Un
adentro aséptico.
Un afuera contaminado.
Un adentro donde
se pueden decir
las cosas más
terribles casi
sin producir dolor.
Un afuera donde
la promiscuidad
no se esconde.
Un adentro con
palabras y gestos
que enmascaran
otras palabras
y gestos, sin
poder discernir
cuales son verdaderos.
Un afuera donde
se muestra todo
y no queda lugar
para la mentira.
Un adentro que
observa, fisgonea
para no poder
perderse detalle
de ese afuera.
Es muy interesante
el planteo del
dramaturgo, Hernán
Costa, que mediante
esta obra nos
devuelve el espejo
de una
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LAS GUARDIANAS |
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parte de la
sociedad que
elige encerrarse
en su mundo
y solo espiar,
sin contactarse
con lo que le
pasa al resto
de la sociedad.
Una madre, un
hijo y una acompañante
terapéutica
tejen sus relaciones,
de manera artificial
con diálogos
a veces absurdos
y situaciones
que se acercan
a lo inverosímil
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pero
nunca dejan
de interesarse
por lo que ocurre
en la estación
de trenes ubicada
en frente de
su ventana.
La directora
Silvia Goldstein
logro imprimir,
tanto en las
actuaciones
como en los
demás
rubros, el tono
justo a esta
riesgosa propuesta
creando un mundo
artificioso.
María
Elena Mobi,
Verónica
Cosse y Hernán
Costa transmiten
acertadamente
el mundo interno
de estos personajes,
que esconden
más de
lo que muestran.
Espectáculo
que nos muestra
sin concesiones
una de las caras
más horribles
del ser humano:
el cinismo.
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