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Lo
político, una categoría semántica
Las
características del teatro argentino
en la postdictadura llevan a redefinir
las relaciones entre escena y política
y a ampliar el concepto de lo político
en sí mismo. A partir de diversos
aportes del campo de los estudios y
la teoría política clásica
y moderna (M. Weber, M. Foucault, N.
Bobbio, C. Schmitt, A. Vázquez
Sánchez, M. Prélot, M.
Stoppino, P. Bourdieu, entre otros),
elaboramos una concepción de
lo político como categoría
semántica que resulta adecuada
para pensar la multiplicidad política
de la teatralidad. Sostenemos que política
es toda práctica o acción
textual (en los diferentes niveles del
texto) o extratextual productora de
sentido social en un determinado campo
de poder (relación de fuerzas),
en torno de las estructuras de poder
y su situación en dicho campo,
con el objeto de incidir en ellas, sentido
que implica un ordenamiento de los agentes
del campo en amigos, enemigos, neutrales
o aliados potenciales. Según
se desprende de esta concepción,
la semántica política
de un texto dramático se genera
a partir de la triple intentio señalada
por U. Eco: del sujeto de la enunciación
externa (intentio auctoris), del texto
en sí (intentio operis) y de
la actividad del receptor (intentio
lectoris). El entramado de los diversos
niveles textuales en la formulación
de una micropoética genera una
semántica política compleja
a la que es posible aplicar la estructura
de análisis de acción
sintáctica propuesta por A. Greimas:
qué sujeto lleva adelante la
praxis, con el objeto de incidir dentro
de qué campo de poder y de qué
manera, qué valores lo mueven
(destinador) y qué valores futuros
se consolidarán si consigue el
objeto (destinatario), cómo su
acción genera ayudantes (amigos)
y oponentes (enemigos). Esta semántica
estructural puede sintetizarse en una
serie de preguntas básicas: qué
campo de poder, quién discute
dentro del campo de poder, a quién,
qué discute, desde qué
concepción presente y futura
de valores, con la ayuda de quiénes
en tanto aliados (a favor) y contra
quién. En los últimos
años se oye decir a algunos teatristas
que ha “regresado” el teatro
político, estimulados especialmente
por los sucesos sociales de diciembre
de 2001. Si bien es cierto que ha habido
un cambio en la dinámica social,
que se manifestó en la salida
del presidente De la Rúa del
poder, ¿cómo proyectar
estos cambios al teatro, desde siempre
un espacio de acontecimiento político?
Si bien es cierto que las prácticas
teatrales entraron en diálogo
con las nuevas formas de subjetividad
social, ¿cómo sostener
que regresó al teatro algo que
nunca se fue? La experiencia y el análisis
del teatro mundial en las últimas
décadas nos ha enseñado
que todo teatro es político.
En consecuencia, es mejor no usar el
término “teatro político”
como categoría inmanente de descripción
de poéticas porque no es válido
en tanto rótulo o tipo de clasificación
que pretenda distinguir un teatro político
de otro que no lo es. La idea de que
hay “modelos” de “teatro
político” ha fenecido hace
tiempo. Lo político está
por todas partes: es rizomático
(Deleuze-Guattari). A la verticalidad
de los “modelos” la ha reemplazado
la horizontalidad y el carácter
complejo de lo rizomático. Complejo
en el sentido etimológico: com-plexus,
“lo que está tejido junto”
(Morin 2003). Lo político involucra
todas las esferas de la actividad teatral
y es pertinente hablar, entonces, de
la capacidad política del teatro,
de
1)Nos
ha resultado especialmente productiva
la reflexión de Norberto Bobbio
en torno de la tipología moderna
de las formas de poder (Bobbio, 1997,
pp. 1216-1217). Bobbio afirma que “con
el objeto de encontrar el elemento específico
del poder político, parece ser
más conveniente el criterio de
clasificación de las varias formas
de poder que se basa en los medios de
los cuales se sirve el sujeto activo
de la relación para condicionar
el comportamiento del sujeto pasivo
(…) La distinción de tres
tipos principales de poder social [permite
distinguir] tres subsistemas principales
del poder: la organización de
las fuerzas productivas, la organización
del consenso y la organización
de la coacción”. La relación
entre la categoría de lo político
y su vinculación con un concepto
ampliado de poder es el fundamento para
la caracterización semántica
que proponemos a continuación.
sus
múltiples posibilidades de producir
sentido y acontecimiento políticos
en todos y cada uno de los órdenes
de la actividad teatral. Es político
incluso el teatro que no sabe que lo
es. Si el sentido político de
una pieza teatral se genera a partir
de las tres intencionalidades señaladas
por U. Eco: la del creador (o intencionalidad
del autor), la del texto en sí
(o intencionalidad de la obra más
allá de su autor) y la de la
actividad del receptor (o intencionalidad
del público/espectador), se hace
política desde la producción,
las poéticas, los comportamientos
del público, la circulación,
las formas de gestión, la crítica,
etc. Es política la elección
de un texto o de una metáfora,
es político el silencio sobre
determinadas cuestiones, es política
la necesidad de adaptar las obras, o
la ratificación de un statu quo,
es político el convenio de gestión,
es político el tipo de relación
con el público, la adhesión
o la indiferencia. Los campos de poder
con los que se vincula el teatro contemporáneo
son numerosos, no hay aspecto de la
totalidad de la vida del hombre que
de una manera u otra no se vea comprometido
en la multiplicidad de significación
del arte. Hay un campo de poder macrosocial
o comunitario, otro internacional, otro
microsocial (de la tribu o el grupo),
otro del endogrupo familiar, otro de
las relaciones dentro del campo intelectual,
otro de la discusión de las estéticas,
de la discusión de las versiones
de la historia, etc., y se correlacionan
entre sí.
