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Crítica
 
Función presenciada en fecha: 19/05/05
“De mal en peor” es una fiesta del teatro.
Se ingresa a la sala, donde habitualmente se hacen las obras en el Sportivo, se convida café, licor o una copa de vino, se saluda y se conversa con los conocidos. Llega el asistente y pide que se lo acompañe y que, de quererlo se dejen los abrigos en el perchero. Se pasa del patio a una sala que está prolijamente acomodada como museo (con cuerdas de protección, carteles con indicaciones aclaratorias, la “estatua de una indio”, etc.) En la sala hay una cama pequeña, donde, por debajo de las cobijas, aparece una persona que se levanta y es una anciana, y no es otra que Mary Hellen Hutton, que balbucea algunas palabras apenas inteligibles. Mientras tanto los espectadores están recorriendo el museo, observando el personaje. Ingresa nuevamente el asistente e invita a seguirlo y atravesando un pasillo se llega a una sala pequeña donde se arma una improvisada platea. Se está recorriendo la casa de los Méndez Uriburu-Rocataglione. En esta última sala
transcurrirá la parte troncal de la puesta. Entonces, hay dos espacios, esencialmente, donde se desarrolla la obra: una la sala museo y cuarto de Mary Hellen, que está poblada de objetos (armado con esmero) y la sala de la casa
DE MAL EN PEOR
–SEGUNDA PARTE-

(bastante deteriorada), prácticamente despojada, sólo hay un sillón, un cuadro, una silla baja y el espejo, enorme, apoyado sobre la pared. Es notable en esta puesta de Bartís el espacio vacío de objetos y limpio, impoluto; la mugre que hay que tapar se esconde “bajo la alfombra”.
En “De mal en peor” no estalla el espacio, estallan las actuaciones, las imágenes.
Precisamente y sobre las actuaciones, hay que decir que están todas a un mismo nivel de excelencia, cada uno en la interpretación de su personaje, todos muy diferentes y a la vez parecidos, con características particularísimas y de una gran labor de creación artística, siguiendo la poética distintiva de cada uno.
Es una obra de imágenes bellísimas, poéticamente bellas, y para ello hace su gran aporte la iluminación. Se crean los climas con muy pocas luminarias de parrilla, pero se juega constantemente con la luz.
La ventana de la sala da afuera, que también se usa como espacio escénico, y está iluminada con gelatinas azules. Es impactante la escena de

corte de luz y se encienden, uno a uno, varios farolitos a alcohol, distribuidos en las paredes y el juego de los candelabros. Estos son algunos ejemplos como para dar idea sobre la utilización de este recurso técnico.
También la música es un elemento determinante en la estética de esta puesta. Se ejecuta (por los mismos actores) en el piano que está ubicado en el pasillo que hay que atravesar para pasar del museo a la sala. La música original fue compuesta por Carmen Baliero y también se tocan áreas de óperas como “Una furtiva lágrima”.
El vestuario de Magda Banach está acorde con la concepción de la obra y por lo tanto, a tono con la completitud de la idea.
Hay un objeto, que juega en escena, que es indispensable destacar que es el proyector y la proyección de un video, que es una escena de esta familia, de excelente realización en cuanto a color, fotografía y dinámica, que junto con el espejo refleja ese juego especular de imágenes entre la verdad y la mentira, entre lo real y la apariencia.

ADRIANA GONZÁLEZ

ELENCO.
   
Cecilia Peluffo
Agustín Rittano
Marta Pomponio
Carlos Defeo
Claudia Cantero
Luciana Ladisa
Flora Gró
Federico Martínez
Alberto Ajaka
Andrea Nussembaum
Matías Bringeri


FICHA TÉCNICA

Vestuario: Magda Banach
Música: Carmen Baliero
Asistencia: Martín Otero
Asistencia y producción: Lorena Regueiro
Colaboradores: Alfredo Ramos (dirección), Félix Padrón (objetos), Ricardo Félix (realización), Andrés Barragán y Damián Nussembaum (fotografía), Daniel Roiz y José Glusman (video), Jaznín Carbonel (secretaría)
Espacio y dirección: Ricardo Bartís
Teatro: Sportivo Teatral (Thames 1426) Jueves ($10), viernes y sábados ($15), todas las funciones a las 23.00 hs.


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