CT.
¿Vos encuadrarías
a la producción
del Centro Cultural
de la Cooperación
dentro del teatro
independiente?
JV. Desde
el formato económico,
en una primera
aproximación,
el teatro independiente
es el resultado
de un
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plus
que genera el excedente
de un estado benefactor
en la Argentina. La relación
entre lo privado y lo
estatal genera una tercera
instancia que es el mercado
que se genera de manera
independiente por los
artistas, esto se dio
fundamentalmente en la
década del ‘50/’60
y se extiende hasta nuestros
días. Cuando hablo
del excedente estoy planteando
el sistema liberal de
pequeños y medianos
empresarios en lo que
se asocia, en la actividad
teatral, un estado benefactor,
si alguna vez existió.
CT. El teatro independiente
no se subvencionó
a costa del estado benefactor
JV.
El plus que genera el
estado benefactor es indirecto,
se genera por la capacidad
de compra
A medida que el estado
desaparece y deja de cumplir
su función, también
desaparece el espacio
público, se privatiza,
prácticamente,
toda la vida de los argentinos.
Y paradójicamente
aparecen fuertes condiciones
de subsidios, y hay un
intento de plantear la
ley de mecenazgo, que
no tiene nada que ver
con la Ley de Teatro.
Entonces, el estado desaparece
y los sectores privados
pasarían a ser
los nuevos mecenas de
la actividad cultural.
Imagínense cuánto
le puede interesar al
capital transnacional
la cultura argentina más
allá de una cuestión
de marketing.
El fenómeno de
privatización es
brutal. La transferencia
es paradójica,
porque a mayor transferencia
de capital y de riqueza
de los argentinos al exterior,
mayor potencial de riqueza
cultural crítica
se presenta en el país.
El teatro asume, de alguna
forma entre todas las
artes, el liderazgo de
la resistencia cultural
frente al fenómeno
de extranjerización
y entrega del patrimonio
nacional.
Entonces, las formas de
producción sufren
variaciones y entre lo
estatal y lo privado,
crece la actividad cooperativa.
El concepto cooperativo
empieza a adquirir, en
la cultura de los argentinos,
otras condiciones que
la mera formalidad posible
de encontrarse en una
coyuntura, empieza a adquirir
otro carácter de
mayor arraigo. En la búsqueda
del modelo cooperativo,
se encuentran soluciones
alternativas, como pasa
con las empresas recuperadas.
O sea, la cooperativa
se convierte en un modelo
prioritario que permite,
en forma solidaria, avanzar
en la resolución
de problemas que genera
el propio capitalismo.
Las cooperativas, pueden
ser además de formas
de producción,
lugares de discusión
de política cultural
y de proyectos alternativos
a la propia sociedad capitalista
que está en crisis.
Esto es lo nuevo en las
formas cooperativas, a
diferencia de lo que fueron
las primeras cooperativas
del teatro independientes,
que lo eran en sí
y para sí; a un
modelo cooperativo en
el que sí bien
la transitoriedad de la
obra teatral existe, el
modelo cultural tiene
otro tipo de impacto tanto
en la actividad artística
como en la actividad social
y cultural.
El
Centro Cultural de la
Cooperación se
instala en el momento
más álgido
de la crisis. Una gran
paradoja, ante la brutal
transferencia de riquezas
de nuestro país
al extranjero, este era
el único edificio
que se construía
en la Ciudad de Buenos
Aires. Y no para generar
renta o utilidades sino
para generar una forma
solidaria de distribución
de la actividad cultural.
El formato del Centro
Cultural de la Cooperación
tiene en una de sus nutrientes
fundamentales la experiencia
cultural del teatro independiente;
peor no sólo eso,
tiene otra vertiente más
que es la propia vertiente
cooperativa.
Nosotros planteamos un
formato que no es privado
ni estatal. Adquiere un
formato de lo mejor del
teatro independiente que
es lo ideológico,
lo político y la
forma de producción
y le da un carácter
de organicidad a las relaciones
entre el hecho artístico
en sí, el hecho
técnico-administrativo
y el hecho político-cultural.
El concepto cooperativo
no queda únicamente
establecido como una forma
económica de coyuntura
para resolver un hecho
artístico, sino
que además permite
plantearse una organicidad
de tareas crítico-intelectual
y de proyecto político-cultural.
Insisto, el Centro Cultural
de la Cooperación
tiene un gran vínculo
con lo que fue toda la
gestión original
del teatro independiente,
desde su inicio hasta
nuestros días.
