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OMAR
AITA es actor, titiritero, director,
dramaturgo y maestro formador de actores.
Su trayectoria en el teatro es extensa,
variada y posee un vasto conocimiento
del teatro que se está produciendo
en todo el país. De esto hablamos.
CT. ¿Qué diferencias encontrás
entre el teatro independiente en la
Pcia. de Buenos Aires y en Capital
Federal?
OA. Mi experiencia en general es en
todo el país, porque a través
del Instituto Nacional de Teatro, en
el que fui jurado en una época,
me encontré con un fenómeno
en la Provincia de Buenos Aires y también
en el Gran Buenos Aires que es el del
actor: un actor distinto. Un actor que
tiene otras características,
diferentes al actor de Capital y otras
expectativas. De todas maneras se sigue
mirando a Capital, y Capital no admite
a ese actor. Hay toda una centralización
desde el teatro oficial y de las organizaciones
de teatristas de Capital, que centralizan
demasiado la atención en Capital,
porque este es un polo de atracción
muy grande, y es lógico porque
es la ciudad más grande el país.
Pero a mi me parece que esa gran diferencia
que esta en el actor es una diferencia
cultural y por lo tanto es una diferencia
expresiva. El actor del interior, tanto
sea del Gran Buenos Aires o de la Provincia
de Buenos Aires, como del país
todo, es más puro, porque es
más virgen, tiene menos vicios.
El único vicio que tiene es fijarse
en Capital, lo que pasa en Capital,
pero tiene menos vicios en cuanto a
su construcción, en cuanto a
su cuerpo y lo cultural de cada región
influye notablemente. Cosa que no se
tiene en cuenta, yo lo estoy empezando
a tener en cuenta., es más, estoy
pergeñando la idea de hacer toda
una investigación sobre el actor
de la Provincia de Buenos Aires (porque
es lo que más cerca tengo) y
sus diferencias, porque me parece algo
muy notable, realmente me parece muy
notable.
CT. ¿En qué se hace más
notorio esas diferencias?
OA. Yo creo que la diferencia está
en lo cultural principalmente, en la
formación cultural de cada uno.
Yo tengo una formación por ser
de la zona sur distinta del que vive
en el barrio de Palermo o acá
en el Centro de la Capital. Si bien
después están todos los
puntos en común, hay sutilizas
que no son tan sutiles en cuanto a pensamiento,
en cuanto a modo filosófico de
pensar. Doy un ejemplo que no tiene
que ver con el teatro, pero si vos a
una persona les decís Lanús
dice: “¡Eh Lanús!”
y si le decís Belgrano, no pasa
nada. Y Belgrano está de acá,
en donde estamos (enfrente del Teatro
Municipal San Martín), más
lejos que Lanús. Y este concepto
es también un concepto de orden
económico porque si decís
Adrogué, que está muchísimo
más lejos, no parece tan lejos,
porque Adrogué es una zona donde
reside gente de dinero. Todo esto forma
una cultura y más que cultura
forma un concepto, un concepto que en
definitiva jode a la cultura. ¿En
qué influye en el actor? Influye
en su modo de ver las cosas, en su modo
corporal. El cuerpo es el continente
del actor, el manejo corporal es diametralmente
distinto al actor de Capital. Estoy
dirigiendo en Provincia de Buenos Aires
y empiezo a ver que hay un actor distinto
y muy bueno y muy maleable y por otro
lado muy ingenuo, los que nunca trabajaron
en Capital son absolutamente ingenuos
y eso les da pureza y creo que Capital
se aprovecha de esa ingenuidad.
CT ¿Mal o bien?
OA. Mal. Lamentablemente mal, porque
Capital rechaza el teatro de la Provincia
de Buenos Aires. Es rarísimo
que alguien de Capital vaya a Provincia
de Buenos Aires a ver un espectáculo,
y eso ya es un rechazo. Sin embargo
el actor de Provincia de Buenos Aires,
incluso de otras provincias, vienen
a la Capital a ver teatro. Nadie va
a ver que pasa en la Provincia, eso
ya es un síntoma de rechazo.
Y después cuando decís
dirijo en Provincia de Buenos Aires,
algunos dicen “¡Uh me deprime!”
