
casa. En realidad, tuvimos el privilegio
de que nos hiciera una improvisación,
una función para esta revista
de “Variaciones Meyerhold”,
a punto tal que para la próxima
entrevista llevaremos cámara. |
CT.
¿Por qué
Meyerhold?
EP.
Desde el ’60
que vengo haciendo
teatro, siempre
de una manera
marginal, y de
la marginalidad
pasé a
hacer teatro afuera,
quiero decir,
la marginalidad
no me sacó
internacionalidad.
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CT.
¿A qué se
refiere Ud. cuando habla
de marginalidad?
EP.
Te lo voy a definir: para
mí marginalidad
significa estar afuera
de los circuitos oficiales.
Estoy afuera porque de
lo contrario perdería
la función crítica.
Es una elección.
No puedo hablar mal de
Kive Staiff si Kive Staiff
es el director del teatro
que me paga un sueldo
y lo mismo con el Cervantes.
CT.
Te interrumpimos...
EP.
Durante muchos años
fui construyendo una manera
de pensar que me fue dando
una especie de artesanía
de cómo hacer teatro
-creo que lo he logrado,
tanto aquí como
cuando hago mis obras
afuera- que es un teatro
del despojo. Si voy a
hacer las obras que más
me piden en los festivales:
Potestad, La muerte
de Margueritte Duras y
Variaciones Meyerhold,
para las tres, llevo una
silla.
Yo soy de los que creen
que el teatro puede mantenerse
en cuanto no imite, en
cuanto que el actor sea
protagonista, que con
una silla y un actor se
pueda hacer teatro. La
escenografía, las
luces, la música
son importantes, pero
en el cine también.
Yo definiría mi
teatro como un teatro
de despojo. Yo te hago
Potestad acá, Margueritte
Duras acá y Meyerhold
acá (señalándonos
la sala de su casa) y
esta noche. Por supuesto
que mi hijo, que me dirige,
me diría que necesito
luces, etc. Yo no niego
eso, pero cada vez me
he despojado más.
Y he visto que el teatro
se ha modernizado –estas
son opiniones mías-
de una manera que tiene
un estilo más televisivo,
que ha perdido la singularidad
de la potencia, la potencia
del actor.
Bueno, esta es una cuestión
general.
Meyerhold me interesó
porque yo ya había
leído algo de él.
Muchos dicen que lo han
leído, pero fuimos
pocos los que lo hicimos,
y la prueba es que dicen
que lo han estudiado bien,
profundamente, no sé
dónde; pero hablaban
de fechas que no coincidían,
por ejemplo, la KGB abrió
los archivos en el ’93
y los que decían
que lo habían leído
sostenía que sabían
como había muerto
en el ’45. Muy argentino
eso.
CT.
Imposible, Meyerhold,
después de su muerte,
fue borrado, no se podía
nombrar, sus textos habían
desaparecido.
EP.
Sí, sí,
fue borrado. Te voy a
decir, hace poco vino
a verme, hace unos veinte
días, un director
inglés que dirige
en Rusia, y me preguntó
por qué yo hacía
Meyerhold, si en Rusia
no le dan pelota.
CT.
¿Hoy en día?
EP.
Hoy. Y me dijo que habló
con los directores de
allá y que llamó
mucho la atención
y en el 2007 van a llevar
Variaciones Meyerhold.
Se preguntaban cómo
a un argentino se le ocurrió
hacer Meyerhold.
CT.
¿Y cómo
se le ocurrió a
Ud.?
EP. Bueno,
se me ocurrió por
varios motivos. Hay un
libro mío que se
llama “Micorpolítas
de la Resistencia”,
es de Eudeba, donde yo
escribo artículos
sueltos; ahí escribí
a raíz del levantamiento
de los archivos de la
KGB en el ’93 y
lo que fue el martirio
de este pobre hombre y
que en realidad no fue
por causas políticas.
De los creadores del teatro
ruso moderno: Vajtangov,
Stanislavski y Meyerhold,
él fue el único
afiliado al Partido Comunista,
era muy comunista. Pero
también era un
hombre de una tremenda
cultura europea, sensible
a muchas cosas y eso hizo
que empezara a hacer constante
experimentación
que no coincidía
con la línea dura
del realismo socialista
y empezaron a mirarlo
como extraño. El
no concebía que
podría ocurrir
algún problema
por una cuestión
estética, y no
fue así.
