Una corta vida y un puñado de
obras le bastaron a Sarah Kane para
convertirse en una de las figuras sobresalientes
del teatro británico de los últimos
años. Nació en Essex el
3 de febrero de 1971 y se formó
en arte dramático en las Universidad
de Bristol y Birmingham. Víctima
de depresión, se suicidó
el 20 de febrero de 1999, a los 28 años.
Trabajó como actriz en cuatro
espectáculos (Work de Vincent
O’Connell, Victory de Howard Barker
y en sus obras: Cleansed y Crave, respectivamente
en los roles de Grace y C) y dirigió
obras de William Shakespeare, Antón
Chejov, Caryl Churchill, Clare McIntyre,
Joan Littlewood, y Georg Büchner,
montadas en su mayoría en salas
universitarias.
Inició su producción dramatúrgica
hacia 1991 con Enfermo, tres monólogos
representados en el Festival de Edimburgo
(Monólogo cómico, Hambriento
y Lo que ella dijo). En la primera edición
de Crave (Ansia), realizada por Methuen
Drama (Londres, 1998), se publicaron
dos biografías, la real de Kane
y otra compuesta por la autora y atribuida
a Marie Kelvedon, seudónimo con
el cual Kane escribió esta obra.
Kane construye en la trayectoria de
la inventada Kelvedon un verdadero “alter
ego” (1). Transcribimos ambas
biografías en traducción
de Rafael Spregelburd:
Sarah Kane (Escritora)
Sarah Kane tiene 27 años. Su
primera obra larga, Blasted (Reventados),
fue producida por el Royal Court Theatre
Upstairs en enero de 1995. Aclamada
como obra maestra y vapuleada como “Un
asqueroso banquete de inmundicia”
(Daily Mail), Blasted fue posteriormente
estrenada en Alemania, Austria, Bélgica,
Italia, Australia y programada en Francia
y Estados Unidos. Su segunda obra, Phaedra’s
Love (El amor de Fedra), se estrenó
en el Teatro Gate, Londres, en mayo
de 1996 y desde entonces ha sido montada
en Alemania, Irlanda y los Estados Unidos.
Cleansed (Depurados) se estrenó
en el Royal Court Theatre en el West
End en mayo de 1998 y sería luego
producida en Alemania con dirección
de Peter Zadek en diciembre de 1998.
En 1998 Sarah trabaja como autora comisionada
por el Teatro Royal Court, la Royal
Shakespeare Company, la Sphinx Theatre
Company y es además Autora en
Residencia de Paines Plough. Su primer
guión cinematográfico,
Skin (“Piel”), ha sido producido
por Channel Four/British Screen.
Marie Kelvedon (Escritora)
Marie Kelvedon tiene 25 años.
Se crió en Alemania en instalaciones
de las Fuerzas Británicas y regresó
a Gran Bretaña a la edad de 16
años para completar su educación
escolar. Fue expulsada del colegio St.
Hilda, de Oxford, después de
su primer semestre, debido a un acto
impronunciable de Dadaísmo en
el comedor de colegio. Ha visto publicados
sus relatos breves en varias revistas
literarias europeas y tiene un volumen
de poemas Onzuiver (Impuros) que se
publicó en Bélgica y Holanda.
Su debut en el Festival Fringe de Edimburgo
fue en 1996, un happening espontáneo
ofrecido a través de las puertitas
de un pasaplatos para una audiencia
integrada por una sola persona. Tras
abandonar Holloway ha trabajado como
conductora de mini-taxi, plomo de los
Predicadores Callejeros Maniáticos
y anunciante de programación
de la BBC para su Servicio Mundial de
Radio. En la actualidad vive en Cambridgeshire
con su gato, Grotowski.