(eso lo escuché de teatristas).
El periodismo no llega, incluso yo,
en algunos espectáculos, ofrecí
el traslado. Si son veinte minutos,
como no voy a ofrecer el traslado, no
me sale nada y aun así los periodistas
no han venido. Compañeros teatristas
sí han venido a ver lo que hice
al año pasado que estuve en Banfield
haciendo “Esperando a Godot”,
cosa que me sorprendió.
CT. En cuanto a la producción
¿Cómo se gestiona en la
Provincia de Buenos Aires?
OA. El Instituto Nacional de Teatro
tuvo mucho que ver con el crecimiento
y con la proliferación de salas,
tanto en Buenos Aires como en el país.
Esto hizo que se armen varias salas
de teatro interesantes, no todas se
pueden mantener. Se mantienen a través
de las clases, talleres, alquiler de
las salas o para otros eventos, pero
se van manteniendo y van tratando de
producir mejores espectáculos.
La producción de los espectáculos,
por lo general, es cooperativa y en
algunos casos (porque el Instituto no
le da a todo el mundo) son subvencionados
por el Instituto, por el Fondo Nacional
de las Artes, y también la colaboración,
en algunos casos del comercio de la
zona y, obviamente, las entradas. Y
ahí hay otro problema: el conurbano
se siente tan menospreciado que las
entradas son un regalo: tres peso o
cinco pesos como máximo. El año
pasado cuando empecé a dirigir
en la sala “El refugio”
la obra “Esperando a Godot”
les dije que yo por ese valor en las
entradas no dirigía porque el
producto que hicimos valía y
logré que se cobrara ocho pesos
y vino más cantidad de público
que cuando cobraban tres pesos. Estuvimos
en funciones dos meses y medio, ahora
reponemos el 1ro de abril.

CT. ¿En donde?
OA. En Banfield, en la sala “El
refugio”. Ahora a raíz
de eso, voy a empezar a dirigir otra
obra, es de Miriam Russo “Corpiñeras”,
que ya se hizo en Capital. La voy a
dirigir en la sala “Las nobles
bestias” de la localidad de Temperley,
que tiene una sala hermosa, pero no
voy a usar la sala, sino la casa que
forma parte del teatro. Ese espacio
me resta público, pero entonces
vamos a tener que hacer más funciones.
CT. ¿Hay público en la
Provincia de Buenos Aires que sigue
al teatro independiente?
OA. Si, pero sucede que al público
le pasa lo mismo que a los actores:
subestima el producto, prefiere venir
a la Capital. Todos los teatros de la
Capital se nutren de público
de Provincia de Buenos Aires. Todos.
Tanto el off como el oficial o el comercial.
El comercial más que todos. El
público del lugar no va al teatro
de la zona porque piensa que se trata
de teatro vocacional, eso todavía
no está desterrado. Es necesario,
en principio, un cambio de actitud en
los actores, de valorar su propio trabajo,
se deben cobrar las entradas al precio
que se deben cobrar y hacer las cosas
más profesionalmente. Por ejemplo
es muy raro que un grupo de Provincia
de Buenos Aires trabaje con un escenográfo
y un músico. Lo hacen todo ellos.
Hay una falsa autosuficiencia que los
perjudica, pero están formados
así, porque no tienen dinero
para hacerlo de otro modo. En “Las
nobles bestias” no pasa, porque
ellos trabajan más profesionalmente,
pero son uno o dos teatros que trabajan
así. En “El refugio”
se empezó a trabajar así.
El escenográfo Alejandro Mateo
ya trabajó en “Las nobles
bestias” una vez y ahora va a
trabajar conmigo. La música con
la que estoy trabajando me parece una
persona bárbara, es una chicha
de treinta años Martina Vior
y es de Provincia de Buenos Aires y
no tiene acceso a la Capital. Estoy
trabajando con ella porque me parece
realmente buenísima, en lo que
interpreta desde el teatro, el sonido
teatral, que es una cosa diferente a
la composición musical. En “Esperando
a Godot” trabajamos la versión
original, un poco más acortada,
y los actores estuvieron magníficos,
porque hay un trabajo muy fuerte con
ellos, férreo y de repente sintieron
que podían. Y todos los halagos
fueron para ellos y eso a mi me parece
bárbaro. El actor es el que tiene
el “feeling” con el público
y en definitiva es el que hace la obra,
porque la última escritura es
la del actor.
