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DIA INTERNACIONAL DEL TEATRO

Resulta difícil encontrar un punto neutral en momentos en que el país más fuerte está por bombardear a Irak. Le haría mal al teatro que lo consideráramos neutral en esta lucha. Digámoslo de una vez: El Teatro en su conjunto se siente “afectado” por este tremendo acontecimiento mundial. La cultura se siente afectada en su globalidad. No podemos hacernos los distraídos. Sería grave. Declaraciones de muchos actores y directores ya se han manifestado.
No hay duda que el teatro mantiene su singularidad específica. Ese encuentro mágico y maravilloso con el cuerpo del actor y su público. Cuerpo desprovisto. Ningún avance tecnológico puede con El Teatro. Este fenómeno mágico siempre perdurará como único. Como inalterable a través del tiempo. La cultura de los pueblos lo necesita en su máxima expresión de desnudez. Basta a veces el cuerpo de un actor y su público, para comprender la magnitud del fenómeno creador. Pura intensidad.
En nuestro país hubo dos extraordinarios acontecimientos políticos culturales que seguramente formarán parte de la historia del Teatro Latinoamericano: Teatro Abierto y el Teatroxlaidentidad.
Ambos reflejaron distintos momentos de necesidad de expresar en el escenario circunstancias y aconteceres de una época trágica de nuestro país. En ambos fue una repuesta del Teatro y su público al oprobio y la injusticia que sufría la cultura y el teatro.
De ahí su inmenso valor. “Pensar que aquí hasta hace poco hubo quien sostenía que el arte y la política no tenían nada que ver –que no podía existir un arte en función de la política, hubo un juego destinado como parte de quitarle toda peligrosidad al arte, toda la acción sobre la vida- toda influencia real y directa sobre el momento. No concibo hoy el arte si no está relacionado directamente con la política, con las situaciones de los momentos sociales, que se vive en un país dado –si eso no estuviera- para mí le falta algo para poder ser arte” (Rodolfo Walsh).
Pero todavía el fenómeno es más complejo: cuando Susan Sontag lleva Esperando a Godot a Sarajevo en pleno bombardeo está convirtiendo la representación en un acto político. En un acto de belleza política.
Nuestros momentos económicos tan difíciles, como los actuales, han dado como respuesta la aparición de muchos elencos en todo el país (en Latinoamérica ocurre lo mismo).
Me he sorprendido de la fuerza y el entusiasmo y el compromiso ético con que han emergido tantos elencos en momentos tan desfavorables económicamente.
La aparición de tantos grupos de teatro creo que han emergido como intento de recuperar nuestra identidad cultural, como acto de resistencia cultural –frente a un mundo globalizado que tiende a borrar diferencias culturales.
Por eso creo que hacer hoy teatro en nuestras condiciones se convierte de por sí solo en un hecho político. Porque es un acto de presencia –un acto de resistencia- un acto estético que expresa la resistencia a la homogeneización y busca desesperadamente las diferencias –en la manifestación teatral como hecho ético.
Se quiera o no se quiera – el teatro en esas condiciones es un acto político de por sí. Tan político como la fue el Esperando a Godot de Susan Sontag en pleno bombardeo.
Porque nosotros en Latinoamérica “estamos desaparecidos” y es la cultura y el teatro en particular que contribuyen para mantenernos vigentes en la lucha. Por eso existimos y queremos existir. Allí El Teatro es un instrumento de lucha cultural. Por último una cita de E. Said –ese gran intelectual palestino: “La función principal del artista o del intelectual debe ser siempre una función crítica”.

   
PAVLOVSKY EDUARDO, 2004, La voz del cuerpo, Astralib Cooperativa Editora, Buenos Aires, Argentina, pp 119, 120, 121.
 

 

 
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