4:48 Psicosis, la última
creación de Kane, se estrenó
póstumamente, en 2000, con producción
del Royal Court Theatre. Con motivo
del estreno de esta pieza en Santiago
de Chile en octubre de 2005, en versión
del notable director chileno Alfredo
Castro, el crítico Diego Muñoz
G. escribió:
“Hablar de 4:48 Psicosis es hablar
ineludiblemente de su autora, la desaparecida
Sarah Kane. De explosiva irrupción
en la escena teatral londinense, esta
representante –contra su voluntad-
del célebre movimiento In Yer
Face presenta en este texto la que sería
no sólo su última obra,
sino también su intensa carta
de despedida al amor, la vida, la muerte
y sobre todo al dolor inevitable detrás
de los tres. Sólo meses después
de terminar su obra y cansada ya de
soportar el infierno de una depresión
que se negaba a abandonarla, Kane ingirió
una sobredosis de barbitúricos
esperando acabar para siempre con su
dolor. Rescatada a tiempo por los paramédicos,
la joven autora fue resucitada y dada
de alta, habiendo interpretado todos
los que la trataron su acto como una
de sus tantas recaídas. De vuelta
en su casa, Sarah Kane se subió
a una mesa con una cuerda y se ahorcó
en una viga de su departamento, silenciando
para siempre a sus crueles demonios
y de paso a la que se transformaba en
una de las voces más importantes
del teatro contemporáneo”.
Se identifica como movimiento In Yer
Face a la producción de los dramaturgos
ingleses surgidos en los noventa, suerte
de nueva generación de los “Angry
Young Men” (Jóvenes Iracundos)
de los cincuenta. Los tres representantes
principales del In Yer Face son Sarah
Kane, Mark Ravenhill y Anthony Neilson.
También se incluyen en el movimiento
Simon Block, Jez Butterworth, David
Eldridge, Nick Grosso, Tracy Letts,
Martin McDonagh, Patrick Marber, Phyllis
Nagy, Joe Penhall, Rebecca Prichard,
Philip Ridley, Judy Upton, Naomi Wallace
y Richard Zajdlic.
Editorial Losada inicia con este volumen
la publicación del teatro de
Kane, autora hoy consagrada en los escenarios
de todo el mundo. Su dramaturgia, y
especialmente las piezas aquí
incluidas, proponen un nuevo concepto
de obra dramática, caracterizado
por la complejidad, la desdelimitación
genérica y el cruce con otras
modalidades discursivas. La escritura
de Kane es sincrónica con las
nuevas formas de registrar literariamente
el acontecimiento escénico y
con el desafío para los directores
de descubrir teatralidad en lo aparentemente
no teatral.
El título 4:48 Psicosis construye
una certeza que pronto estalla en diversidad
y que inscribe en el texto, en simultaneidad,
sucesivas instancias poéticas
de la historia del teatro europeo: naturalismo,
expresionismo, la huella de Samuel Beckett.
Esta acumulación estratificada
de concepciones dramáticas de
diversos tiempos, manifiesta una condensación
barroca en las obras de Kane, tras la
apariencia de linealidad, sencillez
y silencio. Para develar ese espesor
inagotable de cada situación
y cada parlamento, son muy útiles
las observaciones de Rafael Spregelburd
en su “Nota del traductor a la
presente edición”, a la
que remitimos. El silencio es en Kane
cantera de intensidad dramática
y significa doblemente, tanto en las
pausas cargadas de sentido (marcadas
por las acotaciones o por guiones que
trazan el límite de una escena
a otra), como en los materiales que
la autora ubica en el subtexto de lo
dicho, en lo no dicho concentrado “debajo”
de cada línea.
En 4:48 Psicosis el concepto de personaje
parece filiarse, inicialmente, al naturalismo.
