CONFUSO INTENTO
“Melodía de mar equivocado” es una obra de Gerardo David Cristante, dirigida por Gladys Huertos.
Un hombre maduro, desorientado, busca respuestas. Le pregunta, con insistencia, a su madre (ostentosamente más joven que él) en donde se encuentra su padre. La madre invariablemente le contesta que se encuentra detrás de un muro y que no hay que molestarlo. La madre y el hijo sostienen, aparte de ese dialogo, otros que remiten al pasado. De repente, irrumpe un hombre vestido con gorra y chaqueta de policía, con medias negras y zapatos con tacos aguja, que le reclama a la mujer sus servicios como prostituta. A partir de ahí, los hechos que se suceden entre los tres personajes derivará en un final trágico.
Desde la dramaturgia la obra intenta hablar de muchos temas pero sin claridad, por intentar abarcar tanto, el texto, se hace confuso y deja algunos cabos sueltos. Algunos de esos temas son: la libertad de elección, la confusión de roles, las ausencias, la sexualidad y la relación madre/hijo (complejo de Edipo incluido).
La dirección cae también en la confusión. Hay muchos signos, algunos sin el menor sentido, a modo de ejemplos: las narices de payaso utilizadas por el hombre maduro y por la madre, y las sillas flotando por el aire .Asimismo se cae en lo obvio cuando se quiere diferenciar la “mujer madre” de la “mujer prostituta” o de hacer evidente el travestismo del personaje del policía.
El actor Alejandro Tamer esta siempre al filo de caer en la monotonía, por remarcar el designio trágico-poético de su personaje. Romina Gómez no logra credibilidad en ninguno de los dos roles que interpreta: en uno se la ve muy atada a una marcación (el de madre) y en el otro realiza un arquetipo de una prostituta. Néstor Roó logra la ambigüedad de su personaje, aunque el vestuario conspire contra ello.
La escenografía ecléctica esta conformada por: un trozo de quilla al costado izquierdo del escenario, un muro velado por un tul negro aforo a la izquierda, una enorme y exótica planta aforo al centro y las sillas flotantes citadas. Esta variedad de elementos parecen ubicados para ilustrar lo que pide el texto y no como un concepto escenográfico.
Las luces logran buenos climas sobretodo en los momentos en lo que el hombre dice sus monólogos.
El vestuario también cae en las obviedades antedichas.
“Melodía de mar equivocado” es una obra donde prima la confusión y el abarrotamiento de signos.