“De
mal en peor”
es una fiesta
del teatro.
Se ingresa a la
sala, donde habitualmente
se hacen las obras
en el Sportivo,
se convida café,
licor o una copa
de vino, se saluda
y se conversa
con los conocidos.
Llega el asistente
y pide que se
lo acompañe
y que, de quererlo
se dejen los abrigos
en el perchero.
Se pasa del patio
a una sala que
está prolijamente
acomodada como
museo (con cuerdas
de protección,
carteles con indicaciones
aclaratorias,
la “estatua
de una indio”,
etc.) En la sala
hay una cama pequeña,
donde, por debajo
de las cobijas,
aparece una persona
que se levanta
y es una anciana,
y no es otra que
Mary Hellen Hutton,
que balbucea algunas
palabras apenas
inteligibles.
Mientras tanto
los espectadores
están recorriendo
el museo, observando
el personaje.
Ingresa nuevamente
el asistente e
invita a seguirlo
y atravesando
un pasillo se
llega a una sala
pequeña
donde se arma
una improvisada
platea. Se está
recorriendo la
casa de los Méndez
Uriburu-Rocataglione.
En esta última
sala transcurrirá
la parte troncal
de la puesta.
Entonces, hay
dos espacios,
esencialmente,
donde se desarrolla
la obra: una la
sala museo y cuarto
de Mary Hellen,
que está
poblada de objetos
(armado con esmero)
y la sala de la
casa
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DE
MAL EN PEOR
–SEGUNDA
PARTE- |
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(bastante deteriorada),
prácticamente
despojada, sólo
hay un sillón,
un cuadro, una
silla baja y
el espejo, enorme,
apoyado sobre
la pared. Es
notable en esta
puesta de Bartís
el espacio vacío
de objetos y
limpio, impoluto;
la mugre que
hay que tapar
se esconde “bajo
la alfombra”.
En “De
mal en peor”
no estalla el
espacio, estallan
las actuaciones,
las imágenes.
Precisamente
y sobre las
actuaciones,
hay que decir
que están
todas a un mismo
nivel de excelencia,
cada uno en
la interpretación
de su personaje,
todos muy diferentes
y a la vez parecidos,
con características
particularísimas
y de una gran
labor de creación
artística,
siguiendo la
poética
distintiva de
cada uno.
Es una obra
de imágenes
bellísimas,
poéticamente
bellas, y para
ello hace su
gran aporte
la iluminación.
Se crean los
climas con muy
pocas luminarias
de parrilla,
pero se juega
constantemente
con la luz.
La ventana de
la sala da afuera,
que también
se usa como
espacio escénico,
y está
iluminada con
gelatinas azules.
Es impactante
la escena de
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corte de luz
y se encienden,
uno a uno, varios
farolitos a
alcohol, distribuidos
en las paredes
y el juego de
los candelabros.
Estos son algunos
ejemplos como
para dar idea
sobre la utilización
de este recurso
técnico.
También
la música
es un elemento
determinante
en la estética
de esta puesta.
Se ejecuta (por
los mismos actores)
en el piano
que está
ubicado en el
pasillo que
hay que atravesar
para pasar del
museo a la sala.
La música
original fue
compuesta por
Carmen Baliero
y también
se tocan áreas
de óperas
como “Una
furtiva lágrima”.
El vestuario
de Magda Banach
está
acorde con la
concepción
de la obra y
por lo tanto,
a tono con la
completitud
de la idea.
Hay un objeto,
que juega en
escena, que
es indispensable
destacar que
es el proyector
y la proyección
de un video,
que es una escena
de esta familia,
de excelente
realización
en cuanto a
color, fotografía
y dinámica,
que junto con
el espejo refleja
ese juego especular
de imágenes
entre la verdad
y la mentira,
entre lo real
y la apariencia.
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