|
Ud.Se
encuentra en reportaje. |
 |
|
|
|
GUILLERMO
HERAS
Por
segunda vez, desde que salió CRÍTICA
TEATRAL, nos vemos obligados a enviar
el reportaje en dos etapas.
El reportaje de esta semana es a GUILLERMO
HERAS (actor, director, dramaturgo, pedagogo
y teórico del teatro tanto en España,
como en Argentina)
Dada la riqueza de los concepto vertidos
no quisimos recortar este pensamiento.
Por ello, en el presente número
publicamos la primera parte y la segunda,
la próxima semana. |
CT.
Contanos un poco
tu trayectoria...
|
|
GH. Pertenezco
a una generación
que se la conoció
como la del teatro independiente
español, que sería
una generación,
un tanto similar a la
de aquí, porque
el termino teatro independiente
se toma del movimiento
argentino, en ese momento
nos vimos influenciados,
no sólo por las
personas que nos visitaban,
sino también por
las revistas, como el
caso de “Primer
Acto”, que es una
revista española
que tuvo mucha influencia
en nuestra generación.
Esa generación
del teatro independiente
empieza transitando la
plena dictadura franquista
y aunque yo me incorporo
al movimiento ya en el
tardo-franquismo, por
una cuestión de
edad, dadas las condiciones
políticas y económicas,
teníamos que hacer
de todo. Era muy difícil
plantearse un rol específico.
(...La propia dinámica
de creación y la
sacralización de
la creación colectiva...)
Estudié en la Escuela
de Arte Dramático,
me licencié como
actor, era la única
opción, en ese
momento no había
especialidades. Era una
escuela primitiva, muy
a la tradición
española (ampulosa
del actor retórico),
me sirvió muy poco.
Sólo para conocer
algunas personas y sobre
todo para formar un grupo
y luego parte de este
grupo pasamos a formar
parte del grupo mítico
“Tábano”,
de relevancia en el tardo-franquismo.
Yo ingreso a “Tábano”
en 1974 y desde entonces
tengo que ser actor, director
y gestor del grupo y eso
me marcó profundamente
para todo el resto, porque
he podido transitar todas
las especialidades, incluso
la escenografía;
y desde hace diez año,
también la autoría.
Mi vida profesional tiene
tres períodos muy
marcados: diez años
en el grupo “Tábano”,
como actor y director.
Luego durante diez años
fui director artístico
y de gestión de
un proyecto muy interesante
que fue el Centro Nacional
de Nuevas Tendencias Escénicas,
este centro fue creado
en la época del
Partido Socialista de
la primera victoria (1982)
para apoyar todo lo que
sería nuevos lenguajes,
tanto en la dramaturgia,
como en la danza, performance,
etc. El centro estaba
en una sala de Madrid
que se llamaba “Olimpia”,
se trataba de un espacio
de todo el estado y me
permitió conectarme
con los grupos más
importantes de la nueva
creación de ese
época: españoles,
europeos y latinoamericanos.
De ahí viene mi
contacto, desde entonces
muy fuerte, con América
Latina.
Desde hace doce años
dirijo un festival, una
muestra que se llama “Muestra
de Teatro Español
de Autores Contemporáneos”,
en la ciudad de Alicante,
dedicado sólo a
la autoría española
viva. Es una muestra bastante
insólita, incluso
en toda Europa, porque
ese festival apuesta a
la dramaturgia viva y
el resto son muy generalista.
Mi
profesión primera
no iba a ser el teatro,
sino el periodismo, entonces
también escribo
mucho, sobre todo lo que
tiene que ver con teoría
o reflexión. Todo
me gusta, me resulta difícil
poner en un perfil, esto
puede llevar a cierta
dispersión, pero,
por otro lado es más
divertido porque me permite
transitar por cualquiera
de las múltiples
facetas que tiene la escena.
CT.
Vos conocés muy
bien el teatro independiente
de Buenos Aires, de América
latina y de España,
nos gustaría que
nos dieras una visión
comparada de este arte..
GH. Tengo
con Buenos Aires una relación
tan profunda que ya casi
me considero más
cercano a los creadores
de esta ciudad que con
los madrileños
con lo que no tengo una
relación excesivamente
fluida. Madrid es una
ciudad tremendamente conservadora
desde el punto de vista
teatral y yo no me siento
identificado con esa escena.
