“La
indolencia de
los ambientes”
es una obra dirigida
y escrita por
Nicolás
Martini.
En el marco de
una inundación
desoladora y desvastadora
sobreviven cinco
personas, amigos,
que se encuentran
para sobrellevar
el encierro y
combatir el aburrimiento.
Para ello recurren
a disquisiciones
filosóficas,
físicas,
metafísicas
y también
–porque
no, ya que estamos-
sociológicas;
donde abundan
y sobreabundan
referencias bibliográficas
y citas textuales
desde Nietzsche
y su nihilismo
hasta Bourdieu
(“el gusto
se construye”),
por citar algunos.
Todo transcurre
en un hablar constante.
Pero es un hablar
ecléctico,
se abordan muchos
temas y no se
profundiza ninguno.
Es un muestrario
de erudición
en desmedro de
la teatralidad.
Otro
problema a resolver
que tiene esta
obra es el de
las actuaciones.
Estas son notoriamente
desparejas en
cuanto no hay
un mismo nivel
de construcción
de personajes,
agregándosele
la realización
de inconexos movimientos
sin organicidad
ni fundamentos
escénicos
(caminar en círculos,
gateos, |
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LA INDOLENCIA
DE LOS AMBIENTES |
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etc.) esto como
una errada decisión
de dirección
de actores.
Sí es
necesario destacar
la actuación
de Leonardo
Castillo
en el rol de
Santiago, que
sí logra
componer su
personaje y
es el que actoralmente
lleva adelante
la obra, proponiendo
matices, estados,
con buen manejo
del cuerpo y
la gestualidad;
a igual que
Mariela Herlein
que también
supo imprimirle
una impronta
a su personaje
–Isabel-
destacándose
en ella un muy
buen manejo
del espacio
acorde a su
rol.
La obra transcurre
dentro de un
departamento
y el espacio
está
muy bien resuelto
y compone una
imagen muy bella.
Los ambientes
están
construidos
sobre las paredes
de la sala.
Se utilizan
telas blancas,
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tensadas, despegadas
unos centímetros
de las paredes
con una puerta;
aforo está
el baño,
hacia la izquierda
se ubica el
balcón,
a la derecha
y aforo está
la puerta de
entrada y la
cocina a la
derecha hacia
la platea. Sobre
el piso y uniendo
todos los ambientes
y como demarcando
el espacio escénico,
hay una hilera
de ladrillos.
Así se
resolvió
muy acertadamente
el contexto
espacial.
El diseño
de luces está
muy bueno en
cuanto resuelve
con muy pocos
artefactos climas
y espacios,
está
resuelto de
manera muy inteligente
el tema de los
contraluces,
aprovechando
el blanco de
las telas de
la escenografía,
como así
también
la utilización
de velas colocadas
en el piso y
distribuidas
por el espacio.
“La indolencia
de los ambientes”
es un rompecabezas
donde parte
de las piezas
encajan y parte
no y la pieza
fundamental
que falla es
la de la dirección
que embelesado
por la sonoridad
de las palabras
se olvida que
está
haciendo teatro.
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