La
obra “Soy
minoría”
de Clara Podestá
y Lorena Romanin,
dirigida por esta
última,
aborda el tema
de la discriminación.
La minoría,
a que hace referencia
el titulo, son
personas que por
una discapacidad
física
o por no estar
en el canon de
un modelo social
determinado son
marginados por
la sociedad.
Se ve en la pieza
como un muchacho
con síndrome
de down y una
muchacha obesa,
que trabajan en
una cadena de
negocios de venta
de hamburguesas,
son victimas de
un asalto y por
eso motivo la
cadena los deriva
al muchacho a
una clínica
de recuperación
y a la chica a
hacer una terapia
para bajar de
peso. La situación
del muchacho se
agrava porque,
en un confuso
interrogatorio,
da a entender
que sabe que las
hamburguesas se
manufacturan con
lombrices.
En tono disparatado
se sigue las desventuras
de estos dos “héroes”
y su lucha por
reivindicarse
ante la sociedad.
Lo que más
impacta de este
espectáculo
es el tratamiento
que se les da
los personajes
“distintos”.
El muchacho con
síndrome
de down es perspicaz
y muy irónico.
La obesa, es mandona,
de mal carácter
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SOY MINORÍA |
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con la particularidad
de poseer mucha
gracia al bailar.
También
comparten esta
aventura un
albino sin sexo
definido y muchacho
con sus extremidades
inferiores cortadas,
que se mueve
todo el tiempo
en un carrito.
Ninguno de ellos
son tratados
como victimas.
Se ríen
de si mismos
y de los otros,
están
enojados con
sus incapacidades
y piden, no
de buenas maneras,
que se los acepten
como son.
La parte “normal”
de la sociedad
es representada
por la enfermera-carcelera
de la clínica,
una mujer que
para tranquilizar
a los enfermos
los droga, que
los vigila constantemente
por televisión
y que reprime
sus propios
instintos.
La obra entrecruza
un humor ácido,
con partes de
comedias musicales
–el cuadro
de baile del
muchacho down,
el albino y
el lisiado en
su carrito,
es un
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hallazgo- también
se incluyen
canciones de
Fito Paez y
Valeria Lynch,
cantadas por
los actores
y sendos homenajes
a películas
de Tarantino.
La escenografía
de muy buena
hechura en sus
elementos se
ve deslucida
por su disposición
en el espacio
físico
de la sala,
demasiado pequeña
para tanto despliegue,
y da la sensación
de abarrotar
dicho espacio.
El vestuario
es cuidado en
todos los detalles,
excelente la
caracterización
de la obesa,
y utiliza colores
fuertes y llamativos.
El diseño
de iluminación
va desde el
brillo de un
show musical
hasta la penumbra
de una cárcel
con igual eficacia.
En un elenco
en que todos
actúan,
cantan y bailan
con singular
pericia se destacan
Romina Bensuan
en el papel
de la obesa,
Juan Pablo Colombo
un querible
lisiado a carrito
y Lorena Romanin
la enfermera
que se pierde
por un momento
de pasión.
Esta obra audaz,
por la forma
de tratar el
tema de la discriminación,
da un cachetazo
en pleno rostro
a una sociedad
que no acepta
al otro tal
cual es.
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