Yo he tenido el privilegio
y la suerte de asistir
a lo que ha sido la explosión,
en el mejor sentido del
término, de la
nueva producción
porteña.
Yo vengo desde el año
1989. He visto crecer
a todos los grandes autores,
directores e incluso a
algunos directores jóvenes,
ahora con más proyección,
han sido alumnos míos
en los talleres del San
Martín, en el I.C.I
o en las puestas en escena
que he podido hacer en
Buenos Aires.
He seguido todo el movimiento
muy de cerca, la evolución
y el asentamiento. Yo
creo que estais viviendo
un momento, desde hace
años, muy brillante
desde el la especificidad
de la creación
de lenguajes.
La diferencia con Europa,
es que allí el
estado ayuda económicamente
de una manera mucho más
fuerte a los creadores.
Aquí se ha rectificado
un poco desde la primera
vez que vine, el tema
con relación al
Instituto Nacional de
Teatro, pero las cantidades
que puede disponer un
país occidental
asentado en su democracia
es, con respecto a la
Argentina, evidentemente
muy diferente.
Buenos Aires ocupa un
lugar muy especial en
el imaginario del teatro
iberoamericano.
Lo que puedes ver en un
mes en esta ciudad, no
lo vemos en ninguna otra
incluso en una ciudad
como Méjico, más
grande todavía
que esta, no ves tanto
ni tan buen teatro.
La propuesta que se ha
presentado ante la UNESCO,
que Buenos Aires sea la
capital del teatro en
español, debería
ser otorgada con toda
justicia.
A mi lo que más
me interesa es el teatro
independiente, pero también
en el teatro oficial y
en el comercial, quitando
el más decididamente
barato, ves una calidad
actoral, una profesionalidad
que realmente es admirable.
Para toda persona que
le interese el teatro
como sistema de vida,
como lenguaje contemporáneo,
como forma de compromiso
en el sentido pleno del
término, se ha
de sentir vinculada a
Buenos Aires. Yo me siento
vinculado a Buenos Aires,
pero no solamente,
|
|
|
|
viajo
constantemente por toda la República,
tanto por el Norte como por el Sur;
he trabajado mucho en las ciudades
de Córdoba, Mendoza, Rosario,
y ahora en Salta y en el Sur. Si
bien, en la ciudad de Buenos Aires
el nivel es evidentemente muy fuerte,
en toda la República, el
teatro ocupa un lugar muy especial
como imaginario político,
como imaginario social, que no tienen
otros países del área
latinoamericana, que conozco muy
bien.
Trabajo mucho en Venezuela, Méjico
y en Brasil, en todos estos países
hay un teatro muy importante, pero
lo más interesante que se
está haciendo desde el punto
de vista de la renovación
dramatúrgica, lo que podríamos
llamar la especificidad de los textos
y su relación con la representación,
se está dando en Buenos Aires.
Este
es un tema que me preocupa. En España,
por ejemplo, hay un desequilibrio:
hay muchos buenos autores, pero
las puestas en escenas son menos
interesantes que los textos porque
no acompaña el lenguaje que
se está planteado en la escritura
con el lenguaje de la representación.
CT.
¿Por qué crees que
se produce ese defasaje?
GH. Porque
los escritores están haciendo
una escritura del Siglo XXI y los
directores y actores estamos en
el Siglo XX, cuando no en el XIX.
Hay determinados textos de nuevos
autores que no admiten una traslación
sistemática o simplemente
referencial de Stanislavski que
trabajó con una metodología
para una textualidad de una época.
Hay mucha gente que se empeña
en seguir teniendo herramientas,
solamente de una tradición,
que son muy válidas pero
no se enfrentar a todo lo que podrías
llamar: contaminación actual
del arte, la evolución de
las nuevas tecnologías, la
recepción que tiene el teatro
en los sectores más jóvenes
que necesitan otro tipo de vinculación
con la escena, porque sino la consideran
como un cosa obsoleta.
Cualquiera de los grandes creadores
de Buenos Aires, lo que tienen es
un lenguaje textual que se une a
una puesta en escena que, clarísimamente
acompaña. Es el caso de Daniel
Veronese, Ricardo Bartís,
Federico León, Javier Daulte,
Rubén Szuchmacher; que no
se parecen, que cada uno tiene su
propia estrategia.
