¡¡¡UNA BOMBA!!!
En un set de televisión, todo blanco (sillón, soportes, alfombra mullida de pelo largo, escaparate con un "bambi" embalsamado) se encuentra una especie de comentarista política que habla sobre la invasión a Irak y la "guerra". A los lados del sillón donde está sentada esta periodista hay televisores que pasan imágenes de la invasión y de Busch, Cheney y de Condolessa Rice.
Todo es monstruosamente armónico. La verdad revelada está en ese set de televisión. Pero la cosa no queda ahí. En una perfecta metamorfosis, el mundo de la manipulación de la información se transforma en la representación del mismo EE.UU. y luego pasa a ser Dios, un Dios nihilista que se regodea en el sufrimiento y en la idea de que todo es apariencia y que nada es lo que es.
Toda la obra es un monólogo que llega a la exasperación en el intento de aniquilar cerebros. Con un discurso en el que constantemente recurre a la ambigüedad, pero que no es inocente de ninguna manera. Así, apelara a la teoría de los buenos contra los malos, del triunfo del bien sobre el mal; atravesado por el pensamiento nazi, hablará del hombre superior y que l "inferior" no sólo debe morir sino que es necesaria su aniquilación.
Es extraordinario el trabajo de Maricel Álvarez. Ella sola lleva adelante la obra componiendo ese personaje que se va convirtiendo y sin dejar de hablar ni un solo momento en toda la obra.
Este personaje, será una correcta periodista que se volverá Wonder Woman (esto es literal, con brazaletes y todo) y en un dios en mameluco. Es impactante cuando, en esos pasos de la transformación, la periodista se quita los anteojos oscuros y sus ojos se convierten en diabólicos.
"Bambiland" es una bomba, un Tomahawk, directo al cerebro de cada espectador que se sentirá agobiado y asediado. Es una obra demoledora. Desestabiliza. Una obra para verla dos veces. La primera para vivirla en toda su capacidad de schokear, y la segunda, una vez pasado el efecto, para poder apreciar toda la ironía y hasta reírse. Imperdible.