El título crea ilusión
de cientificismo. La enfermedad –que
refiere al discurso científico,
como proponía en el siglo XIX
Emile Zola- aparece inscripta en el
nombre mismo de la obra. Teatro y psiquiatría,
teatro y medicina forense, e incluso
teatro y sociología: a las 4:48
de la madrugada se produce la mayor
cantidad de suicidios. Todo parece indicar,
en el arranque, que estaremos ante la
descripción o la narración
escénica del caso clínico
de un psicótico suicida. De esta
manera la obra parece un nuevo avatar
en la continuidad de representación
verista de casos clínicos en
escena, en la tradición de la
parálisis cerebral de Osvaldo
Alving que cierra Espectros de Henrik
Ibsen, o la locura final de Blanche
DuBois en Un tranvía llamado
Deseo de Tennessee Williams. En Kane,
el desequilibrio mental y emocional
se transforma en psicosis, confluye
en suicidio y el texto registra finalmente
el proceso de la agonía.
Pero además la posibilidad de
seguir el caso a través de su
estructura monologal, del fluir de la
conciencia del personaje, de nuestra
percepción de su “yo profundo”
(tomando un término que proviene
de los estudios sobre la novela experimental
de las primeras décadas del siglo
XX) puede ser filiada al expresionismo.
El texto se transforma así en
la objetivación escénica
de los contenidos de la conciencia del
personaje, en la deriva de esa conciencia.
Pero todo termina en una zona imprecisa,
indefinible, aquella desde la que se
dicen las palabras de cierre: “Por
favor abran la cortinas”. ¿Las
cortinas de la oscuridad en que la muerte
sume al personaje? ¿Las cortinas
del hospital? ¿El telón
del teatro para saludar luego del final?
La alteración de sintaxis, mayúsculas
y puntuación es un recurso expresionista
para dar cuenta del orden prelógico,
interior, de la palabra en zonas subterráneas
de la conciencia. De esa misma manera
funcionan los cortes o saltos de un
fragmento a otro. Todo formato de texto
puede entrar en este fluir de la conciencia,
vórtice de representaciones,
como lo demostró Joyce en Ulises.
En 4:48 Psicosis aparecen diálogos,
cuentas, referencias literarias, textos
de canciones, metadiscursos, reelaboraciones
de obras anteriores de la autora, recetas
de medicamentos y hasta un informe médico.
Pero Kane preserva y hace estallar ambas
filiaciones –la naturalista y
la expresionista- poniendo en crisis
el concepto de personaje, desplazado
beckettianamente por el de voz, que
deviene en multiplicidad: voces. En
el texto hablan voces o una voz se multiplica
en otras, acaso por desdoblamiento psicótico
o por la evocación de diálogos
con otros personajes que tal vez realmente
acontecieron en el pasado y recupera
la memoria, o que son construidos como
mundos especulativos de la imaginación.
Voz que parece enunciación desde
el vacío y que, como señala
Spregelburd en su “Nota...”
citada, libera al texto de la sospecha
de que la que habla es Sarah Kane misma.
El procedimiento de la voz y las voces
es otra manera de no ser Sarah Kane.
De hecho tres actores interpretaron
el texto en su estreno mundial: Daniel
Evans, Jo McInnes y Madeleine Potter.
La obra se pregunta por “el sujeto
de estos desconcertados fragmentos”,
y la interrogación es aquí
tanto por la fuente de la subjetividad
como por la materia de lo que se dice.
Alguien o algo habla, con una voz o
con muchas voces. El yo de la voz o
las voces está desdelimitado:
deviene en intensidades, estados, acontecimientos
lingüístico-poéticos
que suman a la dramaturgia (escritura
del cuerpo y del espacio) la dimensión
específica de la letra.
El/Lo que habla también escribe:
Kane incorpora el código de la
grafía (los cambios de tipografía),
los blancos en la página y los
juegos con la diagramación, de
acuerdo con recursos frecuentes en la
escritura de poesía en el siglo
XX. 4:48 Psicosis no responde, entonces,
sólo a la lógica de la
escena (aunque en el texto aparece con
regularidad la típica notación
de las didascalias o acotaciones entre
paréntesis), sino también
a la de la escritura sobre la página,
al grafismo lineal tipográfico.
