“Las
cartas que no
llegaron”
es una obra de
Mauricio Rosencof,
en la versión
teatral de Raquel
Diana y el mismo
autor, dirigida
por César
Campodónico
y presentada por
la Institución
Teatral El Galpón
de Montevideo.
Basada en la historia
de un hombre,
abarca los episodios
más crueles
cometidos contra
la humanidad en
el Siglo XX, como
fueron el holocausto
y la dictadura
militar en Uruguay.
Un luchador social
–personaje
Él , interpretado
por Gustavo Alonso
Castilla- es tomado
como rehén
por la dictadura
de la década
del ’70
en Uruguay y encerrado
en un pozo de
dos metros por
uno. Está
totalmente incomunicado
pero desde allí
reflexiona sobre
los temas más
universales y
profundos hasta
los más
sencillos y cotidianos.
Este personaje
narra y recorre
la historia de
su familia (sus
padres y hermano
son inmigrantes
judíos-polacos)
y su propia vida.
En ese recorrido
atraviesa su casa
de la infancia,
el barrio, sus
vecinos y sobre
todo la relación
con su padre y
la historia de
éste en
relación
con la familia
que quedó
en Polonia, que
a través
de las cartas
le cuentan la
evolución
de la situación
de su país
durante la invasión
nazi, la formación
del ghetto y luego
el traslado a
los campos de
exterminio de
personas.
El
título
de la obra tiene
que ver con la
interrupción
de la comunicación
que se produce
como consecuencia
de los actos dictatoriales
y criminales,
pero que no obstante,
el ser humano
siempre
encuentra la fisura
por donde poder
hacer saber a
los suyos de sí
y saber de
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LAS CARTAS QUE
NO LLEGARON |
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su entorno.
Las cartas de
ese hombre encerrada
en un pozo por
la dictadura
uruguaya fueron
escritas en
su cabeza y
en su corazón
a igual que
las de sus familiares
en las barracas
de los campos
nazis, no llegaron
por intermedio
del cartero,
pero sí
estaban en los
pensamientos
mutuos y en
el afecto inquebrantable.
Es muy interesante
de destacar
en la estructura
dramática
el tratamiento
del tema de
la obra en tanto
que muestra
como se funden
en una misma
simetría
la crueldad
del ser humano
que puede darse
tanto en la
Polonia nazi
de la década
del ’40
como en el Uruguay
de los años
’70. Para
la ignominia
no hay distancia
ni en el tiempo
ni en el espacio,
por ello, también
se pueden transportar
esos mismos
hechos a lo
sucedido en
la Argentina
durante la última
dictadura militar.
Las actuaciones
son muy buenas.
Son ocho actores
en escena, que
con muy pocos
elementos y
sin escenografía,
componen sus
personajes y
las diferentes
situaciones,
tanto como los
desplazamientos,
simultáneos
o alternativos,
de los diferentes
espacios y tiempos
Escenográficamente
sólo
hay aforo un
ciclorama que
también
es utilizado
como
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espacio escénico,
destacándose
la escena de
las mujeres
en las barracas
del campo de
exterminio nazi.
La luz cumple
un rol fundamental
en esta puesta,
dado que con
este recurso
técnico
es como se resuelve
la espacialidad,
recurriéndose,
principalmente,
al recorte de
lugares con
cenitales puntuales
y también
apelando al
color para la
creación
de los diferentes
climas, resaltando
–a modo
de ejemplo-,
la utilización
de los violetas
par la escena
de las barracas.
Esta obra se
presentó
en el Teatro
San Martín
pero es una
producción
independiente
del grupo Institución
Teatral El Galpón
de Montevideo.
Este grupo fue
fundado en 1949
y es el de mayor
continuidad
en América
Latina. Tiene
la peculiaridad
de ser el único
grupo que se
exilió
como tal en
México,
durante la dictadura
militar en Uruguay,
desde donde
siguió
produciendo
obras y resistiendo.
Está
integrado por
más de
cuarenta personas
entre actores,
directores,
titiriteros,
vestuaristas,
escenógrafos,
iluminadores
y especialistas
en gestión
cultural. Tienen
su propio espacio
en la capital
uruguaya, tratándose
de un centro
cultural con
tres salas teatrales,
espacio para
exposiciones
y una Escuela
de Artes Escénicas.
Buenos Aires
tuvo la suerte
de recibir a
la Institución
Teatral El Galpón
de Montevideo
con la obra
“Las cartas
que no llegaron”
de Mauricio
Rosencof. Un
doble privilegio.
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