DESEO DE AFECTOS
“La puta de Ohio” es una obra de Hanoch Levin (traducida por Juan Freund y Elba Degrossi) y dirigida por Juan Freund.
La historia lineal de esta pieza es la de un mendigo que cumple 70 años y quiere darse el gusto de pasar un rato con una prostituta. Se conforma con su vecina de calle, aunque sueña con las legendarias putas de Ohio. El anciano tiene un hijo, que también es mendigo, que tratará de que el padre no gaste sus ahorros así le quedan a él de herencia.
La anécdota es de por sí atractiva, pero la obra va más allá y habla sobre la condición humana y sobre las relaciones y los vínculos entre las personas.
“La puta de Ohio” es una obra muy bien trabajada y aprovechada en todos los recovecos de un texto sumamente profundo. Así, encontramos emoción, humor (por momentos bastante negro o jugando con un humor más llano, en una combinación muy interesante), esperanza y desasosiego.
Es excelente
la dirección
de Juan Freund
en cuanto a
la puesta en
escena de este
texto, quitándole
una referencia
geográfica
y ubicándolo
en una abstracción
que abarca a
los seres humanos.
Y también
en la selección
y trabajo con
los actores,
con actuaciones
muy buenas,
destacándose
el trabajo del
actor Eduardo
Wigutow –como
el mendigo anciano-
que logra conmover
y divertir a
través
de una construcción
precisa de su
personaje.
La escenografía
y el vestuario
son diseños
de Alberto Bellatti,
que como nos
tiene acostumbrados,
sus trabajos
siempre son
notables. Este
caso no es excepción
y, en cuanto
a lo espacial,
se trabajó
con un escenario
despojado, con
apenas unas
pequeñas
estructuras
de forma geométrica
y con unos paneles
como fotografías
de una ciudad
donde avasallan
los edificios
y las construcciones,
en la pared
del foro. Esta
concepción
ayuda a formar
el clima de
“todos
los lugares,
ningún
lugar, en cuanto
a la abstracción
a la que nos
referíamos
párrafo
más arriba.
“La puta de Ohio” es una bella obra, muy bien realizada, con un texto que tiene un peso predominante y con un muy buen trabajo actoral.