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CT. Has recorrido mucho el interior
de la Provincia de Buenos Aires, podrías
hacernos un panorama de lo que has visto.
OA. Recorrí la Provincia dos
años. Para mí hay cuatro
focos muy importantes en cuanto movimiento
teatral. Uno es el de la zona Oeste,
Moreno tiene un movimiento muy grande
con muy buenos actores y directores.
Después hay otro en La Plata,
también grandísimo, con
grupos como “La gotera”
y otros que tienen una producción
profesional muy vasta. Otro es Tandil
–con la Universidad- y Mar del
Plata. Estos son los cuatro puntos que
yo rescato como los más efervescentes.
Esas movidas teatrales tan importantes,
no siempre llevan implícita la
calidad en los grupos. Por ejemplo,
Mar del Plata no tiene tanto movimiento
como calidad en algunos grupos que son
muy buenos y a otros que todavía
les falta recorrer camino. En La Plata
están demasiado en la investigación,
entonces, todo lo que producen, que
es maratónico, se queda en ese
campo y todavía no despega. En
cambió, Moreno ya tiene una tradición
y un teatro más profesional,
con espectáculos más acabados.

Después, tenés grupos
como el caso del de Andrea Camus en
Tornquist, que tiene calidad pero no
que puede tener crecimiento porque está
a 700 km. de la Ciudad de Buenos Aires
y no tienen financiamiento. A mi me
invitaron a dar unas clases y no pude
ir porque si la Comediad no financia,
si el Instituto no financia, todo queda
ahí. Es una pena, las distancias
son enormes y no te queda otra que quedarte
en la soledad de esos lugares.
Estamos hablando de la Provincia de
Buenos Aires, pero yo viajé por
todo el país y, por ejemplo,
tenés Santa Cruz, yo he visto
teatro en pueblos de esa Provincia y
ves que están con toda la intención
de hacer cosas pero no les llega ni
siquiera información, ni internet.
¿Cómo hacen para crecer?
Falta formación y terminan haciendo
cosas parecidas a las de Capital. Yo
no voy a discutir que Buenos Aires es
un centro teatral importantísimo
en el mundo, pero que también
lo puede ser la Argentina, eso nadie
me lo puede discutir. Pero también
es importante decir que cada uno va
con su regionalismo, que no es el estereotipo
de lo gauchesco, sino del hombre del
siglo XXI con todo el bagaje cultural
de su zona de pertenencia.
CT. También has transitado el
teatro independiente de la Ciudad de
Buenos Aires...
OA. Ahí también tenemos
un vicio y una discriminación
porque está lo que se llama el
“teatro independiente” y
está lo que se llama “teatro
off”. Este último lo componen
cuatro o cinco salas del Abasto, como
en otra época fue San Telmo.
En realidad, hay un teatro independiente
por toda la Capital. Tenés teatros
en Liniers, en Caballito, en todos lados.
Sufren los mismo problemas que los teatros
independientes de la Provincia. No sufren
el problema de discriminación
por lejanía geográfica,
pero sí por lejanía intelectual
o artística. En salas del Abasto
he visto espectáculos muy malos
pero que está respaldado por
un nombre, un director reconocido que
no te va a ir a dirigir una obra a Liniers.
Creo que hay que romper con eso, hay
que salir a trabajar un poco a todos
lados, sobre todo el director. Yo estaba
muy metido en el San Martín y
cuando salí me pregunté
qué iba a ser de mi vida y sin
embargo luego hice cosas muchísimo
mejores para mi vida que las que hice
en el San Martín.
Este es un país centralizado,
el teatro no escapa a eso. Entonces,
es necesario intentar abrir las expectativas,
porque no sólo es el hecho de
ir a España o Alemania, sino
también hay que ir a San Juan.
Yo trato de romper esa centralización.
Yo vivo bien del teatro, no tengo problemas
económicos, se puede vivir decorosamente
e ideológicamente coherente.
CT. ¿Cómo ves el futuro?