Ya en el ’24, cuando
estaba haciendo El Inspector
de Gogol, y ya había
recibido el premio al
mejor director de la Unión
Soviética, por
Molotov, él desvió
un poco el tema de la
publicidad comunista,
que él también
la había hecho,
hacia lo que pasaba en
la cabeza del pueblo ruso
después de siente
años de Revolución.
Eso fue vivido como una
alerta.
También era un
experimentador, un gran
músico –muy
amigo de Prokofiev- tenía
una idea física
y cultural del teatro
que superaba en amplitud
al resto. Stanislavski
es un gran artesano del
teatro, seguramente un
monstruo por lo que ha
hecho, pero visto a la
distancia, daría
la impresión de
que Meyerhold fue un loco
genial. Era un loco de
la intensidad (yo lo digo
en la obra: “bullicio,
bullicio”) y experimentaba
y experimentaba, algunos
lo seguían y otros
salían corriendo.
A raíz de El Inspector
y otras varias cosas,
a partir del ’30,
empezaron a sacarle cada
uno de los teatros donde
trabajaba y pasó
de ser el mejor director
a nada, a cero. Hasta
le sacaron el Teatro Imperial,
que era un teatro chiquito
que él tenía
para experimentar.
Esto es lo que se ve en
la obra. Un genio ingenuo.
Cuando lo invitan, en
1939, al Congreso de Directores
de Escena lo pulverizan,
lo humillan. Tenía
mi edad, no mi edad de
fortaleza, porque a él
lo habían deshecho
a golpes, le pegaban de
diez a doce horas por
día para que firmara
que era anticomuinista,
trotskista, conspirador
alemán; el tipo
firmaba y hubiera firmado
más. En una carta
a la carcel, la mujer
le dice: “no confundas
el Molotov del ’24
con el Molotov del ’39,
no seas ingenuo”.
Es un crimen monstruoso,
porque no fue un crimen
político, fue un
crimen que han tratado
de ocultarlo porque los
stalinistas no lo pueden
explicar.
Yo leí este martiroloquio
en un libro inglés.
A mi no me importa tanto
la historia de la vida
de Meyerhold. En Uruguay
hicieron toda la vida
de Meyerhold, duraba tres
días la obra, la
hicieron intelectual,
no fue nadie; y acá
va a venir gente y mucha.
En cambio yo la tomo desde
la perspectiva de un tipo
que está preso
y que lo han humillado,
era muy narcisista: se
creía genial, lo
humillaron delante de
sus alumnos, sus alumnos
lo humillaron. Esa indignación
es el tono que yo le coloco
a la obra: el tipo está
indignado, casi se querría
agarrar a trompadas. Porque
no solamente atacaron
el teatro -transformándolo
en futurista, porque no
hacía realismo
socialista- sino que además
atacaron
los pilares del teatro
de él, como era:
la improvisación,
la biomecánica,
la imaginación.
Hay un libro de Trotsky,
es extraordinario, no
lo han leído muchos,
que se llama “Literatura
y Revolución”
donde dice que el mejor
comunista es el que puede
pensar más libremente,
que el comunismo es eso:
la libertad de pensamiento.
Esto es lo que Meyerhold
defiende.
Ahora
¿qué hice
yo? Tomé ciertos
mojones de Meyerhold,
aquellos con los que coincido.
¿Qué iba
a hacer: un trabajo científico
o teatro? Entonces me
decidí por los
mojones por los cuales
había sido atacado.
Muchas
cosas las digo polemizando
con los de acá,
por ejemplo cuando digo:
“hablándole
al oído como marionetas”
que es lo que hace Bartís,
que es un gran director,
que les habla al oído
a los actores. Pero lo
decía Meyerhold,
no es que yo invento.
Lo que pasa es que yo
pavlovskizo a Meyerhold.
Es tan así, que
cuando subo a la platea,
que no es invento
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mío, es una cosa del teatro
de la convención consciente,
Meyerhold subía, sus actores
subían , para hacer ver que
el público era motor del
teatro.
Tal es así, que en La Nación,
que habló bien de la obra,
dice lástima que Pavlovsky
hace una improvisación donde
sube a la platea, y eso no es Meyerhold.