Y hay otro tema está el caso
de los que escribe y dirigen, cosa
que no pasa tanto en mi país
donde está más dividido
el tema de la escritura y el tema
de la representación. Y en
ese sentido considero que nos dan
una lección continua, pero
no sólo a los españoles,
sino a un gran segmento del teatro
contemporáneo y puedo hablar
de ello porque conozco bien el teatro
portugués y el teatro italiano,
y en ese sentido y aún manejando
presupuestos mucho más altos
que los que se manejan aquí
no se consiguen encontrar estas
propuestas tan llenas de vitalidad,
de rigor, de lenguaje de hoy. Un
lenguaje que tiene que ver con un
teatro que no forma parte de la
vieja tradición de museo,
sino de la realidad viva de la gente
de hoy.
Por todo esto el teatro en Buenos
Aires es un hecho muy vivo. A demás,
cada año sale un reemplazo
generacional, que no son los que
ya están consagrados, como
pueden ser Ciro Zorzoli, Guillermo
Cacace, que ya están en camino,
pero ya está Lautaro Vilo
que es mucho más joven.
Hay un movimiento muy amplio y lo
que lo une es la diversidad. El
hecho de que son creadores personales
que se han formado con Kartum, con
Szuchmacher, con el Periférico
de Objetos, pero que sin embargo,
no copian, no son miméticos.
El teatro de Cano no tiene nada
que ver con el teatro de Veronese,
que ha sido su maestro, y todos
los alumnos que ha tenido Kartum,
sus estrategias de escritura son
absolutamente diferenciadas.
CT.
¿Cuál es la cuestión
que hace que Buenos Aires tenga
esta preponderancia en el teatro?,
porque es una sociedad fragmentada,
con muchos problemas sin resolver,
que el Norte si los tiene resuelto
....
GH: A mi me resulta complicado profundizar
en estos temas. Pero la penúltima
vez que estuve aquí me resultó
muy curioso que todo el mundo, en
todas las revistas se empezó
a hablar nuevamente de teatro y
política.
Todo el teatro es político.
Y en ese sentido yo creo que menemismo
lo que produjo es una sociedad de
ficción y la gran ficción
fue el dólar-peso, eso es
como uno de los ejercicios de prestidigitación
más grande de la historia
y a partir de ello, también
se creo una sociedad de apariencias,
en la cual el teatro lo que hizo
fue incidir con una serie de obras
que aparentemente no parecían
políticas, pero que sin embargo,
viéndolas hoy con perspectiva
si lo eran
porque lo que reflejaban era una
cierta banalidad, un pensamiento
que realmente explota con la gran
crisis del 2001.
También no tenemos que olvidarnos
de algo tan sencillo como la tradición,
de una ciudad como Buenos Aires
que ha sido teatral desde hace mucho
tiempo.
Si hablamos de fragmentación,
tenemos que decir que se trata de
un crisol de culturas. Todos necesitaron
expresarse y lo hicieron a través
de sus sistemas de tradición.
Era imperiosa la necesidad de comunicarse
y el teatro, en ello, fue muy importante.
Otra cuestión, y bastante
importante, es que en Argentina,
a diferencia de otros países
de América latina, tuvo siempre
una clase media muy importante y
las clases medias, han sido, normalmente,
las que han sostenido al teatro.
Porque el sueño del teatro
popular, la Revolución Soviética
lo intentó y no sé
hasta que punto resultó del
todo bien, sobre todo teniendo en
cuenta como se fueron masacrando
a todos los verdaderos padres que
entendían el teatro popular
de otra manera que no sea el puro
realismo socialista.
La tercera cuestión es que
las sociedades en crisis, esto lo
decía Marcusse, generan una
cultura de resistencia, o en el
término que utiliza Dubatti
de resiliencia que es muy importante.
La sociedad argentina y más
concretamente la porteña,
en esa mezcla de culturas, en esa
situación de tener una clase
media que se empobrece y luego vuelve,
aparentemente, a tener poder adquisitivo
y lo que fue las situaciones de
dictadura y represión (que
generaron momento de creación
como Teatro Abierto), -la generación
de la oquedad de los desaparecidos-;
es algo que el teatro necesita expresar
continuamente, reflexionarlo.
Y porque a la gente de Buenos Aires,
en general,
le gusta el teatro.
|
|
|
|
|
|
©2005
Critica teatral todos los derechos reservados |
|