FALTA
METÁFORA
“KM 228.
Kilómetro
dos veintiocho”
es una obra
del Grupo Punto
T, dirigida
por Marcelo
Allasino y presentada
por el Centro
Cultural La
Máscara.
Ambientada en
un paraje desolado,
a la vera de
una ruta, se
entrecruzan
las historias
de siete personajes:
una madre que
atiende un bar,
ganada por la
amargura y un
hijo con una
madurez mental
inferior a su
edad; dos obreros
–uno de
ellos, homosexual
y el otro que
duda-; un repartidor
de cerveza “supermacho”
para el que
todas las mujeres
son putas; una
prostituta y,
por último,
una maestra
de música
devenida en
prostituta,
también.
Esta obra comienza
bien y pareciera
que fuera a
hacer hincapié
en el agobio
y destrucción
que traen aparejados
los lugares
alejados de
los centros
urbanos –como
si esto no sucediera
también
en las grandes
urbes- inmersos
en la desidia.
Pero no se detiene
ahí o
profundiza en
ese tema, sino
que aborda tantos
otros que se
desmadra. A
modo de ejemplo,
algunos de ellos
son: los sueños
irrealizables,
el deseo de
la mujer de
ser madre, la
falta de oportunidades
laborales, el
deseo de progreso,
la homosexualidad,
Eva Perón,
el poncho de
Güemes,
Madres de Plaza
de Mayo, lecciones
de geografía,
el Festival
de Cosquín
y Julio Maharbiz,
etc., etc.,
etc..
Cada tema podría
ser una obra
de por sí
y estaría
muy bien, porque
hay ideas buenas,
hay buenos trabajos
actorales, una
muy buena puesta
en escena, como
así también,
los efectos
sonoros; y el
diseño
de luces –realizado
por Leandra
Rodríguez-
que es lo mejor
de la obra,
es excelente,
logra climas
y ambientaciones
que se sostienen
por sí
solos.
Otro inconveniente
es la duración
de la obra dos
horas- y los
innumerables
apagones entre
escenas (un
recurso tan
en desuso y
que se contradice
con la estética
de la puesta)
innecesarios
porque podría
haberse resuelto
actoralmente.
Pero el problema
más grave
que tiene esta
obra es la obviedad,
la falta de
metáfora,
la falta de
sutilezas. Todo
es explicado,
todo es hablado,
todo es mostrado;
no deja lugar
a la construcción
poética.