No es casual que en las
comisiones asesoras del
núcleo
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fundante
de la Sala Solidaridad y de la actividad
teatral convocada oportunamente,
figuren los nombres de Eduardo Pavlovsky,
Raúl Serrano, Cristina Banegas,
Ricardo Bartís, Norman Brisky,
Héctor Malamud, Tito Cossa,
Alejandra Boero; todos ellos fueron
grandes protagonistas, en distintas
generaciones, de esa cultura crítica.
Entonces nosotros somos herederos
del teatro independiente y nuestro
formato suma la experiencia autogestiva
al proyecto político cultural
del teatro independiente; o sea,
las formas cooperativas no transitorias,
de radicación de autogestión
que plantea, también aspectos
sociales, políticos y económicos;
y un modelo alternativo a la sociedad.
Entonces, con respecto al Centro
Cultural de la Cooperación,
podemos hablar de una independencia
sistemática, no asistemática,
en relación al estado y a
lo privado. En un cuerpo que aparece
dentro de la sociedad no construido
en sí y para sí, sino
como un modelo de construcción
y de poder alternativo.
CT. En la práctica ¿cómo
es esa construcción alternativa?
Se trata
de la creación de las micropoéticas
que plantea (Jorge) Dubatti como
formas de construcción de
lo teatral, como ejemplos están
Pavlovsky, Adhemar Bianchi, Ricardo
Talento, Cristina Banegas. En esa
construcción, el Centro Cultural
de la Cooperación se propuso
hacer un aporte desde la experiencia
del movimiento cooperativo en la
creación de un modelo alternativo,
y también suma micropoéticas,
microemprendimientos, microempresas
y se plantea al cooperativismo como
un modelo superador en cuanto lo
social, lo político y lo
cultural de la sociedad que hoy
nos toca vivir.
El Centro Cultural de la Cooperación,
con su aporte desde el cooperativismo
como forma de socialismo, como forma
de combatir al capitalismo y las
formas neoliberales, también
le da un formato de organicidad
en donde se puede unificar la excelencia
artística con la excelencia
técnico administrativa, con
la excelencia crítico intelectual
y con la excelencia política;
son modelos en donde se discute
el producto final como tal, pero
a demás se discute la forma
en que se produce, y la forma en
que va a circular en el mercado.
Si discutimos las formas de regular
legislativamente y políticamente
ese producto, entonces ya estamos
discutiendo políticas de
estado, políticas municipales,
porque estamos replanteando la búsqueda
de reconstruir la totalidad del
conflicto, o sea que suma a la
tradición
social, política y económica,
una idea de cultura que deviene
del cooperativismo, del teatro independiente.
CT. Podríamos
decir que es un lugar de formación
de políticas culturales,
en acción, en oposición
a la inexistencia de industrial
y políticas culturales, desde
los organismos gubernamentales.
JV. Exacto,
pero hay que tener en cuenta que
esta es un construcción que
se realiza con la gente, depende
de la suma de subjetividades y de
sujetos, o de protagonistas o de
artistas y en esta sumatoria plantearse
la construcción de las macropolítica.
Porque si nosotros nos colocamos
en un gesto vanguardista a ultranza
a suponer que somos el reemplazo
de las políticas municipales
o de estado, que no existen, sería
un acto un tanto soberbio y de una
situación que no estamos
en condiciones de atender.
CT. A lo
que voy es que no reemplaza, pero
muestra que otra cosa se puede,
como hecho concreto ...
JV. La construcción
solidaria cooperativa instaló
un enclave en el centro metropolitano
con u objetivo de producción
y actividad cultural en el momento
más crítico del 2001
que vivió el país,
cuando el país se desintegraba
se construyó este edificio,
eso tiene un carácter simbólico
intransferible porque era el único
edificio que se construía
en la Ciudad de Buenos Aires, es
real y tiene un impacto en lo simbólico
muy grande. Floreal Gorini planteó
que la crisis ante de ser económica,
social y política era cultural,
fundamentalmente cultural.
El Centro Cultural de la Cooperación
es una construcción social,
que la encauzó el movimiento
cooperativo porque tuvo condiciones
de altísima participación.
Se trata del colectivo de un ahorro
económico para un proyecto
político, económico
y cultural para plantearse otro
tipo de sociedad, demostramos que
podemos construir otra cosa y que
si esto fueran políticas
de estado o municipales, la sociedad
estaría en otras condiciones
en relación a la salud, a
la vivienda, en lo cultural y el
arte.
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