CT. ¿Por
qué ahora Meyerhold?
EP.
Es una pregusta difícil,
pero yo te la podría responder
teóricamente. La vida de
un tipo como yo está llena
de lo que (Gilles) Deleuze, filósofo
francés, diría afectaciones
o afecciones. Es decir, en un momento
determinado a mí me afectan
ciertas cosas, en otro momento de
mi vida me afectan poderosamente
otras. Yo estudié mucho sobre
el represor. Siempre aparece de
alguna manera la tortura en mis
obras.
CT. ¿Cómo fue
el proceso de creación de
Variaciones Meyerhold?
EP. Es un proceso que tardó
porque es muy difícil el
personaje. Lo leímos entre
varios. Lo improvisé mucho.
En un momento dado empezé
a improvisar y no sabía si
era el Papa o Meyerhold, después
lo fui llevando hacia Meyerhold.
Hubo muchas escenas muy buenas que
suprimimos. Tuvimos que hacer una
síntesis de todo eso, pero
la síntesis es jugada. Primeramente,
la obra no tiene texto. Yo tocó
temas y los defiendo improvisando.
Aprovecho las condiciones mías,
que son muy meyerholdianas.
Meyerhold es el que dice que el
director debe buscar el cuerpo del
actor como musical, como armonía,
como pensamiento; tiene que buscarlos
en los libros, tiene que preparalo
físicamente en tensión
porque cada movimiento del cuepro
involucra todos los músculos,
pero no para hacer gimnasia, sostiene
Meyerhold, después los mandaba
a leer a Goethe, a Racine, a Molière,
a escuchar música; quería
un hombre integral, no quería
actores que leen libretos. Y eso
pasa un poco acá, la cultura
de los muchachos de teatro, a veces
dista mucho de la ideal, faltan
verbos en los actores.
Después empezamos a unir
las cosas. Vino Martín (Pavlovsky),mi
hijo, que es un músico muy
bueno, Meyerhold también
era músico, y se metío
a hacer indicaciones que me interesaron;
puso la música, la iluminadora
(Leandra Rodríguez) –que
es muy buena-.
Yo estoy muy contento.
CT.
Variaciones Meyerhold ¿ya
se hizo en Cuba?
EP.
Sí, lo que pasa es
que soy muy amigo del Gobierno
de Cuba y me pidieron que
fuera a hacer Margueritte
Duras, Potestad y un laboratorio.
Yo que lo |
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conozco
mucho a Prieto, Ministro
de Cultura de Cuba, le dije que
no quería crearle ningún
conflicto ni él ni a Retamar
y que si iba a hacer un laboratorio,
lo iba a hacer sobre Meyerhold y
Meyerhold fue asesinado por Stalin
y me dijo que fuera para allá
a hacer lo que quisiera. Y lo hice,
fue mucha gente al laboratorio.
Es ese momento estaba muy a los
comienzos, por ejemplo me acuerdo
que hacía una cosa como que
me estaban pegando. Estaba en pleno
proceso, eso fue lo más interesante
del laboratorio en Cuba.
En Cuba me dieron un libro sobre
la vida de Meyerhold y decía
que en el año 1939, Meyerhold
había desaparecido, cosa
que he encontrado en muchos libros,
y le dije a la cubana, que es muy
amiga, que no podía recibir
el libro porque no se había
ido a Crimea a veranear, no había
desaparecido, había sido
asesinado.
CT. Entonces, parte del proceso
de creación fue Cuba.
EP. Sí, pero además
con esta obra yo hice una cosa que
no hice con otras: hice muchas improvisaciones
con gente: en canal à, a
los comienzos. En el Congreso de
Dubatti de octubre del año
pasado, que más bien fue
un monólogo, para un Congreso
de residentes de psiquiatría,
en un Congreso de drogadicción,
en Mar del Plata, en Rosario, después
lo hice en el IFT para Zamora y
para un grupo de psicodrama, también
en el Cervantes -como parte del
día mundial del teatro-.
Hice ocho o nueve veces el ejercicio
dramático.
CT. Nos fuimos de tema y nos
quedó pendiente el por qué
ahora.
EP. Sí, te decía.
