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“CONFLICTO”
Hegel
desarrolló, en mi opinión,
también esta visión aristotélica
de lo que el drama implica. Basa también
su visión en la consideración
de la acción como elemento primordial
y definitorio. Dice así:
“Por
eso la acción dramática consiste
esencialmente en una actuación de
choque y la verdadera unidad sólo
puede tener fundamento en el movimiento
total para que la determinación de
las características, fines y circunstancias
de la colisión resulte ser adecuada
a los fines y caracteres y al mismo tiempo
anule su contradicción. Esta solución
tendrá que ser simultáneamente
subjetiva y objetiva, al igual que la acción
misma”.
Hay
varias, demasiada ideas para destacar.
En primer
lugar se concibe al teatro como un hecho
estructurado. Se subraya la necesaria complementariedad
de sus partes y su interrelación
interactuante, y sobre todo, se destaca
el rol de los conflictos o los choques,
sin los que el drama no existe.
Hegel visualiza a teatro como una totalidad
inestable y en movimiento, concebida alrededor
de la esencia misma de la acción
conflictiva. Todo se ordena y se jerarquiza
alrededor de este nudo. Todo se organiza
alrededor de la estrella polar del conflicto.
Y esta es la novedad. El subrayamiento del
rol estructurante de la lucha. Lo que para
Hegel es estrictamente necesario, aparece
en el teatro como acción dramática
conflictiva. Lo que no, aparece como teatralmente
insuficiente. Hegel precisa la noción
aristotélica de acción y la
vincula con claridad al conflicto o al choque.
Si bien el agón está en la
mente del Estagirita, aquí Hegel
subraya como motor para el desarrollo de
la idea dramática. Y la posterior
visualización de la acción
como subjetiva y objetiva, a la vez, en
dialéctica dependencia, resulta clave
para definir el modo de trabajo propio de
ese hombre (actor) allí presente.
No se trata de una pura psicología
o idealidad “expresada” en el
gesto. Tampoco la acción como mero
signo. El escenario real no será
la conciencia ni la intimidad del sujeto.
Ni los “gestos” son concebidos
como intranscendentes. No. Surge la necesidad
de correspondencia o de articulación
entre la subjetividad y el hecho objetivo.
Y si insisto en esta vinculación
entre los elementos materiales y los espirituales
de la conducta, es porque me propongo demostrar
con ulterioridad de como Stanislavski utilizó
esta premisa para su formulación
metodológica última. Las motivaciones
internas o psicológica y su entrelazamiento
con la conducta real del actor en la escena
son la base misma del método.
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SERRANO
Raúl, “Tesis sobre Stanislavski
en la educación del actor”,
1996, Escenología, A.C., México.
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