Todo esto el teatro internacional lo
sabe. Pensemos, por ejemplo, casos del
teatro alemán contemporáneo.
Los argentinos vivimos los espectáculos
teatrales que llegaron desde Alemania
al Festival Internacional de Buenos
Aires como grandes productores de sentido
político. Y el teatro alemán
sabe, como lo mejor del teatro contemporáneo,
que no hay herramienta política
más potente que la intensidad
poética o artística. Cuando
el teatro es potente artísticamente,
multiplica su capacidad de producir
sentido político. A mayor intensidad
del arte, mayor intensidad política.
Lo sentimos en la espera de los hombre
sentados de MURX de Cristoph Marthaler,
que se entrometía con la discusión
en torno de la identidad nacional alemana,
la realidad histórica del socialismo
y la angustia del hombre contemporáneo
que ha perdido la guía de la
utopía. Sentimos también
que dicho sentido político era
transferible a la situación argentina,
al debate de nuestra identidad en pleno
cambio, en un país donde la angustia
es pan cotidiano. Otro ejemplo: el trabajo
de Martin Wuttke en Artaud recuerda
a Hitler y el Romanische Café,
su capacidad de mutación actoral
permanente y su aislamiento en la caja
sellada de vidrio permitían repensar
las conexiones del mundo actual con
el horror del pasado y demostraban cómo
el presente era mutación y permanencia
de aquellos acontecimientos no pasados,
que siguen sucediendo. Los cuerpos de
Sacha Waltz prensados por el vidrio
en Körper constituyen una metáfora
de elocuencia política ilimitada,
que cuestiona diversos campos de poder
simbólico: la espectacularización
de lo social, la mercantilización,
la privación de la libertad,
la regresión del hombre a lo
infrahumano. Los espectáculos
alemanes aplaudidos por el público
argentino demuestran que la capacidad
de producción de sentido político
en el arte funciona como vínculo
entre las culturas y excede los contextos
locales. Lo mismo resulta del diálogo
con los teatristas franceses y latinoamericanos
convocados por Tintas Frescas en Buenos
Aires (2004): lo político es
rizomático y acontece en los
diferentes niveles de las diversas poéticas,
de acuerdo al campo de fuerzas en el
que se radica . En el contexto nacional,
Roberto Cossa reflexiona con lucidez
en su artículo “El teatro
siempre hace política”:
2)
Resulta valiosa al respecto la consulta
de las declaraciones incluidas en Miradas
sobre el teatro francés (1970-2005).
Tintas Frescas en la Escuela de Espectadores,
coord. Jorge Dubatti (2004), que reúne
las entrevistas realizadas en el marco
de Tintas Frescas en Buenos Aires, en
la Escuela de Espectadores, sobre los
autores y espectáculos presentados
en el ciclo. Entrevistados: Joël
Pommerat, Marie Piamontese, Anne de
“El
teatro de arte es siempre rebelde. Y
por eso es siempre político.
Cuando le toca, le pone el pecho al
autoritarismo. En tiempos de bonanza
institucional, se enfrenta al mercantilismo,
a la banalidad y al mal gusto. Y en
todos los casos necesita romper con
las modas. Es decir, hace política”
(Cossa, 2004, p. 68).
En la Argentina basta con dibujar una
silueta para que se presenten los desaparecidos;
alcanza con referirse al padre muerto
para que resuenen inmediatamente en
la conciencia los nombres de la historia;
el simple gesto autoritario recuerda
la dictadura e inscribe cualquiera de
los abusos y desigualdades del poder
social. Lo político atraviesa
vertiginosamente las metáforas
de Daniel Veronese, Rafael Spregelburd,
Javier Daulte, Mauricio Kartun y Eduardo
Pavlovsky, por sólo nombrar algunos
de los representantes más destacados
del teatro argentino actual. El teatro
no necesita reproducir mensajes explícitos
o el proselitismo partidista que circula
en los discursos sociales. La mayor
fuerza política del teatro está
en su capacidad metafórica. Alcanza
entonces con que el teatro sea bueno
artísticamente para que se genere
una ilimitada producción de pensamiento
político. Allí donde surja
una metáfora artística
intensa, una condensación feliz
de teatralidad, ineludiblemente habrá
acontecimiento político. Porque
es políticamente que el hombre
habita el mundo y la metáfora
artística uno de los catalizadores
más potentes de la dimensión
política de la vida.
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JORGE
DUBATTI
Amézaga,
Víctor Carrasco, Pablo Ciuminatto,
Nelly Goitiño, Roxana Blanco, Alvaro
Armand Ugon, Michel Didym (y equipo de
actores argentinos y mexicanos de El Diván),
Cristian Drut, Fabián Bril, Rolf
Abderhalden, Xavier Durringer, Ciro Zorzoli,
Marcial Di Fonzo Bo, Gabo Correa, Daniel
Veronese, Valère Novarina, André
Marcon y Chantal Thomas. Autores analizados:
Joël Pommerat (Au monde), Fabrice
Melquiot (Ma vie de chandelle), Marguerite
Duras (Agatha), autores varios de El Diván,
Laurent Gaudé (Cenizas en las manos),
Bernard-Marie Koltès (La noche),
Xavier Durringer (Crónicas 1 y
2), Copi (dos versiones de Eva Perón),
Philippe Minyana (Inventarios, Dramas
breves 1 y 2), Valère Novarina
(La inquietud) y Chantal Thomas (Incrustaciones).
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