"Sobre
un barco de papel"
es una obra escrita
por María
Rosa Pfeiffer
y codirigida conjuntamente
con Mariel Bignasco.
Trata sobre una
madre –anciana-
y una hija –ya
no tan joven-
que conviven en
una misma casa
en un pequeño
pueblo perdido
en la Provincia
de Santa Fe. Pueblo
desolado y desolador
“donde ni
siquiera se reconoce
a si mismo porque
no tiene ni un
lago ni un río
donde reflejarse”.
Toda la obra es
una interesante
e inteligente
metáfora
sobre el agobio
y la necesidad
de libertad, tanto
emocional como
física,
representada a
través
del fluir y el
correr del agua
(la hija está
haciendo un estudio
sobre todos los
pueblos portuarios,
trabajo que ya
le lleva años;
desea ir de vacaciones
al mar y no a
las sierras; cuando
empieza la obra
está en
un marco de lluvia;
la bella cita
que se incluye
en el párrafo
anterior, etc.)
La estructura
dramática
de esta obra está
basada en monólogos,
pero muchas partes
están dirigidas
al otro personaje
que no puede escuchar;
o en otras situaciones
se preguntan si
le están
hablando o si
ha oído
lo que le dijo
la otra parte,
sin tener nunca
respuesta. Esto
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SOBRE UN BARCO
DE PAPEL |
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marca la incomunicación
y la distancia
que hay ente
ambas, que en
realidad no
es tal. Madre
e hija están
inmersas en
una nostalgia
y en una tristeza
que les da el
encierro y la
falta de amor,
amor que tampoco
saben como profesarse
entre ellas.
Las actuaciones
son muy buenas.
Beatriz Thibaudin
compone a la
madre, una mujer
anciana que
sólo
espera que la
venga a buscar
su marido muerto,
y que tiene
prolijamente
ordenadas las
cuotas de la
obra social
para que la
hija no tenga
ningún
gasto a causa
de su entierro.
Hace una gran
despliegue actoral
en cuanto al
manejo del cuerpo,
de la voz, las
actitudes y
la gestualidad.
Cecilia Labourt,
en su personaje
de la hija,
lleva a delante
a una mujer
que necesita
desesperadamente
ser feliz y
se evade por
puntos de fuga
errados, involucrándose
con un
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hombre que no
la ama y la
menosprecia.
Llega a un punto
de nostalgia
y no puede salir
de ahí.
De hecho sus
últimos
monólogos
se tornan monótonos,
puesto que les
imprime un tono
de letanía
quejumbroso,
cuando el texto
permite matices
que los haría
mucho más
amenos.
La idea de concepción
del espacio
es excelente
y completa lo
poético
de la obra.
El escenario
está
en el medio
y a ambos lados
se ubican las
plateas, de
modo que quedan
dos frentes
de acción,
pero lo notable
es que se repiten
de modo simétrico
los objetos
(mesa, velador,
sillón
y en el medio
de ellos pende
un reloj que
marca el paso
inexorable del
tiempo). De
este modo se
muestra de una
manera muy inteligente
y bella las
diferencias
de estas mujeres
y, sin embargo,
la simetría
de sus vidas
que confluyen
en una misma
angustia y desolación.
Los efectos
sonoros y de
iluminación
están
acordes con
la puesta.
Es una obra
intimista, profunda
y de bellas
imágenes.
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