Parece tratarse de un extenso poema,
el teatro pierde su frontera con la
lírica contemporánea,
como en los textos teatrales de Heiner
Müller, Alejandra Pizarnik o Rodrigo
García. Para Kane no sólo
“el teatro sabe”; también
tiene saberes propios la literatura,
y conviven con la teatralidad en las
páginas de 4:48 Psicosis.
El trayecto de lectura del texto en
la página -de arriba hacia abajo-
conecta 4:48 Psicosis con la idea de
“caída libre” con
la que se define la existencia en Crave.
En 4:48 Psicosis el personaje cae en
“el foso de mi mente sin materia”
o, siempre hacia abajo, se hunde sin
fin aparente en “el pantano negro
y gélido de mi yo”.
En la pieza de Kane, si hay personaje
que responda al “yo” del
texto, ese personaje está encerrado
en el solipsismo. La clausura del personaje
en el yo –profundización
del camino abierto por el teatro y la
narrativa de Beckett- puede leerse como
metáfora política y filosófica
del encierro del hombre en el lenguaje
y su imposibilidad de conexión
con lo real a través de las palabras
y los discursos. Solipsismo es aislamiento,
imposibilidad de tender relaciones con
los otros humanos, con lo social, con
lo metafísico, con la naturaleza.
Bajo el solipsismo un vínculo
de “amor” se va perdiendo
definitivamente y el personaje, conciente
de esa pérdida irreparable, lo
reclama como tabla de salvación.
“Pero déjenme mi amor”.
O en Ansia: “El amor es la ley”.
La psicosis es y no es caso clínico
en la pieza. Vale como metáfora
del “ritmo de la locura”
que acaba con el sujeto y, a la vez,
del estrago que provoca una lucidez
extremada. “Mi mente desgarrada
por el relámpago”, escribe
Kane. Este solipsismo agónico
es expresión coetánea
de la tragedia, en su forma más
condensada y potente. Como la tragedia,
el solipsismo de Kane clausura al lector
en una muerte sin paliamientos, lo desgarra
ante la pérdida absoluta del
personaje en un dolor sin compensaciones
de trascendencia o justicia poética.
Aunque propone cuatro personajes, Ansia
también construye otras formas
de subjetividad, travesías de
sujetos de un personaje a otro, o de
lo individual a lo colectivo, como el
mismo texto cuenta en un hermoso relato
que funciona como estructura en abismo:
“Corrí a campo traviesa
entre las amapolas de los fondos de
la granja del abuelo. Cuando irrumpí
por la puerta de la cocina lo vi sentado
con mi abuela en la falda. La besó
en los labios y le acarició los
pechos. Se dieron vuelta y me vieron,
sonriendo ante mi confusión.
Cuando le conté esto a mi mamá
después de más de diez
años me miró con extrañeza
y dijo ‘Eso no te pasó
a vos. Me pasó a mí. Mi
padre murió antes de que vos
nacieras. Cuando pasó eso yo
estaba embarazada de vos, pero yo no
lo supe hasta el día de su funeral’”.
Los personajes de 4:48 Psicosis y de
Ansia profundizan los vínculos
metafóricos entre capitalismo
y depresión, Occidente y enfermedad,
existencia cotidiana y tragedia. El
teatro de Sarah Kane parece expresar
hasta sus últimas consecuencias
el mal de nuestra civilización,
de la locura al suicidio. La vida y
la obra de Kane pueden interpretarse
como síntoma de crisis y toma
de conciencia de la necesidad de un
cambio de rumbo. Ya no imperio totalitario
de la postmodernidad, sino apertura
de post-postmodernidades, o neomodernidades,
tras los pasos de un reencuentro no
solipsista al menos con la naturaleza,
lo social y lo metafísico, las
grandes ausencias de 4:48 Psicosis y
de Ansia.
(1) No se incluyen en
la edición posterior de Methuen
que reúne las obras completas
de la autora.
(2) Expresión que surge de la
alteración de In Your Face (En
tu cara) e implica actitud frontal de
agresión y provocación
radicalizadas, sin consideración
de lo políticamente correcto.