Yo capté algo que dice Delueze
muy claramente ¿qué
te afecta con este hombre?. Es lo
que ustedes vieron en Variaciones
Meyerhold.
Me afectó eso de Meyerhold
de defender su teatro. En la obra
yo improviso y digo: ¡sesenta
años haciendo teatro y estos
hijos de puta vienen y me dicen
esto!, ahora voy a hablar yo, me
atacaron a la imaginación
creadora que es el arma de la Revolución,
me atacaron la improvisación!.
Yo estoy indignado todo el tiempo.
Uno va cambiando, pasan cosas en
la vida de uno, hay ciertas cosas
que te afectan profundamente a los
cincuenta, a los sesenta, pero no
a los setenta y este tipo tenía
por ahí. Yo estoy aquí
con ustedes de casualidad. Escribí
“Telarañas” en
el ’77 y me vinieron a buscar
veinte tipos encapuchados y salí
a toda velocidad y me metí
en un lugar imposible de encontrarme.
Yo también estoy metido ahí,
también está la dictadura.
En un momento yo digo: cuando yo
hablé nadie se dio vuelta
para mirarme, había olor
a miedo y agrego: nosotros sabemos
lo que es el olor a miedo. ¿Quién
dice eso? ¿Yo o él?.
Hay otro momento muy interesante
que es cuando voy a la platea y
toco a alguien y digo: todo lo que
le debo a ustedes, las cosas que
han hecho; por ahí agrego:
no sé que me pasa, pero hay
como algo de final, una despedida.
Es Meyerhold el que está
hablando, pero a nivel Stanislavski,
es Meyerhokld pero soy yo. Tal es
así que mucha gente me ha
preguntado si me pasaba algo.
A mí me divierte mucho, en
realidad estoy contento, porque
a mí me afecta mucho Meyerhold,
me afecta mucho la libertad y me
afecta mucho algo por lo cual uno
lucha con la vejez que es la pasión.
Es decir, no es lo mismo tener 71
años y jugar a las bochas
que estar apasionado por salir a
pelear y yo con Meyerhold salgo
a pelear con pasión, con
ganas y las ganas te hacen vivir,
me afectó en la medida de
un tipo con ganas de pelear por
sus ideas.
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CT.
En la obra usted dice, citando
a Meyerhold, que algunos jóvenes
se dieron vuelta a mirarlo,
cuando todos |
lo estaban atacando y que esos
jóvenes salvarían
al teatro ruso. Haciendo un paralelo,
¿cómo ve usted a la
gente joven que está haciendo
tan buen teatro en Buenos Aires?
EP. Yo creo que el fenómeno
del teatro argentino es un fenómeno
excepcional, singular y mundial.
Pero no solamente acá. Cuando
me invitan a una Provincia a dar
una conferencia, aparecen muchos
elencos, en las condiciones más
increíbles. Ahora ¿por
qué lo hacen? Tengo una explicación,
lo hacen porque hay una necesidad
en el teatro de un encuentro solidario
grupal, donde el grupo busca la
identidad cultural: ¿quién
soy yo? ¿quiénes somos
nosotros? ¿para qué
vivir? Es la búsqueda de
sentidos, los sentidos hay que producirlos,
no vienen solo de una interpretación
psicoanalítica. Hay que producir
sentidos. Una cosa sería
que uno le diga: esto es así
y otra cosa es un acto simbólico
donde producís sentido.
CT. Hemos leído en un
artículo de su libro “Micropolítica
de la Resistencia” que Ud.
hacía teatro para conocer
y entender el mundo ¿sigue
pensando lo mismo?
EP. En realidad, para ser sencillo,
yo hago teatro porque me gusta.
Porque me hace sentir vivo e inmortal
en el escenario, en el escenario
se rompe el tiempo. Pero no hay
duda de que en el inconsciente social-histórico
cualquier obra mía está
tocando temas inherentes a la represión,
como decía Cortázar,
el coágulo siempre está
cargado de contenido de ese tipo.
Pero a mi el teatro me ha dado mucho.
El teatro, los ensayos, mostrar
la orfandad, la desesperación,
el caos, la angustia, la despersonalización,
la búsqueda; todo eso me
ha dado a mí una experiencia
enorme para no ser un intelectual
que está metido en sus observaciones.
A mí el teatro me ha dado
mucho, mucho, mucho.
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