OA. La década menemista fue una
época que destruyó al
país también ideológicamente,
aunque hubo gente que se pudo destacar.
Ahora los chicos de 20 años están
sufriendo esa desideologización.
Los más chiquitos ya vivieron
seis años fuera de eso. Y con
un 2001. Esos chicos es más probable
que vuelvan a tener una ideología
y un futuro. Entonces, cabe preguntarse
por qué se acercan tantos chicos
al teatro y es porque encuentran un
lugar donde expresarse libremente, que
tal vez solo sea un camino para canalizar
y no terminen siendo actores, pero yo
tenía un profesor en la escuela
de Lomas de Zamora que decía
algo muy interesante “yo no sé
si ustedes serán actores buenos
o malos, la verdad no me interesa, lo
que sí sé es que van a
ser mejores personas”. Es verdad,
fuimos mejores personas a través
del teatro. El teatro enseña,
es vida, te conecta con el otro; no
podés pensar en vos solo, tenés
que pensar en vos y en el otro, escucharlo.
Esto te abre un panorama en la vida
muy distinto.

CT. ¿Qué estás
haciendo ahora?
OA. Estoy escribiendo. Se trata de algo
más bien tirando al grotesco
moderno.
CT: ¿Podrías aclararnos
esa categorización?
OA. Sí, decís grotesco
e inmediatamente se hace la asociación
con Discepolo. Y yo amo ese teatro,
pero hay una evolución que no
se ha dado dentro de este género,
ni con (Carlos) Gorostiza ni con Tito
Cossa, ellos pasaron casi directamente
a un grotesco naturalista e incluso
se abandonó ese estilo de actor,
que es un actor bien argentino. La dramaturgia
no evolucionó sobre ese género.
El grotesco que escribo le encuentra
una vuelta distinta (no voy a decir
que lo evolucioné porque no me
voy a poner por arriba de Discepolo)
en cuanto a que rescato el grotesco
más fuerte, más violento.
Algo curioso: en un premio me clasificaron
una obra como “teatro de la crueldad”.
“Teatro de la crueldad”
es europeo, pero estamos tan acostumbrados
a eso que en lugar de poner “grotesco
violento” se pone “teatro
de la crueldad”.
CT. Desde los grotescos de Discepolo
pasaron más de 60 años...
OA. Pasaron muchos años y hay
un vacío que no llenó
nadie, ni los autores de las décadas
del ’50 y ’60, es más,
lo alivianaron. El grotesco no es esperpéntico,
es un escalón más abajo
y tiene mucho de cosa patética.
Los personajes de “Mateo”
o “El relojero” son muy
patéticos no llegan a ser esperpénticos.
Acá se paso por un lado directamente
a esperpento y por otro al naturalismo.
Y el grotesco, que es el género
de la condición del hombre de
Buenos Aires –me refiero a Capital
y Gran Buenos Aires-, se diluyó.
Después vinieron las tendencias
con mucha influencia europea, que no
me parece mal porque tenemos muy buenos
autores dentro de eso, pero no se siguió
una línea nacional. No es mi
intención decir que se deba seguir
una línea nacional a ultranza,
simplemente estoy señalando eso.
CT. Proyectos para este año.
OA. Voy a seguir con los cursos de actuación
en Liberarte. Repongo en el mes de abril
“Esperando a Godot” en el
teatro “El Refugio” de Banfield.
Para el mes de mayo el director Roberto
Aguirre va estrenar mi obra “Sincronia”,
por esa fecha también estaré
estrenando en el teatro “De Las
Nobles Bestias” mi puesta de la
obra “Corpiñeras”
y espero terminar de escribir mi obra
“La chichila”. También
estoy ayudando a Natalia Villena en
el armando de un ciclo de teatro breve
que se hará en el sótano
del Imaginario Cultural. Es un ciclo
que lleva como nombre “Canapé
Ciclo Teatro”, en el se representarán
obras breves de autores latinoamericanos.
Yo estoy colaborando en la selección
de los textos. Es un proyecto muy serio
al que le falta apoyo, tanto económico
como de difusión. El ciclo esta
tendiendo a ser, lentamente, muy importante.
Me parece que esta movida merece mucho
apoyo porque es totalmente independiente,
en todo sentido.
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